martes, 30 de abril de 2013

Young innocence (III). Sin buscarte.

Dos meses después...


Dieciséis días. Ocho miércoles y ocho viernes. Ese es el tiempo que pasó desde la primera vez que vi a Ainhoa. Dieciséis días disfrutando de sus clases, de su manera de hablar, de su risa, de su buen humor, de alguna que otra bronca... daba igual. Dieciséis días que me sirvieron para seguir admirándola y para conocerla un poco mejor. Cada día que pasaba me gustaba más. 

Por otro lado, en esos dos meses no pasaron grandes cosas en mi vida. Samuel se había convertido en la única persona que sabía que yo estaba empezando a sentir algo por Ainhoa y, aunque al principio se lo tomó como una broma, pronto descubrió que se trataba de algo serio y que verdaderamente esa chica había despertado algo fuerte en mí. Nunca había sentido eso por nadie y él lo comprendió. Durante este tiempo me animó a seguir conociéndola, pero era un tanto difícil, ya que no nos movíamos por los mismos círculos. Era complicado acercarme a ella, pero yo no perdía la esperanza de conseguirlo alguna vez...

Ese viernes, tras la clase de inglés, había quedado con Samuel para comer y pasar la tarde juntos. Hacía más de dos semanas que no le veía y apenas habíamos hablado durante esos días, así que cuando me preguntó por Ainhoa mi lengua se disparó y no dejé de hablar de ella en todo el rato. A él le hacía gracia que yo estuviera tan ilusionada con alguien a quien no le había dirigido más que dos saludos y con quien sólo había mantenido alguna que otra conversación, las cuales siempre se daban por temas relacionados con el curso.
- ¿Qué piensas hacer? - Me preguntó Samuel.
- Pues nada. Los dos sabemos que no tengo nada que hacer con ella.
- Nunca se sabe. Podrías esperar a que termine el curso y pedirle su número, por ejemplo.
- Sí, claro, ¿y qué le digo? - Era imposible que yo hiciera algo así. Me moriría de la vergüenza si me dijera que no o si me preguntara para qué lo quería.
- Le puedes decir que quieres tenerlo por si alguna vez te hace falta, por si necesitas alguna clase extra. Invéntate algo. 
- Bueno, de aquí a que termine el curso quedan meses. No voy a calentarme ahora con eso.

Después de estar toda la tarde poniéndonos al día, Samuel y yo decidimos ir al cine a ver el estreno de la última película de Almodóvar, "Los amantes pasajeros". Necesitábamos un respiro tras varias horas de charla casi monotemática. Estábamos a punto de entrar en el cine cuando vi a quien menos me imaginaba ver allí. Mi reacción no se hizo esperar.
- Samuel, ¡es ella!
- ¿Cómo que "es ella"? ¿Quién?
- Ainhoa... - Le dije mientras me frenaba en seco y le sujetaba del brazo para que no siguiera caminando. - Acabo de verla en la barra del bar.
- ¿Quién es? ¡Quiero verla! - Me preguntó Samuel asomándose tímidamente por la puerta que daba acceso al hall del cine.
- La chica morena que está pagando ahora mismo. - El color de mi cara subió de tono en milésimas de segundo.

Ainhoa iba vestida con unos jeans grises de pitillo y una chaqueta de punto azul marino que le llegaba casi por las rodillas. La llevaba abierta, algo desbocada, y se le podía intuir por debajo una camiseta blanca con el escote acentuado. Calzaba unas simpáticas zapatillas "Converse" y de uno de sus hombros colgaba un bolso tipo bandolera que le caía por debajo de la cadera. Mientras pagaba al dependiente observé cómo sacaba su teléfono móvil del bolso y lo ojeaba. Seguramente estaba esperando a alguien y comprobaba sus mensajes... Era raro que estuviera sola.
- Vámonos. - Le pedí a Samuel.
- No, no, de eso nada.
- No quiero encontrarme con ninguna situación incómoda. ¿Y si está con su chico?
- ¿Y si no lo está? Yo la veo sola. No va con nadie.
- Bah...
Samuel me agarró del brazo y me tiró hacia él mientras comenzaba a caminar hacia el interior del hall. Intenté oponerme pero lo hizo con tanta fuerza que no me quedó otra opción que seguirle.
- ¡Qué vergüenza! Como esté con alguien, me muero.

Ainhoa se alejó unos metros de la barra con los ojos puestos en su teléfono móvil y tomó asiento en un taburete, mientras comía unas palomitas. Estaba tan metida en la supuesta conversación online que no nos había visto acercarnos a ella con la intención de que se diera cuenta de que yo estaba allí.
- No nos hace ni caso. - Le comenté a Samuel.
- No nos ha visto, que no es lo mismo, jajaja. Voy a comprar las entradas, tú sigue vigilando. - Me contestó en tono bromista.

Mientras Samuel se acercaba a la barra yo me quedé merodeando alrededor de Ainhoa, esperando a que levantara la vista de su estúpido teléfono y me viese. ¿Y si me había visto ya y estaba disimulando para no tener que saludarme? Joder, qué situación más extraña. Mi cabeza no dejó de sacar conclusiones precipitadas en esos minutos en que estuve sola. Por otra parte, tampoco sabía muy bien qué iba a decirle si me veía. Seguramente me quedaría muda o sólo lograría balbucear cuatro frases sin sentido. Ainhoa me ponía muy nerviosa.
- ¡Ya tengo las entradas! - Me gritó Samuel desde la barra.
En ese momento vi como Ainhoa miraba hacia él con un gesto de sorpresa. Yo seguía embobada, ajena a la reacción de Samuel, y cuando ella se dio cuenta de que la estaba mirando, le cambió la cara y me sonrió de un modo muy expresivo.
- ¡Ey, Laura, no te había visto! - Me saludó Ainhoa levantándose del taburete y viniendo hacia mí.
- Hola, ¿qué tal? - Los nervios no me permitieron contestar otra cosa.
- ¿El chico entusiasta de la barra es tu amigo? Jajaja. - Me preguntó.
Qué vergüenza... En ese momento no podía estar más colorada. Me ardía la cara.
- Sí, es así de tonto, jajaja.
- Parece que nunca haya venido al cine. - Dijo con una sonrisa enorme.
Samuel nos interrumpió y, tras las presentaciones pertinentes, le preguntó a Ainhoa qué película iba a ver.
- "Los amantes pasajeros", ¿y vosotros? 
- Genial, nosotros también. ¿No me digas que vienes sola? - Samuel le volvió a lanzar una nueva pregunta un tanto descarada. A mí, al menos, me lo parecía. El rojo que inundaba mi cara seguía subiendo de tono...
- Sí, he venido sola. Me siento con vosotros si no os importa, ¿vale? 
La reacción de Ainhoa me descolocó por completo. Es cierto que pensaba que era una chica extrovertida y muy agradable, pero no hasta el punto de unirse a nosotros para ver la película. Nuestra relación era puramente formal, de profesora y alumna, y perfectamente podría haberse inventado cualquier excusa para contestar a las indirectas de Samuel. Yo no sabía ni qué decir, pero tampoco hacía falta. Samuel y Ainhoa comenzaron a charlar amigablemente mientras seguíamos esperando el momento de entrar en la sala.
- ¿De dónde eres, Ainhoa? - Le preguntó Samuel.
- De Santiago. - Contestó con una sonrisa orgullosa. - ¿Vosotros sois de Valencia o estudiáis aquí únicamente?
- No, no, somos de aquí. Laura vive en el centro y yo en un barrio un poco más apartado: Benicalap, ¿lo conoces?
- Joder, claro que lo conozco. Si tengo ahí mi apartamento. ¡Qué casualidad! - Contestó Ainhoa entusiasmada.
Casualidades o no, Samuel estaba consiguiendo más en diez minutos que yo en dos meses. A pesar de la soltura con la que veía hablar a Ainhoa, yo era incapaz de preguntarle nada. Ni siquiera contestaba a sus preguntas y prefería que lo hiciera Samuel. En cuanto vimos que abrían la cinta para entrar en la sala, nos levantamos de los taburetes y nos dirigimos hacia allí. Puede resultar extraño, pero me alegré de que aquéllo cortase por un momento la conversación entre Samuel y Ainhoa.
- Chicos, voy a comprar algo de beber, id entrando y ahora os busco.
Samuel y yo tomamos asiento en nuestras butacas y, mientras esperábamos a que llegase Ainhoa, aprovechamos para hablar de lo que estaba pasando. 
- Deberías soltarte un poco. "Tu chica" es muy simpática y nos da pie a hablar perfectamente con ella. - Me reprochó Samuel.
- Ya, ya lo sé, pero es que me quedo bloqueada. Creo que me da miedo meter la pata diciendo algo que no debo o que pueda pensar que soy una cría.
- Sé tú misma y ya está. Seguro que ella es más cría que nosotros, jajaja.
Samuel pasó su brazo por mis hombros, se acercó a mí y me besó en la mejilla con mucho dulzura. Ese gesto me hizo sonreír.

Ainhoa tardó apenas cinco minutos en volver, pero las luces de la sala ya estaban apagadas y habían comenzado a proyectar algún que otro trailer. Cuando nos localizó, vino hacia nosotros y se sentó a mi lado. 
- Dejo aquí me refresco, así puedes beber tú también. - Me dijo mientras apoyaba el vaso de bebida entre nuestras butacas.
- Gracias. - Le contesté yo, nerviosa de nuevo. La relajación tan sólo me había durado unos segundos.

Las casi dos horas de película transcurrieron con normalidad. Ainhoa se reía a carcajadas con alguna escena y, de vez en cuando, me asestaba alguna palmada en la pierna, como invitándome a reír con ella. Comentaba acciones de la película, resaltando ciertos comentarios y bromas, supongo que porque vio que yo no me reía demasiado. Pero, ¿cómo reírme? No estaba prestando atención, era como estar en su clase de inglés. Si alguien me preguntara al salir "¿De qué va la peli?" difícilmente podría contestarle. En mi cabeza sólo cabía Ainhoa. No había sitio para nada más.

Las luces de la sala se encendieron mientras Samuel y Ainhoa se levantaban de sus butacas. Yo, aún en mi asiento, los miré con los ojos cansados de tanta oscuridad.
- No te ha gustado mucho la película, ¿eh? - Me dijo Ainhoa con una sonrisa en los labios.
- No mucho, jajaja.
No sé si me gustó o no, pero tener a Ainhoa sentada tan cerca de mí durante tanto tiempo me bastaba para que la velada hubiera sido perfecta. Al salir de la sala, nos quedamos por unos segundos en la puerta del cine sin saber muy bien qué decir. Samuel fue quien rompió el hielo.
- Bueno Ainhoa, encantado de haberte conocido. Espero que hayamos sido buena compañía. - Le sonrió mi amigo mientras continuaba hablando. - Me ha hecho ilusión conocerte, Laura me había hablado maravillas de...
- ¡Samuel! - Corté a mi amigo antes de que siguiera metiendo la pata. - No le hagas caso Ainhoa, sólo le dije que tenía una profesora muy simpática. 
Qué vergüenza me estaba dando aquella situación. Ainhoa nos miraba sin dejar de sonreír, pero no sé porqué sospeché que se empezó a sentir incómoda. Claramente, me equivoqué.
- Oye, pero no nos despidamos aún. ¿Habéis cenado? 
Samuel y yo nos miramos con cara de incredulidad.
- No, pensábamos ir a tomar algo rápido antes de volver a casa. - Le contesté.
- Vayamos al centro, conozco un bar donde se come muy bien y se bebe mejor, ¿os parece?
¿Nos parece? A mí me parecía que no podía ser real lo que me estaba pasando esa noche. Ainhoa era mucho más encantadora de lo que pensaba y, por lo que parecía, se encontraba muy a gusto con nosotros. En ningún momento se me pasó por la cabeza decirle que cenáramos juntos, pero ella no lo dudó en ningún momento. Me encantó esa seguridad que tenía en sí misma. Era peligroso que continuara gustándome tanto después de haberla conocido un poco mejor... y aún quedaba noche por delante.

La cena transcurrió entre risas y mucha conversación. Poco a poco fui soltándome con ella y ya no me importaba que me viera tal y como era. El miedo a decir algo que pudiera resultarle inmaduro o fuera de lugar iba desapareciendo conforme pasaban los minutos. Ainhoa era una chica muy jovial y, aunque era un poco mayor que nosotros, la edad dejó de importarnos enseguida.
- ¿Eres muy joven para estar dando clases en la universidad o me lo parece? - Samuel seguía con su interrogatorio.
- Bueno, soy joven. - Sonrió Ainhoa. - Tengo 32 años. Llevo dando clases desde hace bastante, pero en la universidad sólo estoy desde septiembre. 
- ¿Y en Valencia? - Le pregunté yo.
- También desde septiembre. Me vine cuando me ofrecieron el puesto de profesora del curso de inglés. ¿Vosotros qué edad tenéis?
- Yo tengo 20 y Laura acaba de cumplir 19. - Le contestó rápidamente Samuel.
- ¿19 años? - Preguntó Ainhoa con un gesto de sorpresa. - Pensaba que eras mayor.
Ainhoa se olvidó por un momento de Samuel y se centró en mí y en mi escasa edad. - Perdona, la verdad es que debería haber pensado que tenías la edad que tienes. Casi todos los alumnos de nuestra clase son de primero y segundo. - Prosiguió Ainhoa.
- No pasa nada... - Le contesté tímidamente.
Yo no entendí muy bien por qué había parecido molestarle que fuera tan joven, pero su cara perdió la sonrisa que había lucido toda la noche. Samuel me miró, también con cara de desconcierto, y me frunció el ceño mientras se encogía de hombros, haciéndome ver que no entendía su reacción. Tras unos instantes de incómodo silencio, creí oportuno decir algo para suavizar el ambiente.
- Oye, pero beber sí puedo, ¡soy mayor de edad!
Ainhoa levantó la mirada y se rió. Seguidamente me pidió disculpas 
- Lo siento Laura, olvidemos este momento. - Me dijo dulcemente mientras pasaba su mano por mi brazo.

La noche seguía avanzando y, así, llegamos al postre, los cafés y la última copa. Poco a poco nos fuimos quedando solos en aquel bar en el que nunca antes había estado. Samuel y yo no solíamos frecuentar este tipo de locales. Nuestras cenas de amigos siempre consistían en grandes cantidades de "fast food" o comida china.
- Chicas, es un poco tarde y creo que he bebido suficiente. - Dijo Samuel lanzando una breve risita, seguramente a causa del alcohol ingerido. - Creo que lo mejor es que me retire en este punto.
- Sí, tienes razón, es tarde...
- ¿Te vas tú también? - Ainhoa me interrumpió inesperadamente. 
- No sé... - Le contesté sin tener claro qué decir.
- ¿No has dicho que vives por el centro? 
- Sí, muy cerca de aquí.
- A mí me apetece quedarme un rato más. Si quieres nos tomamos una copa en otro sitio y ya te acompaño a casa. 
- ¡Perfecto! - Gritó Samuel. - Yo voy a llamar a un taxi.
Samuel se acercó a Ainhoa para despedirse y después vino hacia mí, de una manera muy efusiva, y me rodeó con sus brazos. 
- Laura, pásalo muy bien. No te crees ni tú que te vayas a quedar a solas con ella. - Me dijo al oído entre risas.
- Calla, anda... estoy atacada de los nervios. - Le susurré mientras lo apartaba para no llamar la atención de Ainhoa.

Una vez que Samuel se había marchado, Ainhoa y yo decidimos tomar la última copa en un local cercano a mi calle. Entre las cervezas de la cena, la copa de después, y teniendo en cuenta mi poca experiencia con el alcohol, yo preferí terminar con un refresco, no fuera a ser que aquéllo me hiciera perder la cabeza. En todo momento la conversación fue muy amena. Ainhoa me habló de su trabajo como profesora y de lo mucho que disfruta impartiendo clases a chicos jóvenes. Yo la miraba obnubilada mientras hablaba. No conseguía creerme que estuviera conmigo, charlando de nuestras cosas como si fuéramos amigas. Estos dos meses atrás había intentado conocerla de mil maneras sin ningún éxito. Nunca supe cómo acercarme a ella y ahora la tenía delante, de la forma más casual.
- Laura, ¿cómo llevas mis clases?
Vaya, la conversación tomó un rumbo inesperado...
- Bueno, me cuesta un poco aprender otros idiomas, pero le pongo muchas ganas. - Creo que resolví bien la papeleta. - Eso sí, tus clases me encantan.
- Sí, eso ya lo sé. - Me dijo Ainhoa mientras me guiñaba el ojo.
- Jajaja, ¿a qué ha venido eso? - No pude evitar reírme con el gesto con el que acompañó tal afirmación.
- No sé, se te ve muy contenta en clase, no como otra gente, que parece que están en el matadero.
En ese momento se me pasó por la cabeza decirle que lo que me motivaba para estar contenta no eran sus clases, sino ella, pero esa idea desapareció pronto de mi cabeza. Decirle aquéllo hubiera sido un suicidio.
- Si te interesa dar alguna clase extra sólo tienes que decírmelo. Estaré encantada de ayudarte. - Ainhoa me dedicó la quincuagésima cuarta sonrisa de la noche.
- Muchas gracias, la verdad es que no me vendrían nada mal. - Le contesté devolviéndole la sonrisa.

Eran ya más de las tres de la mañana y la noche estaba llegando a su final. Ainhoa decidió acompañarme a casa aprovechando que había una parada de taxi cerca de allí. Al llegar a mi portal, las dos nos quedamos en silencio, mirándonos y sin decir nada. No sé si fue fruto de mi imaginación, pero parecía que no quisiéramos separarnos. A los pocos segundos, Ainhoa fue quien tomó la palabra.
- Bueno Laura, me he divertido mucho esta noche. - Me dijo muy dulcemente. - Yo que esperaba volverme a casa después de mi solitaria sesión de cine y mira: noche perfecta. Cuando veas a Samuel díselo también.
- Yo también lo he pasado muy bien. - Creo que mi cara lució en aquel momento la sonrisa más grande de mi vida.
Ainhoa se acercó a mí y, pasando su mano por mi espalda, me atrajo hacia ella para besarme en la mejilla. No sé cuánto duró ese instante, pero mi corazón debió pararse durante ese tiempo. 
- Nos vemos el miércoles en clase...
- ¿Podríamos vernos el martes? - Le pregunté algo acelerada. 
- ¿El martes?
- Sí, la clase de repaso que me has comentado antes. - No sé por qué le dije eso. Era como si una fuerza interior me hubiera obligado a hacerlo.
- Ah, ¡claro! Espera...
Ainhoa sacó un bloc de notas y un bolígrafo del bolso y, apoyada en el capó de un coche, tomó nota de algo. Luego arrancó la hoja, la dobló y me la dio.
- Te dejo anotada la dirección de mi despacho particular. El martes a las 12 te espero, ¿te viene bien?
- Sí, allí estaré puntual. 
- Genial. - Concluyó Ainhoa.

Tras habernos citado para el martes, nos volvimos a despedir y Ainhoa se fue hacia la parada de taxi. Yo me quedé observando cómo se alejaba desde el interior de mi portal, mientras seguía alucinando con lo que había pasado, y es que aún no me creía haber estado toda la noche con ella. Tras perderle de vista me apoyé en la pared, levanté la cabeza y cerré los ojos muy fuerte. Hice un rápido recorrido por todos los momentos vividos en las últimas horas y justo me paré en el instante en el que me había pasado la nota con su dirección. Entonces, abrí de golpe los ojos y observé el papel doblado que tenía en mi mano. Lo abrí, leí lo que decía y una duda me asaltó de repente... ¿Qué significaba aquéllo?



lunes, 8 de abril de 2013

Vanesa "Magia" Martín y "Huracán" Malú. Una noche única (Córdoba, 06/04/2013)

Siempre he oído decir que "el orden de los factores no altera el producto" y que "después de la tormenta siempre llega la calma". Supongo que el responsable de crear esas dos frases, tan recurridas en ocasiones, no conoce a Vanesa Martín ni a Malú; porque de hacerlo hubiera previsto un concierto un tanto diferente: con la fuerza arrolladora de Malú para dar comienzo, y la calma y pausa de Vanesa Martín para relajar el ambiente. Y es que después de verlas cantar, una detrás de otra, puedo admitir que son la pareja perfecta. Tan diferentes como la noche y el día pero, a la vez, totalmente complementarias. "Los polos opuestos se atraen", ¿no? En fin, no hagamos caso a todo lo que se dice y que cada uno saque sus propias conclusiones...

Córdoba y yo separadas por casi 600 kilómetros de distancia, los cuales se convirtieron en los kilómetros más cortos de mi vida. En el reproductor de música de mi coche empezó sonando Vanesa Martín con "Ven, siéntate y me lo cuentas". Perfecto para comenzar el día desde bien temprano. Las 6 a.m. y 1 ºC de temperatura... Necesitaba un poco de calorcito y qué mejor que la voz cálida de Vanesa para combatir el frío. ¡Ya estaba en marcha! Sobre las 9 a.m. recibí en mi teléfono móvil la foto más esperada: la cola del concierto... ¡desierta! En este punto creo que debo explicar cómo conseguí estar en primera fila, y es que mi empeño por estar cerca del escenario, unido a la gran idea de una de mis followers (a la cual no nombraré por respetar su privacidad, aunque si sois listos, seguro que ya sabéis de quién hablo), hizo que me dirigiera a mis seguidores en Twitter para solicitar la ayuda de alguien y que hiciera la cola por mí y por mi follower misteriosa. A cambio de hacer la cola, esa persona recibiría a cambio una entrada de pista. Tras varias menciones y después de evaluar a los posibles candidatos, el elegido fue un chico de Córdoba, que se prestó a realizar semejante misión desde las 9:30 de la mañana. Una vez recibida la foto de la cola, un remanso de tranquilidad se apoderó de mí y pude relajarme (mentira) y conducir con más calma (mentira). Y no me refiero a conducir de una manera responsable y bajo los límites de velocidad, ya que eso siempre lo hago (verdad). Por "relajación" y "calma" entiendo el conducir sin soltar cada dos por tres gritos de emoción, los cuales tenían a mis padres (que me acompañaron en el viaje) un tanto acongojados. Después de poco más de cinco horas de viaje y tras haber introducido a mis padres en el universo VaneMalulero, llegué a mi destino.

Ya en el hotel, comencé a prepararme para irme hacia el teatro. Revisé mi "kit-VaneMalulero" para conciertos una y otra vez, ya que no quería que se me olvidara nada. Llevaba mi entrada, la cámara de fotos, un par de discos de Malú y Vanesa por si sonaba la flauta y podían firmármelos, mi bandera multicolor (más conocida como "bandera gay"), una de mis famosas pancartas, cien copias de "Ropa desordenada (I)" y un bocadillo de tortilla... ¡Ah, no! Lo del bocadillo no tiene nada que ver con los conciertos de Malú y Vanesa Martín. Perdón... A las 13:15 salía del hotel camino del Teatro de la Axerquía. Mis nervios iban en aumento, sobretodo después de recibir un mensaje del chico que nos estaba haciendo la cola: 


"Chicas, hay un problema. Os tengo guardado el sitio, pero la gente se está 
quejando de que pasa gente. ¿Cómo lo hacemos? Responded, por favor. 
Venid ya, que esto se va a llenar."  

Según mi joven mensajero, la cola se estaba llenando de maluleras enloquecidas con ansias de conseguir un sitio privilegiado... ¡Ay, Dios! Sólo pensar que tendría que enfrentarme a ellas me producía dolor de cabeza. 

A las 14:00 y con un ataque de nervios que no sentía desde el día de mi boda, llegué al teatro. Tenía miedo de encontrarme con una cola kilométrica que diera dos vueltas al río Guadalquivir (sobretodo después de haber leído ese mensaje), pero cuál fue mi sorpresa cuando me acerqué a las puertas de acceso y vi que aquéllo estaba más vacío que el cerebro de Rafa Mora. En total habría unas ochenta personas, divididas en dos colas: una de ellas para la zona de gradas y otra para la zona de pista. Qué manera de sufrir más tonta, de verdad. Mi joven mensajero estaba situado en pole position, como me había demostrado con la foto recibida a primera hora de la mañana. Me dirigí hacia él como si lo conociera de toda la vida y, con todo el morro del mundo, me metí en la cola bajo la atenta mirada (de odio) de alguna que otra persona. Es lo que yo llamo "empezar con buen pie". A partir de ahí me relajé y mi tarde fue transcurriendo de lo más tranquila, salvando algún momento puntual de temor por ser agredida y/o insultada... La cola se iba llenando lentamente de gente y no fue hasta las 18 p.m. cuando empezó a animarse. Para entonces yo ya había conocida a varias twitteras (entre ellas a mi follower misteriosa), había firmado mi primer autógrafo en una camiseta donde se podía leer "I ♥ #RopaDesordenada" y me había ganado un par de enemigas. Me encanta ir sembrando el odio allá por donde voy, pero sobre todo me encanta hacerlo "sin querer". Esos momentos me sirvieron para descubrir hasta qué punto llega la estupidez humana y lo extendida que está la ignorancia entre cierta juventud de hoy en día. Y es que tuve que aguantar alguna que otra frase fuera de tono, tipo "a mí no me acerques esa bandera porque no quiero que me roce". Ahí fue cuando también me di cuenta de que la loca del Twitter no soy yo, pero posiblemente lo parezca porque soy la que MÁS ALTO HABLA... ¿Pues sabéis qué? No pienso dejar de hacerlo. Si no os gusta lo que leéis, media vuelta -Guiño-. En fin, centrémonos ya en el concierto, que es para lo que estáis aquí y dejemos de lado las rencillas y el darle protagonismo a gente que no lo merece...

A las 19:30 se abrieron las puertas del teatro y comenzamos a entrar con mucha calma y sin apenas empujarnos unos a otros (¿se nota la ironía?). Mi propósito era estar cerca, pero nunca pensé que lo iba a estar tanto:


Ya posicionada esperé durante una hora el momento en el que Vanesa o Malú aparecieran en escena. Como no sabía cómo lo harían, estuve especulando junto a mis compañeras de concierto. La duda estaba en saber si cantarían juntas y cuántas canciones interpretarían, porque parecía claro que el show lo abriría Vanesa Martín, por eso de dejar para el final a la cantante con más tirón. 

A las 20:30 de la tarde y con una puntualidad digna de mención fueron apareciendo sobre el escenario los músicos de Vanesa Martín. El público celebró el final de la larga espera y les dio la bienvenida con un aplauso casi generalizado y un estallido de gritos. Comenzaron a sonar las primeras notas de la canción con la que Vanesa abre sus conciertos en su gira "Cuestión de piel" a manos de su guitarrista, y al instante apareció ella en escena, subida a una tarima, entre la batería y la percusión. Siempre me pareció que el tema elegido para comenzar, 'Sintiéndonos', es perfecto para la ocasión.


"Aquí estoy de nuevo, nos reímos al mirarnos quietos... 
Al pedirte que te vayas sabes que en el fondo quiero que te sientes a mi lado y me sorprendan tus maneras, me encontré una nota en el buzón 
y me encantó tu letra..."

Vanesa Martín se dirigió al público en la primera pausa de la tarde. Nos invitó a disfrutar del concierto y, con mucha gracia y buen humor, nos confesó que era la primera vez que cantaba ante tanta gente a plena luz del día. Dijo sentirse "como en un macro-festival de esos a los que nunca le han invitado a ir" y le encantaba la idea de atardecer junto a nosotros. Una canción y dos frases después, Vanesa ya se había metido al público en el bolsillo. En ese momento de casi silencio aproveché para decirle algo que me había pedido mi follower misteriosa: "Boquerona, ¡viva Málaga!"; a lo que ella contestó: "Viva vosotros". Después de esa contestación, mis huesos comenzaron a reír al unísono mientras mis pies bailaban el himno de la alegría. El viaje ya había merecido la pena. Vanesa Martín cantó varios temas más, 'La piel', 'Puedo llamarte' y 'No te pude retener', y tras cantar esta última, el miedo invadió mi cuerpo y seguramente el de varios más allí. Cantar esa canción ella sola era sinónimo de que no la cantaría con su compañera Malú, o al menos era lo más lógico. Por un momento la decepción se apoderó de mí, pero poco duró esa sensación. Después de interpretar esas tres canciones, comenzó a sonar su próximo single y una canción que a mucha gente le trae maravillosos recuerdos... Supongo que no he de decir que para dicha canción tenía una pancarta preparada.


Mientras Vanesa cantaba 'Ropa desordenada' y cuando vi que la tenía lo más cerca posible, levanté la pancarta mostrándosela. Vanesa se quedó mirándola unos segundos, así que me doy por satisfecha. Leyó mi mensaje. Tras desordenarnos la ropa vinieron 'A la deriva', 'Si pasa o no' y 'Arráncame', esta última interpretada magistralmente por Vanesa Martín y acompañada de la música de un violín, como en su versión original. Anochecía en Córdoba y, tras la desgarradora 'Arráncame', los músicos abandonaron el escenario, quedándose en él únicamente el pianista y la propia Vanesa. Era el momento de cantar uno de sus temas más conocidos, 'Durmiendo sola'. Piano y voz para hacernos vivir mil sensaciones y un único sentimiento: el desamor. Vanesa nos emocionó y fue con esa canción con la que se me escapó alguna lágrima. Qué manera más brillante de describir con música algo tan doloroso como es decirle adiós a quien ha formado parte de tu vida. 

"Pero no me tiembla el pulso si te veo, y me imagino ya durmiendo sola. 
Porque no me duele este vacío que dejas en este amanecer de largas horas. 
Del amante, amor, al amigo, amor... se me fue el amor, se me consumió..."

Vanesa "levantó" al público tras esa canción y los aplausos se escucharon con mucha más fuerza esta vez. Había quien asentía con la cabeza, como dándole la aprobación, mientras el público continuaba rindiéndole la primera ovación de la noche. 

Vanesa Martín se quedó sola en el escenario y se sentó en un taburete, guitarra española en mano, para cantar un tema que le compuso a India Martínez, '90 minutos', y que había recuperado para sí misma en su último trabajo, su acústico "Ven, siéntate y me lo cuentas". Después de deleitarnos con su guitarra, se dirigió al piano y nos obsequió con otra tanda de bromas y humor malagueño: "Lo próximo que tocaré será el violín, y después la batería". Vanesa demostró que es una artista todoterreno, atreviéndose también con el piano para interpretar su tema 'Ey'. Para su siguiente canción, los músicos aparecieron de nuevo en escena. 'Aún no te has ido' fue el tema escogido para dar rienda suelta al lado más desconocido y sensual de Vanesa. El público ya estaba completamente entregado y todos coreábamos la letra de una de sus canciones más populares. Después vinieron 'Tic tac' y 'Libres', esta última con mensaje incluido. Vanesa vino a decir algo así como que "era una canción dedicada a las personas que hacen y viven como quieren y sienten, siempre que no se le haga daño a nadie". ¿Qué mejor momento para sacar a pasear mi bandera multicolor (más conocida como "bandera gay")? Tras esa canción Vanesa desapareció del escenario para cambiar de look. Al volver llevaba el pelo recogido y vestía una camisa de rayas verticales en blanco y negro, que dejaba entrever (al menos desde mi posición) su ropa interior. Si Vanesa me tenía enamorada, con eso ya me desarmó.


Vanesa Martín interpretó algunas de sus primeras canciones antes de anunciar que su concierto estaba llegando a su fin. Para cerrar tan mágico espectáculo eligió un tema de su último disco de estudio, 'Intranquilo', y dos de su segundo trabajo, "Trampas", la canción que dio título al disco y 'Déjame a mí'

"Déjame quererte a mí, déjame morirme a mí por ti. Déjame extrañarte a mí...
porque si te dejo a ti, vas a ser mi perdición, vas a ser mi perdición..."

Creo que todos allí nos dejamos querer un poquito por Vanesa Martín y ella, a cambio, recibió también mucho de nosotros. No tengo ninguna duda de que fue un descubrimiento para mucha gente que se habían acercado a Córdoba únicamente por ver a Malú, pero por mi parte ya estaba más que descubierta. Lo único que provocó en mí fue muchísima más admiración de la que ya sentía y unas ganas enormes de volver a verla en un par de meses. La estaré esperando en Valencia, en el Palau de la Música, para seguir emocionándome con su voz, sus letras y su sencillez. 

Tras la magia de Vanesa Martín era el turno de Malú, y lo que tardaron en modificar el escenario fue lo que tardamos en cambiar el chip. Los músicos fueron apareciendo uno a uno, tomando posiciones, mientras las luces de colores iluminaban la noche en Córdoba. 'Vértigo' comenzó a sonar con mucha fuerza y el público se desató. Sólo intuir la figura de Malú subiendo por detrás del escenario provocó una explosión de griterío propia de la bienvenida de The Beatles en su primera visita a España. Malú apareció como siempre, llena de vitalidad y subida en lo alto de la tarima, mientras nos saludaba y se contoneaba delante de su pie de micro. Algo ya típico en ella y que tanto nos gusta de ver... Las canciones elegidas para continuar el concierto fueron 'Voy a quemarlo todo' (y vaya si lo hacía), 'Te conozco desde siempre' (en realidad a algunas "maluleras incondicionales" sólo las conoce desde su aparición en "La voz" -Guiño-) y 'Vuelvo a verte' (la cual interpretó en solitario para regocijo mío... no sé si me explico). 

Otro de los temas que cantó fue 'Nadie', el cual creía casi olvidado. No es por criticar, pero creo que hay otros temas que serían más agradecidos que este y que su público echa en falta en sus conciertos, como pueden ser 'Diles' o 'Por una vez'. Ni qué decir que esto son apreciaciones mías y conclusiones que saco después de leer varios (o muchos) comentarios al respecto. Aún así, la interpretación de 'Nadie' fue sublime, como todo lo que hace Malú en concierto... Bueno, o casi todo... Después de cantar 'Ahora tú' llegó el turno de ponernos a bailar con 'Sólo el amor nos salvará', canción que me dejó una imagen en la retina y que, creo, tardaré bastante en olvidar. Prefiero no opinar al respecto y dejo que seáis vosotros mismos quienes lo hagáis:

Sólo deciros que tras ver esa escena a tres metros de distancia, mi follower misteriosa y yo nos miramos y nos dijimos casi al mismo tiempo: "Se le va mucho la pinza"... ¿Cómo queréis que luego una se comporte viendo estas cosas? ¡Así no se puede!

Tras ese momento de taquicardia, estupefacción y miles de sentimientos encontrados, llegó la "pausa" para interpretar una de sus baladas más conocidas, 'Me quedó grande tu amor', y para la cual hizo una breve introducción explicando su significado; introducción que fue interrumpida por una chica del público que le mostró un cartel gigante de ella anunciando yogures "Activia". Fue bastante cómico ver a Malú callándose de golpe para observar la escena, pero más cómico fue ver cómo se arrancaba a bailar los pasos del anuncio de dichos yogures. Desde aquí darle las gracias a la chica del cartel por tan divertido momento.

Después de cantar 'Me quedó grande tu amor' y 'Quién', llegó el momento más esperado de la noche. Malú invitó al escenario a Vanesa Martín, que se dirigió hacia ella entre los aplausos del público, "y, al encontrarse en el centro se fundieron en un abrazo". Las sonrisas lo inundaban todo y sus miradas hablaban por sí solas. Se podía percibir la admiración, el cariño y la amistad que les unía, mucho más allá de una relación puramente profesional. Si cabía alguna duda, ellas misma la despejaron explicando cuáles eran esos sentimientos. Entre las risas y las bromas, Vanesa y Malú nos deleitaron con un momento único que nos arrancó más de una sonrisa y algún que otro piropo. Malú demostraba ser la más picarona de las dos, mientras Vanesa ponía la calma en tanto comentario desenfrenado. ¿Qué deciros de esta escena? Dudo que alguien no la haya visto ya. Pero verla de tan cerca es algo mágico. Juntas cantaron 'No te pude retener', contra todo pronóstico (recordad que Vanesa ya la había cantado antes), pero de una manera más íntima. Realmente fue maravilloso poder verlas cantar juntas. Se me quedarían cortas las palabras para describir cuánto me gustó ese momento...



Después del momentazo de la noche, Malú despidió a su amiga, mientras nos ofrecían la enésima muestra de cariño entre ellas. El público ovacionó a la pareja y le dedicó una dulce despedida a Vanesa Martín. Sólo había sido una canción juntas, lo que me dejó un tanto fría en ese momento, pero después de unos días he de decir que "lo bueno si breve, dos veces bueno".

Malú continuó el concierto con su versión en acústico de 'Así lo haré', 'A esto le llamas amor' y 'No voy a cambiar', en la cual Malú sacó a pasear su lado más sarcástico e irónico. Al concierto le quedaban apenas cuatro canciones pero, pese al cansancio acumulado por el viaje y las horas de plantón, se me había hecho muy corto. El público no dejaba de bailar y de dar todo de sí, por lo que supongo que opinaban igual que yo. Después llegó 'No me extraña nada', con su particular baile coral entre Malú y sus músicos y corista. Patadas, giros sobre sí mismos y gritos de rabia que nos invitaban a seguir bailando. Esta vez no había "gorilas" ni matrimonios agua fiestas que pudieran estropear esos momentos. Esa noche todos teníamos el mismo pensamiento, y era el de dejarnos la piel disfrutando de la música y los bailes de Malú. 

El concierto iba llegando a su fin y Malú aprovechó una pausa para presentar a su banda antes de que todos, menos Rubén, su pianista, abandonaran el escenario. Era el momento de cantar 'Aprendiz' en su versión más íntima. Hay que destacar que 'Aprendiz' es la canción con la que Malú comenzó en el mundo de la música, con sólo 15 añitos... Edad, por cierto, de muchas de las allí presentes. Tras cantar su tema más popular para el público más maduro, llegó el turno de 'Blanco y negro', seguramente su tema más popular para el público menos maduro. Las manos arriba, de un lado hacia otro, acompañaban a Malú, mientras todo el público le ayudaba con los coros. Una canción perfecta para unir voces y sentimientos y para dar paso al último tema de la noche, 'Toda'. Sí, habéis leído bien. El último tema de la noche fue 'Toda'... Toda una decepción, para qué mentir. Fría estaba la noche y fría me quedé después de ver cómo se apagaban las luces del escenario, no sin antes haberse despedido Malú de todos nosotros e invitarnos a seguir disfrutando en alguno más de sus conciertos. 

Salvando las dos leves decepciones de la noche, el concierto quedará grabado en mi memoria para siempre. No sólo por el hecho de haber disfrutado en una misma noche de dos de mis artistas favoritas, sino por haber asistido al "adelantamiento sin intermitentes" de Vanesa Martín y por haber vivido nuevamente las sensaciones que viví el domingo anterior en Benidorm. Malú y Vanesa ya me tenían ganada, pero tras este concierto y la entrega puesta en él, lo han hecho para siempre. Me quedo con eso y me olvido de todo lo demás... ¿Cuál era esa leve decepción? Ya no lo recuerdo.

Gracias Malú. Gracias Vanesa.
@GreenNavas

lunes, 1 de abril de 2013

Mi primera vez con Malú... en concierto (Benidorm, 31/03/2013)

El día había llegado. Llevaba trece años de mi vida preparándome para ese momento. Convenciéndome a mí misma de que no era tan difícil conseguir mi propósito.
- Venga Ana, tú puedes. Sólo tienes que quedarte quietecita en tu sitio y controlar tus impulsos. Cuando salga Malú al escenario no grites como una posesa. Mantente firme. Sólo es una mujer...sólo es una mujer... ¡Joder! ¡Y qué mujer! 

Pisamos Benidorm sobre las 19 p.m., hora perfecta para evaluar la zona y asegurarme de que las salidas de emergencia del 'Benidorm Palace' cumplían los requisitos tipificados en el artículo 32.1 del Reglamento de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas: "En caso de que el recinto acoja conciertos con afluencia masiva de bolleras, se debe contratar personal adicional para colaborar en la evacuación de gatos y maletas de las asistentes, los cuales se situarán en cada una de las puertas de emergencia correspondientes". Miré y remiré y no vi a nadie en las puertas. Empezábamos mal. 

Centrándome ya en el concierto, mis dos amigos y yo nos dirigimos a las puertas del recinto en el momento en que se abrían las puertas. Mis tres pancartas me acompañaban, enrolladas a buen recaudo, mientras yo rezaba un Padrenuestro y todas las oraciones que aprendí "religiosamente" en mis años de devoción a Dios. No quería que ningún miembro de seguridad me pidiera enseñárselas para ver lo que decían. Aclararé en este punto que los mensajes que pretendía mostrar no eran claramente entendibles para todos los públicos, sobretodo uno de ellos:




Tuve suerte, conseguimos pasar los fuertes controles de seguridad. Mis pancartas estaban dentro. 

Ya en nuestros puestos nos quedaba por delante una hora de espera, la cual se hizo bastante entretenida. Saqué de mi bolso todos los artilugios necesarios para ver y disfrutar de un concierto de Malú: una cámara de fotos, un móvil con la batería a tope, una bandera multicolor (más conocida como 'bandera gay') y mi bollo radar, el cual comenzó a pitar de forma desorbitada nada más colocarlo en la mesa, para explotar a los 30 segundos de su uso. Fue la primera baja de la noche. 

Los minutos avanzaban y, sin darme cuenta, la hora del concierto llegó. Durante ese tiempo conseguí mi mayor logro de la noche: la firma de Malú. ¿Dónde me firmó? ¿En un disco? ¿En una foto suya? ¡No! ¡Malú firmó sobre mi bandera multicolor (más conocida como 'bandera gay')! Pero no lo hizo en cualquier color, ¡eh!... Lo hizo sobre el color lila, el más oscuro, donde su firma se camuflaba perfectamente para no ser vista más que por los ojos de una bollera profesional.




Pasaban 11 minutos de la hora estipulada para el comienzo del concierto cuando la banda saltó a escena. El suelo vibraba con las primeras notas de 'Vértigo' y el público, entregado desde el primer minuto, enloqueció cuando Malú hizo acto de presencia, subida a una tarima en el centro del escenario, al grito de "Buenas noches, Benidorm".


 "Hace tiempo que desnudo lunas llenas. Hace tanto que mi piel es de pantera..."

El estallido fue casi unánime. Y digo 'casi' porque no me gusta faltar a la verdad. Delante de mí, unos señores de unos cincuenta y tantos años miraban atónitos tal estallido de voces al unísono, como si nunca antes hubieran visto lo que esta mujer provoca. Malú se contoneaba frente a su pie de micro, enfundada en unas mallas hiper ajustadas y un top muy sugerente, con la melena suelta, agitándose de un lado a otro al ritmo de la música (y de un ventilador gigante que tenía delante de ella). ¿Pero qué voy a deciros de su look? Ya todas/os sabemos cómo viste en los conciertos... 

Los temas se fueron sucediendo a lo largo de la velada, desde 'Voy a quemarlo todo' hasta 'Ahora tú', pasando por algunos más clásicos como 'Me quedó grande tu amor' y 'Te conozco desde siempre'. Durante las casi dos horas de concierto Malú cantó la mayoría de los temas de su álbum 'Guerra fría', además de deleitar al público con cuatro canciones de su último disco, 'Dual': 'Sólo el amor nos salvará', 'Vuelvo a verte', 'Devuélveme la vida' y 'Que nadie'. Las baladas románticas se mezclaban con temas más cañeros como 'El apagón' o 'Quién'. La banda de Malú impregnaba cada tema con un toque de Rock&Roll que sólo se puede disfrutar en directo, pero había algo que fallaba, y es que no podía ser que los camareros del 'Benidorm Palace' se movieran más por el patio de butacas que nosotros, los asistentes. Arriba y abajo, cubata tras cubata, iban pasando por delante de mí mientras yo los observaba sentada. Malú, ajena a todo aquéllo, alzaba los brazos y agitaba al público, que quería levantarse de la silla. Querer es poder, o eso dicen. En este caso no fue así, y nuestras ganas por levantarnos se esfumaron al ver a los gorilas de seguridad rodeándonos, con sus miradas penetrantes clavadas en nuestra sien. ¡Qué miedo!

Uno de los momentos más especiales de la noche llegó con la interpretación de 'Así lo haré'. Sólo ella, dos guitarras acústicas y Rubén García al piano. El público enmudeció para escuchar únicamente la voz de Malú junto a tan maravilloso acompañamiento. 


"Que me quieres sin medida, que por mí todo lo harías, 
y aún sabiendo que yo pienso en él te arriesgas a perder..."

Pocas canciones son tan bonitas como esta, aunque tenga un trasfondo de tristeza detrás, pero nunca antes la había escuchado de esa manera. Alguien tendría que haberme hecho una foto en ese momento para así describir en un gesto la palabra admiración. Al terminar la canción, todas las personas allí presentes, uno a uno nos fuimos levantando de nuestros asientos, al mismo tiempo que le dedicábamos una sonora ovación. Malú rebosaba orgullo y felicidad, al igual que su hermano, José de Lucía, uno de los dos guitarristas que la habían acompañado en ese tema. Y es que, por muchos aplausos que reciba una, debe ser emocionante ver a tanta gente rendida ante ti.

Malú se dirigía al público en alguna ocasión, sobretodo para explicar el significado de determinadas canciones. En una de esas, aproveché para alzar uno de mis famosos carteles, en el cual se leía "QUEREMOS CONCIERTO EN CHUECA YA!!!". Algunos de los allí presentes se giraron para leer lo que ponía y pude observar cómo fui fotografiada antes de que un miembro de seguridad me hiciera bajarlo. No sé si Malú lo leyó, pero sí vi a su pianista mirando atentamente durante unos segundos y sonriendo después. Me doy por satisfecha.

Malú salió y entró del escenario hasta en cuatro ocasiones para modificar alguna prenda de su vestuario, mientras los músicos amenizaban la espera, haciendo 'bailar' a los asistentes sobre sus sillas. 'No voy a cambiar', 'Nadie' y 'No me extraña nada' (patadas al aire incluidas) fueron algunos de los temas escogidos para recordar trabajos anteriores. 'No me extraña nada' sirvió para arrancar al público de sus asientos, eso sí, salvando las miradas de alguno que otro. Me daban ganas de dirigirme a la pareja que tenía delante y decirles: "El concierto de La Pantoja es el 5 de mayo. Esa que está en el escenario derrochando energía es Malú"Yo no aguantaba más. Era como tener un muelle en la silla que me empujaba a levantarme, así que allá fui. Poco tardé en volver a sentarme, los gorilas volvieron a aparecer. Desquiciante. 

Dejando aparte las rencillas con los miembros de seguridad y demás personas mencionadas, no quiero olvidarme de la interpretación de 'Ni un segundo', la que es, para mí, la mejor composición de su álbum 'Guerra fría'. Cuánta verdad en tan pocas palabras. Creo que todos estamos de acuerdo...

"Porque sin ti no queda nada del dolor que me causaba mendigarte por un beso. Volví a encontrar la libertad y se escapó mi corazón que estaba preso...se disipó la oscuridad en mi interior y ahora veo que tu amor no era amor. Tal vez te duela, pero desde que te fuiste me siento mucho mejor."

En la recta final del concierto Malú interpretó uno de sus temas más populares y, para muchos, su canción eterna, 'Aprendiz'. Los músicos abandonaron momentáneamente el escenario para dejar a Malú sola, sentada en las escaleras del escenario, junto a Rubén, su pianista. La voz de la cantante se desgarraba en cada nota, haciéndonos partícipes del sentimiento que ponía en su interpretación. Todos pudimos sentir la amargura de esos besos y el dolor que se siente cuando alguien te miente... 'Aprendiz' volvió a levantarnos de la silla y se escuchó la segunda ovación de la noche.



Para poner el broche a una noche perfecta, Malú nos obsequió con las tres últimas canciones: 'Toda', 'Blanco y negro' y 'Como una flor'. Con 'Toda', los miembros de seguridad se rindieron, y es que todo el público, incluido el matrimonio fan de La Pantoja, se levantó para dar rienda suelta a tanta emoción contenida. Ahora sí...

"Toda, de arriba a abajo... Toda, entera y tuya... 
Toda, aunque mi vida corra peligro."

Malú vibró, gritó, bailó, saltó...y nosotros con ella. Se movía de un lado al otro del escenario, posando para sus fans y haciendo gestos 'traviesos' para deleite de unos cuantos. Se acercaba de manera descarada a sus guitarristas, lanzándoles 'bocaos' al aire mientras escapaba de ellos para acabar al lado de su corista, Yaiza, con una pose sensual que me invitaba a imaginar cosas que no debo escribir en esta entrada...sé que hay menores leyendo.

Tras el apoteosis de 'Toda', Malú se calmó un poco y decidió tomarse un respiro. Dirigió su micrófono hacia el público mientras sonaban los primeros acordes de 'Blanco y negro' y, como no, nos dejamos escuchar. Cantamos media canción al tiempo que Malú sonreía y movía sus brazos al ritmo de la música. Aprovechando ese momento de nostalgia, saqué mi segundo cartel, haciendo una petición: ¿PARA CUÁNDO UN CONCIERTO EN MALLORCA?, y dedicado a quien tendría que haber estado conmigo esa noche: mi amiga Paula. Esta vez no hubieron fotos ni tanta repercusión, supongo que porque no había ningún mallorquín en la sala. 

Para finalizar cantó el tema que, desde hace años, cierra siempre sus conciertos, 'Como una flor'. Mientras sonaban las primeras notas, Malú aprovechó para agradecernos la asistencia y la entrega, además de animarnos a volver a alguno de sus conciertos: "Espero volveros a veros muy pronto". Mi bandera multicolor (más conocida como 'bandera gay') ya reposaba sobre mis hombros, preparada para ser ondeada al ritmo de 'Como una flor'. La llevé discreta, eso sí, ya que no quería llamar mucho la atención. Sólo medía 2 metros de largo (ironía modo on)... La primera parte de la canción recordaba a aquella balada que cantaba por el año 1998. Lenta y delicada.

"Encerrado en un cuerpo equivocado con mil llagas en las manos luchando por vivir, dentro del huracán que le atropella, que le asfixia y que le atrapa, que tanto le hizo sufrir... Lo importante era al fin su manera de sentir..."

Tras esos instantes de delicadeza, las guitarras eléctricas y el teclado tiñeron de Rock y música Dance el tema, en una mezcla perfecta que se transformó en toda una declaración de intenciones. El público entregado por completo, mi bandera volando por los aires, los gritos enloquecidos, las sonrisas y mucho 'ambiente' hicieron de ese momento uno de los mejores de la noche. 

Malú se divirtió en el escenario y nosotros nos divertimos, nos emocionamos y nos derretimos con ella. Junto a su banda nos obsequiaron con un show absolutamente inmejorable, dejando de lado los pequeños enfados con el personal de la sala. No había nada que reprocharle a ella y a su fantástico equipo.

Yo ya le he tomado la palabra y, a su petición de 'Espero volver a veros muy pronto', le contesté: 'Sí, el sábado en Córdoba'. Para entonces, espero traeros una nueva crónica.

Gracias, Malú.

Ana @GreenNavas