- Perdonad que os moleste, pero vosotras sois las que han actuado esta noche en el teatro, ¿verdad?
- Sí, así es.
- Vaya, ya me he enterado de que ha sido un éxito. Están toda la noche hablando de vosotras en la radio. ¿Os importa firmarme ahora un autógrafo? Es para mi hija, que le gustáis mucho.
- Claro, es un placer.
El taxista no dejaba de mirar por el retrovisor del coche y la situación empezaba a incomodar a Vanesa.
- Ya llegamos. - Le susurró Lucía al oído mientras le acariciaba la mano dulcemente.
Vanesa le dedicó una sonrisa al tiempo que miraba de reojo al retrovisor. Otra vez la mirada impertinente del taxista.
- Disculpe, ¿puede centrarse en la carretera?
- Sí, sí, lo siento.
Lucía y Vanesa bajaron del taxi y se dirigieron al hall del hotel donde se alojaban esa noche.
- ¿Qué habitación es la tuya? - Preguntó Vanesa.
- La 213. ¿Estamos cerca?
- Sí, yo estoy en la 217. ¿Piensas escaparte de madrugada para hacerme una visita? - Bromeó Vanesa.
- Jajaja, la verdad es que prefiero no tener que escaparme. ¿Te apetece que pase un rato a tu habitación?
- No me atrevía a pedírtelo, pero claro que me apetece.
Lucía y Vanesa entraron en el ascensor, seguramente pensando en su anterior encuentro. El silencio las acompañó durante el escaso minuto que tardaron en llegar a la habitación. Para romper ese pequeño momento de tensión, Lucía pasó su brazo por los hombros de Vanesa y se inclinó hacia ella, de una manera desenfadada.
- Ni que fuera la primera vez que te llevas a alguien a la habitación. - Dijo Lucía entre risas.
- Jajaja, anda, calla y pasa.
Ya dentro de la habitación, Lucía se sentó en el borde de la cama. Era bastante grande, seguramente de matrimonio, cubierta por un edredón blanco de plumas y con la cabecera llena de cojines color chocolate. Vanesa se acercó a ella y se colocó delante. Se agachó, quedándose de rodillas, y apoyó las manos en sus muslos.
- Quiero que sepas que lo de antes es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
- Joder, no me digas estas cosas... - Le contestó Lucía, como quitándole importancia.
- Lo digo en serio.
Vanesa soltó los muslos de Lucía y se levantó levemente hasta quedar a su misma altura. Puso las manos en su cara, acariciándole con los dedos, y sin dejar de mirarle. Lucía no dejaba de sonreír. Se miraron unos segundos más y, entonces, Vanesa acercó sus labios a la boca de Lucía.
- Ahora quiero ser yo la que te haga disfrutar. Déjame acariciarte. - Y la besó, muy dulcemente, pasando su lengua por cada rincón de la boca de Lucía. Cuando ésta intentaba llevar el control, Vanesa se separaba y le paraba los pies. - No, no, tú quédate quieta.
Lucía se tumbó de espaldas sobre la cama y Vanesa se colocó a horcajadas sobre ella, sentándose sobre su vientre. Comenzó a acariciarle por debajo de la camiseta mientras Lucía posaba las manos en sus muslos. Vanesa continuó con sus caricias, sin dejar de mirarle en ningún momento. A cada caricia nueva, Lucía le sonreía. Los dedos de Vanesa jugaban por debajo del sujetador, tímidamente.
- Quítate la camiseta, que me molesta. - Le pidió Vanesa.
- ¿No me has dicho que me esté quieta? Hazlo tú, ¿no? - Se rió Lucía.
Vanesa la levantó bruscamente y le quitó la camiseta y el sujetador.
- Hala, eso te pasa por borde. - Dijo en tono desafiante.
Lucía, asombrada, no supo responderle.
Vanesa se inclinó sobre el pecho de Lucía y comenzó a besarlo y a acariciarlo con su lengua. Estar entre sus senos la hacía enloquecer, tanto que se le escapaba algún mordisco.
- Joder, Vanesa. - Las manos de Lucía se agarraban fuertemente al culo de Vanesa, apretándolo cada vez que ella le mordía.
A pesar de los quejidos de Lucía, parecía que no le molestaba que Vanesa hiciera eso que estaba haciendo.
- ¿Te gusta, cariño?
- Joder si me gusta... - Suspiró Lucía.
Vanesa dejó de besarle los pechos y comenzó a bajar por su vientre, colocando las manos alrededor de su cintura. Separó su mano derecha y buscó torpemente la cremallera del pantalón de Lucía, pero no acertaba a desabrocharlo.
- ¿Te ayudo? - Preguntó Lucía.
Vanesa no tuvo tiempo de contestarle, ya había conseguido desabrocharle el pantalón. La levantó de la cama y se lo quitó, llevándose detrás las braguitas.
- No es justo, tú sigues vestida. - Dijo Lucía.
- Eso tiene fácil solución.
Vanesa se despojó rápidamente de su camisa y sus pantalones, mientras Lucía le quitaba la ropa interior.
Lucía y Vanesa estaban desnudas sobre aquella cama, mirándose. Dedicaron unos segundos a observarse con el silencio como única compañía. No existía nadie más. No había nadie que pudiera estropear ese momento. Después de recorrerse con la mirada, sus ojos se encontraron y ya nada pudo pararlas. Vanesa se abalanzó sobre Lucía y continuó besándola por todas partes. Pasaba su lengua por sus brazos, por su pecho, por su vientre. Bajó por sus piernas hasta llegar a sus pies y, entonces, subió de nuevo hasta llegar a su sexo. Vanesa lo acarició suavemente, a lo que Lucía respondió con un gemido. Vanesa siguió lamiéndolo más rápido y fuerte. Por un momento parecía que se lo iba a comer de verdad. Lucía gimió de nuevo. Vanesa se ayudó de su mano para acariciarla y, mientras su lengua corría por el sexo de Lucía, sus dedos se adentraban lentamente en él, balanceándose muy suave. Lucía no podía dejar de gemir ya. Los dedos de Vanesa jugaban velozmente en su interior.
- Joder, Vanesa, cómo me estás poniendo.
Vanesa no pudo contestarle, su boca no quería separarse de allí. Saboreaba el deseo de estar con ella, empapándose de su propio placer.
- No podré aguantar mucho más... - Dijo Lucía.
Vanesa le contestó acelerando sus movimientos. Sus dedos cada vez iban más deprisa. Su lengua no podía parar de acariciarla.
- Ooh, ¿qué estás haciendo conmigo? Quiero correrme ya... - Suplicó Lucía.
Vanesa levantó la mirada un segundo y, separándose de su sexo, la miró y le sonrió. Entonces continuó lamiéndole hasta que Lucía no pudo más y se dejó llevar. La boca de Vanesa se llenó de ella...
Vanesa se levantó y se incorporó en la cama, para acostarse después al lado de Lucía.
- Mírate. Estás preciosa. - Le dijo Vanesa.
- ¿Preciosa? Estoy sudando.
- Por eso. Es la mejor imagen que tengo de ti. Sudando entre mis brazos.
Lucía cogió la mano derecha de Vanesa y la apoyó sobre su cintura, al mismo tiempo que la rodeó con su pierna izquierda.
- Ahora sí que estoy entre tus brazos. - Sonrió Lucía.
Y así se quedaron toda la noche...
DONDE SOLO ESPERABAS CRÍTICAS Y SOLEDAD. DONDE ANHELABAS LA LIBERTAD QUE ENCONTRASTE TIEMPO ATRÁS. DONDE NECESITABAS CERRAR LA BOCA PARA HABLAR. DONDE TE TRAGABAS TODAS ESAS PALABRAS QUE ANTES GRITABAS. DONDE, AL FIN, ENCONTRASTE LA PAZ...
miércoles, 20 de febrero de 2013
martes, 19 de febrero de 2013
Trenes o amigos.
Volviendo al presente de mi pasado, me encontraba confusa, metida en una relación de "amistad" que me hacía más daño que bien. Y digo "amistad" entre comillas porque no sé si el término está bien utilizado. Así que busqué la definición de esta palabra...
La amistad se demuestra en la preocupación por el amigo, interesándose por su bienestar, por sus problemas y logros. Por esto procura reunirse, comunicarse o convivir con él. Un amigo es el que está en todo momento, el que te levanta cuando estás decaído. Es en la confusión donde la amistad se pone a prueba.
¡Qué curioso! La confusión, es ahí donde la amistad se pone a prueba. Supongo que quiere decir que es en los malos momentos, cuando tienes un problema, cuando estás triste... ¿no? Precisamente ahí, cuando surgen problemas y malentendidos, es cuando una amistad debería hacerse fuerte y no romperse.
Las mías siempre han acabado desquebrajadas y me preocupaba que ésta también terminase así. Me preocupaba y me dolía, porque ya no sabía qué más hacer, cómo comportarme. Si era yo misma, mal. Si pretendía ser más atenta, fatal. Si pasaba de todo, peor. Lo más seguro es que yo sintiera mucho más que tú y que quisiera una relación más fuerte y estrecha. Que me apeteciera verte un día fuera de nuestros horarios habituales o que quisiera aprovechar cada minuto que pasaba contigo. Que quisiera darte un abrazo y, respetándote, no te lo diera... Y esas ganas acabara tragándomelas.
El tiempo me va dando la razón. El tiempo y los hechos. No fuiste más que un tren pasajero que hizo parada en mi estación. Disfrutaste del viaje, pero quisiste seguir la marcha... sin mí. Y no hay día en que no agradezca que te marchases. Así otros trenes encuentran la estación vacía y pueden seguir parando.
Bienvenidos...
La amistad se demuestra en la preocupación por el amigo, interesándose por su bienestar, por sus problemas y logros. Por esto procura reunirse, comunicarse o convivir con él. Un amigo es el que está en todo momento, el que te levanta cuando estás decaído. Es en la confusión donde la amistad se pone a prueba.
¡Qué curioso! La confusión, es ahí donde la amistad se pone a prueba. Supongo que quiere decir que es en los malos momentos, cuando tienes un problema, cuando estás triste... ¿no? Precisamente ahí, cuando surgen problemas y malentendidos, es cuando una amistad debería hacerse fuerte y no romperse.
Las mías siempre han acabado desquebrajadas y me preocupaba que ésta también terminase así. Me preocupaba y me dolía, porque ya no sabía qué más hacer, cómo comportarme. Si era yo misma, mal. Si pretendía ser más atenta, fatal. Si pasaba de todo, peor. Lo más seguro es que yo sintiera mucho más que tú y que quisiera una relación más fuerte y estrecha. Que me apeteciera verte un día fuera de nuestros horarios habituales o que quisiera aprovechar cada minuto que pasaba contigo. Que quisiera darte un abrazo y, respetándote, no te lo diera... Y esas ganas acabara tragándomelas.
El tiempo me va dando la razón. El tiempo y los hechos. No fuiste más que un tren pasajero que hizo parada en mi estación. Disfrutaste del viaje, pero quisiste seguir la marcha... sin mí. Y no hay día en que no agradezca que te marchases. Así otros trenes encuentran la estación vacía y pueden seguir parando.
Bienvenidos...
domingo, 17 de febrero de 2013
Ropa desordenada (I)
La noche prometía un espectáculo inmejorable. Por fin, en un mismo escenario, dos de las mejores cantantes del momento. Su público hacía tiempo que lo pedía y ellas habían accedido a complacerles. Se esperaba un lleno absoluto...
Las puertas del teatro se abrieron y las butacas comenzaron a ocuparse. Mientras, Lucía y Vanesa, observaban atónitas la escena.
- Vanesa, va a ser una noche única... ¿Estás nerviosa?
- La verdad es que sí, un poco. Nunca pensé que cantaríamos juntas delante de tanta gente.
Se miraron y sonrieron. En sus ojos se podía ver la ilusión que les producía poder actuar en ese teatro lleno de gente.
Faltaban apenas diez minutos para que comenzara el concierto y los fans no dejaban de corear sus nombres. Los nervios estaban a flor de piel. Lucía estaba impaciente por salir y, de vez en cuando, se le escapaba una carcajada. No dejaba de mirar hacia fuera, observando a toda esa gente que esperaba por ellas. Sin embargo, Vanesa se mostraba mucho más serena. Tenía la guitarra entre sus manos y rasgó sus cuerdas, entonando los acordes de una canción... "No... no quiero barreras que me puedan contener, no quiero tus manos que me puedan convencer, no quiero perder las riendas de mi corazón...". Lucía dejó por un momento de mirar a sus fans y se giró hacia Vanesa.
- ¿Cantas ese tema? No lo hemos ensayado...
- No, no, lo he tocado no sé porqué. Perdona.
- Bueno, si quieres improvisar, podemos hacerlo sin la banda. No te preocupes.
- Claro, no hay problema.
Las luces se apagaron y el público enloqueció al escuchar las primeras notas de 'Sintiéndonos'. Lucía y Vanesa aparecieron en escena entre los aplausos, cada una desde una esquina del escenario y, al encontrarse en el centro se fundieron en un abrazo. El concierto no podía empezar de mejor manera... "Reconozco que me gusta sentir que me andas buscando... soy tan tuya que ni yo, ni yo misma me lo aguanto".
Lucía y Vanesa fueron desgranando uno a uno sus temas más conocidos, desde 'Blanco y negro' hasta 'Durmiendo sola', pasando por 'No te pude retener', ya fuera a dúo o en solitario. A nadie se le escapaban las miradas de complicidad que se dedicaban de vez en cuando. Estaba claro que había mucha química entre ellas.
El momento álgido de la noche llegó con la última canción, después de casi tres horas de concierto. Tocaba ponerle el broche a tan mágico espectáculo y el tema elegido para hacerlo fue 'Ropa desordenada': "Será lo que tenga que ser, si aún nos late la piel y soltamos las riendas... Seguimos queriendo y queriendo jugar, y al final nuestra ropa quedó desordenada".
Las paredes del teatro nunca antes habían escuchado una ovación como aquella. Los gritos y aplausos consiguieron emocionar a ambas cantantes, que no dejaban de sonreír y de mirar asombradas a todo ese público que se había pasado la noche disfrutando con su show. Vanesa agarró con fuerza a Lucía por la cintura, acercándola hacia ella.
- Ha sido una noche perfecta.
- La noche todavía no ha terminado. - Contestó Lucía.
La serenidad que había demostrado Vanesa durante toda la noche se desvaneció al escuchar esas palabras y no dejó de darle vueltas a esa frase hasta llegar al camerino.
- ¿Qué quisiste decir antes?
- Dije muchas cosas antes. ¿A qué te refieres? - Se rió Lucía.
- Aquello de que "la noche todavía no ha terminado".
Lucía se acercó a Vanesa y le cogió de las manos, sin dejar de mirárselas. Le agarró el dedo corazón de la mano izquierda y se lo acarició lentamente.
- Me gustan tus manos... ¿Cómo ha sido eso que has cantado antes de salir? "No... no quiero barreras que me puedan contener, no quiero tus manos que me puedan convencer, no quiero perder las riendas de mi corazón...". Era esa, ¿verdad?
- Sí, ya te dije que no sé por qué la canté.
- Pensaba que querías decirme algo.
- La verdad es que... - Lucía interrumpió a Vanesa tapándole la boca con la mano.
- Ya da igual... - Vanesa le apartó la mano a Lucía.
- No da igual... - Y la acercó contra ella, de igual manera que había hecho al finalizar el concierto.
Entre ellas no cabía un hilo de aire. El silencio era lo único que las acompañaba. Se quedaron mirándose, sin pestañear, esperando una señal para romper la quietud de ese momento. Lucía bajó su mirada, poniendo sus ojos en la boca de Vanesa... Los labios de ella permanecían entreabiertos pero se cerraron de golpe al darse cuenta de esa mirada. Era demasiado tarde. Lucía se deshizo de las manos de Vanesa, la empujó con fuerza contra la puerta de su camerino y con las manos liberadas le agarró de sus muñecas.
- Si no da igual, dime qué querías decirme con esa canción. - Susurró Lucía al oído de Vanesa.
- ¿Tú qué crees?
Lucía besó a Vanesa, sólo un segundo, y al separarse la miró.
- ¿Querías esto?
- Las dos lo queríamos.
Vanesa y Lucía comenzaron a besarse de nuevo, esta vez con prisa. Sus manos comenzaron a jugar por debajo de la ropa mientras sus bocas no conseguían separarse 'ni un segundo'. Lucía se apresuró por desabrocharle la camisa a Vanesa, pero ésta le pidió calma.
- Antes quiero disfrutar un poco más de tus labios. No sabes cuánto tiempo hace que deseo este momento.
Lucía continuó besándola, jugando con su lengua entre sus dientes. Si había alguna pausa podía observar cómo Vanesa se mordía levemente el labio inferior. Casi se lo arrancaba de la fuerza que ponía en él.
- No hagas eso que no respondo... - Dijo Lucía.
- Hazlo tú si quieres...
Lucía empujó a Vanesa contra la cama y se quedó por unos segundos encima de ella. Vanesa ya no quería esperar.
- 'Arráncame' la ropa y hazme el amor.
Esas palabras desataron a Lucía, que se arrancó la camiseta con fuerza para después desabrochar la camisa de Vanesa, al tiempo que no dejaba de besarla por el cuello, por el pecho, por el vientre... Sus manos jugaban con sus pezones y sus labios se apresuraban en lamer cada rincón de su cuerpo. Estaban a punto de estallar. Lucía pasó su lengua por los pechos de Vanesa, primero muy suave, para terminar succionando con agresividad. Vanesa no podía esperar más...
- Por favor, házmelo 'aquí y ahora', quiero sentirte dentro.
Lucía comenzó a bajar su mano por el vientre de Vanesa hasta llegar a la cintura de su pantalón. Hizo un círculo con su dedo índice y le desabrochó los botones, liberándole de ellos después. Entonces bajó ella también y se quedó apoyada en sus piernas, que se abrieron para recibirla. Lucía introdujo su mano en las braguitas de Vanesa, mientras con la otra le acariciaba los muslos. Rápidamente se empapó de ella.
- ¿Has visto cómo estás? - Le preguntó Lucía.
- Ha sido demasiado tiempo esperándote.
Lucía comenzó a jugar con sus dedos, acariciando a Vanesa muy lentamente. Poco a poco iba aumentando el ritmo, al compás de los gemidos de Vanesa. Introdujo primero un dedo, balanceándolo con rapidez. Los gemidos cada vez eran más intensos. Introdujo otro dedo, pero esta vez el balanceo era lento y suave. No sería difícil introducir un tercer dedo... Vanesa estaba tan excitada que no supondría ningún problema. Lucía cambió el ritmo y empezó a embestir con fuerza sus dedos, mientras acercaba su boca para acariciarle con la lengua. Vanesa estaba a punto de dejarse llevar.
- Quiero tenerte cerca... - Le pidió Vanesa.
Lucía continuó acariciándola, introduciéndose dentro de ella con sus dedos afilados, pasando sus yemas suavemente por su sexo, empapado de tanta espera. Se levantó y se incorporó encima de Vanesa, apoyándose pecho contra pecho, sin dejar de mirarle a los ojos. Vanesa gemía con fuerza, mordiéndose el labio casi arrancándoselo. Lucía la miró y le pidió algo para terminar.
- Abrázame con tus piernas y da 'rienda suelta' a lo que sientes.
Lucía siguió embistiendo a Vanesa con los dedos, ayudándose de la fuerza de sus piernas. En ese momento sólo eran una persona, fundidas piel con piel, abrazadas y empapándose con su sudor. Lucía sintió que era el momento y separó sus manos del sexo de Vanesa, que guardó la respiración por un segundo, para dejarse llevar después.
Entonces se abrazaron como nunca habían abrazado a nadie. Jamás habían sentido aquello, todo era tan nuevo para ellas que no podían creérselo. Se miraron, se volvieron a besar y un susurro en forma de "te quiero" acarició la oreja de Lucía, que no tardó en responderle con un "y yo a ti"...
La noche no pudo terminar mejor. Nunca se habían sentido tan 'libres'...
Las puertas del teatro se abrieron y las butacas comenzaron a ocuparse. Mientras, Lucía y Vanesa, observaban atónitas la escena.
- Vanesa, va a ser una noche única... ¿Estás nerviosa?
- La verdad es que sí, un poco. Nunca pensé que cantaríamos juntas delante de tanta gente.
Se miraron y sonrieron. En sus ojos se podía ver la ilusión que les producía poder actuar en ese teatro lleno de gente.
Faltaban apenas diez minutos para que comenzara el concierto y los fans no dejaban de corear sus nombres. Los nervios estaban a flor de piel. Lucía estaba impaciente por salir y, de vez en cuando, se le escapaba una carcajada. No dejaba de mirar hacia fuera, observando a toda esa gente que esperaba por ellas. Sin embargo, Vanesa se mostraba mucho más serena. Tenía la guitarra entre sus manos y rasgó sus cuerdas, entonando los acordes de una canción... "No... no quiero barreras que me puedan contener, no quiero tus manos que me puedan convencer, no quiero perder las riendas de mi corazón...". Lucía dejó por un momento de mirar a sus fans y se giró hacia Vanesa.
- ¿Cantas ese tema? No lo hemos ensayado...
- No, no, lo he tocado no sé porqué. Perdona.
- Bueno, si quieres improvisar, podemos hacerlo sin la banda. No te preocupes.
- Claro, no hay problema.
Las luces se apagaron y el público enloqueció al escuchar las primeras notas de 'Sintiéndonos'. Lucía y Vanesa aparecieron en escena entre los aplausos, cada una desde una esquina del escenario y, al encontrarse en el centro se fundieron en un abrazo. El concierto no podía empezar de mejor manera... "Reconozco que me gusta sentir que me andas buscando... soy tan tuya que ni yo, ni yo misma me lo aguanto".
Lucía y Vanesa fueron desgranando uno a uno sus temas más conocidos, desde 'Blanco y negro' hasta 'Durmiendo sola', pasando por 'No te pude retener', ya fuera a dúo o en solitario. A nadie se le escapaban las miradas de complicidad que se dedicaban de vez en cuando. Estaba claro que había mucha química entre ellas.
El momento álgido de la noche llegó con la última canción, después de casi tres horas de concierto. Tocaba ponerle el broche a tan mágico espectáculo y el tema elegido para hacerlo fue 'Ropa desordenada': "Será lo que tenga que ser, si aún nos late la piel y soltamos las riendas... Seguimos queriendo y queriendo jugar, y al final nuestra ropa quedó desordenada".
Las paredes del teatro nunca antes habían escuchado una ovación como aquella. Los gritos y aplausos consiguieron emocionar a ambas cantantes, que no dejaban de sonreír y de mirar asombradas a todo ese público que se había pasado la noche disfrutando con su show. Vanesa agarró con fuerza a Lucía por la cintura, acercándola hacia ella.
- Ha sido una noche perfecta.
- La noche todavía no ha terminado. - Contestó Lucía.
La serenidad que había demostrado Vanesa durante toda la noche se desvaneció al escuchar esas palabras y no dejó de darle vueltas a esa frase hasta llegar al camerino.
- ¿Qué quisiste decir antes?
- Dije muchas cosas antes. ¿A qué te refieres? - Se rió Lucía.
- Aquello de que "la noche todavía no ha terminado".
Lucía se acercó a Vanesa y le cogió de las manos, sin dejar de mirárselas. Le agarró el dedo corazón de la mano izquierda y se lo acarició lentamente.
- Me gustan tus manos... ¿Cómo ha sido eso que has cantado antes de salir? "No... no quiero barreras que me puedan contener, no quiero tus manos que me puedan convencer, no quiero perder las riendas de mi corazón...". Era esa, ¿verdad?
- Sí, ya te dije que no sé por qué la canté.
- Pensaba que querías decirme algo.
- La verdad es que... - Lucía interrumpió a Vanesa tapándole la boca con la mano.
- Ya da igual... - Vanesa le apartó la mano a Lucía.
- No da igual... - Y la acercó contra ella, de igual manera que había hecho al finalizar el concierto.
Entre ellas no cabía un hilo de aire. El silencio era lo único que las acompañaba. Se quedaron mirándose, sin pestañear, esperando una señal para romper la quietud de ese momento. Lucía bajó su mirada, poniendo sus ojos en la boca de Vanesa... Los labios de ella permanecían entreabiertos pero se cerraron de golpe al darse cuenta de esa mirada. Era demasiado tarde. Lucía se deshizo de las manos de Vanesa, la empujó con fuerza contra la puerta de su camerino y con las manos liberadas le agarró de sus muñecas.
- Si no da igual, dime qué querías decirme con esa canción. - Susurró Lucía al oído de Vanesa.
- ¿Tú qué crees?
Lucía besó a Vanesa, sólo un segundo, y al separarse la miró.
- ¿Querías esto?
- Las dos lo queríamos.
Vanesa y Lucía comenzaron a besarse de nuevo, esta vez con prisa. Sus manos comenzaron a jugar por debajo de la ropa mientras sus bocas no conseguían separarse 'ni un segundo'. Lucía se apresuró por desabrocharle la camisa a Vanesa, pero ésta le pidió calma.
- Antes quiero disfrutar un poco más de tus labios. No sabes cuánto tiempo hace que deseo este momento.
Lucía continuó besándola, jugando con su lengua entre sus dientes. Si había alguna pausa podía observar cómo Vanesa se mordía levemente el labio inferior. Casi se lo arrancaba de la fuerza que ponía en él.
- No hagas eso que no respondo... - Dijo Lucía.
- Hazlo tú si quieres...
Lucía empujó a Vanesa contra la cama y se quedó por unos segundos encima de ella. Vanesa ya no quería esperar.
- 'Arráncame' la ropa y hazme el amor.
Esas palabras desataron a Lucía, que se arrancó la camiseta con fuerza para después desabrochar la camisa de Vanesa, al tiempo que no dejaba de besarla por el cuello, por el pecho, por el vientre... Sus manos jugaban con sus pezones y sus labios se apresuraban en lamer cada rincón de su cuerpo. Estaban a punto de estallar. Lucía pasó su lengua por los pechos de Vanesa, primero muy suave, para terminar succionando con agresividad. Vanesa no podía esperar más...
- Por favor, házmelo 'aquí y ahora', quiero sentirte dentro.
Lucía comenzó a bajar su mano por el vientre de Vanesa hasta llegar a la cintura de su pantalón. Hizo un círculo con su dedo índice y le desabrochó los botones, liberándole de ellos después. Entonces bajó ella también y se quedó apoyada en sus piernas, que se abrieron para recibirla. Lucía introdujo su mano en las braguitas de Vanesa, mientras con la otra le acariciaba los muslos. Rápidamente se empapó de ella.
- ¿Has visto cómo estás? - Le preguntó Lucía.
- Ha sido demasiado tiempo esperándote.
Lucía comenzó a jugar con sus dedos, acariciando a Vanesa muy lentamente. Poco a poco iba aumentando el ritmo, al compás de los gemidos de Vanesa. Introdujo primero un dedo, balanceándolo con rapidez. Los gemidos cada vez eran más intensos. Introdujo otro dedo, pero esta vez el balanceo era lento y suave. No sería difícil introducir un tercer dedo... Vanesa estaba tan excitada que no supondría ningún problema. Lucía cambió el ritmo y empezó a embestir con fuerza sus dedos, mientras acercaba su boca para acariciarle con la lengua. Vanesa estaba a punto de dejarse llevar.
- Quiero tenerte cerca... - Le pidió Vanesa.
Lucía continuó acariciándola, introduciéndose dentro de ella con sus dedos afilados, pasando sus yemas suavemente por su sexo, empapado de tanta espera. Se levantó y se incorporó encima de Vanesa, apoyándose pecho contra pecho, sin dejar de mirarle a los ojos. Vanesa gemía con fuerza, mordiéndose el labio casi arrancándoselo. Lucía la miró y le pidió algo para terminar.
- Abrázame con tus piernas y da 'rienda suelta' a lo que sientes.
Lucía siguió embistiendo a Vanesa con los dedos, ayudándose de la fuerza de sus piernas. En ese momento sólo eran una persona, fundidas piel con piel, abrazadas y empapándose con su sudor. Lucía sintió que era el momento y separó sus manos del sexo de Vanesa, que guardó la respiración por un segundo, para dejarse llevar después.
Entonces se abrazaron como nunca habían abrazado a nadie. Jamás habían sentido aquello, todo era tan nuevo para ellas que no podían creérselo. Se miraron, se volvieron a besar y un susurro en forma de "te quiero" acarició la oreja de Lucía, que no tardó en responderle con un "y yo a ti"...
La noche no pudo terminar mejor. Nunca se habían sentido tan 'libres'...
sábado, 16 de febrero de 2013
Bienvenidxs.
Entonces se abrazaron como nunca habían abrazado a nadie.
Jamás habían sentido aquello, todo era tan nuevo para ellas que no podían creérselo...
Se miraron, se volvieron a besar y un susurro en forma de "te quiero" acarició la oreja de Lucía, que no tardó en responderle con un "y yo a ti"...
La noche no pudo terminar mejor
Nunca se habían sentido tan ‘libres’
A través de este blog yo también me sentiré más libre. Os espero,
Ana.
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