- Perdonad que os moleste, pero vosotras sois las que han actuado esta noche en el teatro, ¿verdad?
- Sí, así es.
- Vaya, ya me he enterado de que ha sido un éxito. Están toda la noche hablando de vosotras en la radio. ¿Os importa firmarme ahora un autógrafo? Es para mi hija, que le gustáis mucho.
- Claro, es un placer.
El taxista no dejaba de mirar por el retrovisor del coche y la situación empezaba a incomodar a Vanesa.
- Ya llegamos. - Le susurró Lucía al oído mientras le acariciaba la mano dulcemente.
Vanesa le dedicó una sonrisa al tiempo que miraba de reojo al retrovisor. Otra vez la mirada impertinente del taxista.
- Disculpe, ¿puede centrarse en la carretera?
- Sí, sí, lo siento.
Lucía y Vanesa bajaron del taxi y se dirigieron al hall del hotel donde se alojaban esa noche.
- ¿Qué habitación es la tuya? - Preguntó Vanesa.
- La 213. ¿Estamos cerca?
- Sí, yo estoy en la 217. ¿Piensas escaparte de madrugada para hacerme una visita? - Bromeó Vanesa.
- Jajaja, la verdad es que prefiero no tener que escaparme. ¿Te apetece que pase un rato a tu habitación?
- No me atrevía a pedírtelo, pero claro que me apetece.
Lucía y Vanesa entraron en el ascensor, seguramente pensando en su anterior encuentro. El silencio las acompañó durante el escaso minuto que tardaron en llegar a la habitación. Para romper ese pequeño momento de tensión, Lucía pasó su brazo por los hombros de Vanesa y se inclinó hacia ella, de una manera desenfadada.
- Ni que fuera la primera vez que te llevas a alguien a la habitación. - Dijo Lucía entre risas.
- Jajaja, anda, calla y pasa.
Ya dentro de la habitación, Lucía se sentó en el borde de la cama. Era bastante grande, seguramente de matrimonio, cubierta por un edredón blanco de plumas y con la cabecera llena de cojines color chocolate. Vanesa se acercó a ella y se colocó delante. Se agachó, quedándose de rodillas, y apoyó las manos en sus muslos.
- Quiero que sepas que lo de antes es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
- Joder, no me digas estas cosas... - Le contestó Lucía, como quitándole importancia.
- Lo digo en serio.
Vanesa soltó los muslos de Lucía y se levantó levemente hasta quedar a su misma altura. Puso las manos en su cara, acariciándole con los dedos, y sin dejar de mirarle. Lucía no dejaba de sonreír. Se miraron unos segundos más y, entonces, Vanesa acercó sus labios a la boca de Lucía.
- Ahora quiero ser yo la que te haga disfrutar. Déjame acariciarte. - Y la besó, muy dulcemente, pasando su lengua por cada rincón de la boca de Lucía. Cuando ésta intentaba llevar el control, Vanesa se separaba y le paraba los pies. - No, no, tú quédate quieta.
Lucía se tumbó de espaldas sobre la cama y Vanesa se colocó a horcajadas sobre ella, sentándose sobre su vientre. Comenzó a acariciarle por debajo de la camiseta mientras Lucía posaba las manos en sus muslos. Vanesa continuó con sus caricias, sin dejar de mirarle en ningún momento. A cada caricia nueva, Lucía le sonreía. Los dedos de Vanesa jugaban por debajo del sujetador, tímidamente.
- Quítate la camiseta, que me molesta. - Le pidió Vanesa.
- ¿No me has dicho que me esté quieta? Hazlo tú, ¿no? - Se rió Lucía.
Vanesa la levantó bruscamente y le quitó la camiseta y el sujetador.
- Hala, eso te pasa por borde. - Dijo en tono desafiante.
Lucía, asombrada, no supo responderle.
Vanesa se inclinó sobre el pecho de Lucía y comenzó a besarlo y a acariciarlo con su lengua. Estar entre sus senos la hacía enloquecer, tanto que se le escapaba algún mordisco.
- Joder, Vanesa. - Las manos de Lucía se agarraban fuertemente al culo de Vanesa, apretándolo cada vez que ella le mordía.
A pesar de los quejidos de Lucía, parecía que no le molestaba que Vanesa hiciera eso que estaba haciendo.
- ¿Te gusta, cariño?
- Joder si me gusta... - Suspiró Lucía.
Vanesa dejó de besarle los pechos y comenzó a bajar por su vientre, colocando las manos alrededor de su cintura. Separó su mano derecha y buscó torpemente la cremallera del pantalón de Lucía, pero no acertaba a desabrocharlo.
- ¿Te ayudo? - Preguntó Lucía.
Vanesa no tuvo tiempo de contestarle, ya había conseguido desabrocharle el pantalón. La levantó de la cama y se lo quitó, llevándose detrás las braguitas.
- No es justo, tú sigues vestida. - Dijo Lucía.
- Eso tiene fácil solución.
Vanesa se despojó rápidamente de su camisa y sus pantalones, mientras Lucía le quitaba la ropa interior.
Lucía y Vanesa estaban desnudas sobre aquella cama, mirándose. Dedicaron unos segundos a observarse con el silencio como única compañía. No existía nadie más. No había nadie que pudiera estropear ese momento. Después de recorrerse con la mirada, sus ojos se encontraron y ya nada pudo pararlas. Vanesa se abalanzó sobre Lucía y continuó besándola por todas partes. Pasaba su lengua por sus brazos, por su pecho, por su vientre. Bajó por sus piernas hasta llegar a sus pies y, entonces, subió de nuevo hasta llegar a su sexo. Vanesa lo acarició suavemente, a lo que Lucía respondió con un gemido. Vanesa siguió lamiéndolo más rápido y fuerte. Por un momento parecía que se lo iba a comer de verdad. Lucía gimió de nuevo. Vanesa se ayudó de su mano para acariciarla y, mientras su lengua corría por el sexo de Lucía, sus dedos se adentraban lentamente en él, balanceándose muy suave. Lucía no podía dejar de gemir ya. Los dedos de Vanesa jugaban velozmente en su interior.
- Joder, Vanesa, cómo me estás poniendo.
Vanesa no pudo contestarle, su boca no quería separarse de allí. Saboreaba el deseo de estar con ella, empapándose de su propio placer.
- No podré aguantar mucho más... - Dijo Lucía.
Vanesa le contestó acelerando sus movimientos. Sus dedos cada vez iban más deprisa. Su lengua no podía parar de acariciarla.
- Ooh, ¿qué estás haciendo conmigo? Quiero correrme ya... - Suplicó Lucía.
Vanesa levantó la mirada un segundo y, separándose de su sexo, la miró y le sonrió. Entonces continuó lamiéndole hasta que Lucía no pudo más y se dejó llevar. La boca de Vanesa se llenó de ella...
Vanesa se levantó y se incorporó en la cama, para acostarse después al lado de Lucía.
- Mírate. Estás preciosa. - Le dijo Vanesa.
- ¿Preciosa? Estoy sudando.
- Por eso. Es la mejor imagen que tengo de ti. Sudando entre mis brazos.
Lucía cogió la mano derecha de Vanesa y la apoyó sobre su cintura, al mismo tiempo que la rodeó con su pierna izquierda.
- Ahora sí que estoy entre tus brazos. - Sonrió Lucía.
Y así se quedaron toda la noche...
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