domingo, 17 de febrero de 2013

Ropa desordenada (I)

La noche prometía un espectáculo inmejorable. Por fin, en un mismo escenario, dos de las mejores cantantes del momento. Su público hacía tiempo que lo pedía y ellas habían accedido a complacerles. Se esperaba un lleno absoluto...

Las puertas del teatro se abrieron y las butacas comenzaron a ocuparse. Mientras, Lucía y Vanesa, observaban atónitas la escena.
- Vanesa, va a ser una noche única... ¿Estás nerviosa?
- La verdad es que sí, un poco. Nunca pensé que cantaríamos juntas delante de tanta gente.
Se miraron y sonrieron. En sus ojos se podía ver la ilusión que les producía poder actuar en ese teatro lleno de gente.

Faltaban apenas diez minutos para que comenzara el concierto y los fans no dejaban de corear sus nombres. Los nervios estaban a flor de piel. Lucía estaba impaciente por salir y, de vez en cuando, se le escapaba una carcajada. No dejaba de mirar hacia fuera, observando a toda esa gente que esperaba por ellas. Sin embargo, Vanesa se mostraba mucho más serena. Tenía la guitarra entre sus manos y rasgó sus cuerdas, entonando los acordes de una canción... "No... no quiero barreras que me puedan contener, no quiero tus manos que me puedan convencer, no quiero perder las riendas de mi corazón...". Lucía dejó por un momento de mirar a sus fans y se giró hacia Vanesa.
- ¿Cantas ese tema? No lo hemos ensayado...
- No, no, lo he tocado no sé porqué. Perdona.
- Bueno, si quieres improvisar, podemos hacerlo sin la banda. No te preocupes.
- Claro, no hay problema.

Las luces se apagaron y el público enloqueció al escuchar las primeras notas de 'Sintiéndonos'. Lucía y Vanesa aparecieron en escena entre los aplausos, cada una desde una esquina del escenario y, al encontrarse en el centro se fundieron en un abrazo. El concierto no podía empezar de mejor manera... "Reconozco que me gusta sentir que me andas buscando... soy tan tuya que ni yo, ni yo misma me lo aguanto".

Lucía y Vanesa fueron desgranando uno a uno sus temas más conocidos, desde 'Blanco y negro' hasta 'Durmiendo sola', pasando por 'No te pude retener', ya fuera a dúo o en solitario. A nadie se le escapaban las miradas de complicidad que se dedicaban de vez en cuando. Estaba claro que había mucha química entre ellas.

El momento álgido de la noche llegó con la última canción, después de casi tres horas de concierto. Tocaba ponerle el broche a tan mágico espectáculo y el tema elegido para hacerlo fue 'Ropa desordenada': "Será lo que tenga que ser, si aún nos late la piel y soltamos las riendas... Seguimos queriendo y queriendo jugar, y al final nuestra ropa quedó desordenada".

Las paredes del teatro nunca antes habían escuchado una ovación como aquella. Los gritos y aplausos consiguieron emocionar a ambas cantantes, que no dejaban de sonreír y de mirar asombradas a todo ese público que se había pasado la noche disfrutando con su show. Vanesa agarró con fuerza a Lucía por la cintura, acercándola hacia ella.
- Ha sido una noche perfecta.
- La noche todavía no ha terminado. - Contestó Lucía.

La serenidad que había demostrado Vanesa durante toda la noche se desvaneció al escuchar esas palabras y no dejó de darle vueltas a esa frase hasta llegar al camerino.
- ¿Qué quisiste decir antes?
- Dije muchas cosas antes. ¿A qué te refieres? - Se rió Lucía.
- Aquello de que "la noche todavía no ha terminado".
Lucía se acercó a Vanesa y le cogió de las manos, sin dejar de mirárselas. Le agarró el dedo corazón de la mano izquierda y se lo acarició lentamente.
- Me gustan tus manos... ¿Cómo ha sido eso que has cantado antes de salir? "No... no quiero barreras que me puedan contener, no quiero tus manos que me puedan convencer, no quiero perder las riendas de mi corazón...". Era esa, ¿verdad?
- Sí, ya te dije que no sé por qué la canté.
- Pensaba que querías decirme algo.
- La verdad es que... - Lucía interrumpió a Vanesa tapándole la boca con la mano. 
- Ya da igual... - Vanesa le apartó la mano a Lucía. 
- No da igual... - Y la acercó contra ella, de igual manera que había hecho al finalizar el concierto.
Entre ellas no cabía un hilo de aire. El silencio era lo único que las acompañaba. Se quedaron mirándose, sin pestañear, esperando una señal para romper la quietud de ese momento. Lucía bajó su mirada, poniendo sus ojos en la boca de Vanesa... Los labios de ella permanecían entreabiertos pero se cerraron de golpe al darse cuenta de esa mirada. Era demasiado tarde. Lucía se deshizo de las manos de Vanesa, la empujó con fuerza contra la puerta de su camerino y con las manos liberadas le agarró de sus muñecas.
- Si no da igual, dime qué querías decirme con esa canción. - Susurró Lucía al oído de Vanesa.
- ¿Tú qué crees?
Lucía besó a Vanesa, sólo un segundo, y al separarse la miró.
- ¿Querías esto?
- Las dos lo queríamos.
Vanesa y Lucía comenzaron a besarse de nuevo, esta vez con prisa. Sus manos comenzaron a jugar por debajo de la ropa mientras sus bocas no conseguían separarse 'ni un segundo'. Lucía se apresuró por desabrocharle la camisa a Vanesa, pero ésta le pidió calma.
- Antes quiero disfrutar un poco más de tus labios. No sabes cuánto tiempo hace que deseo este momento.
Lucía continuó besándola, jugando con su lengua entre sus dientes. Si había alguna pausa podía observar cómo Vanesa se mordía levemente el labio inferior. Casi se lo arrancaba de la fuerza que ponía en él.
- No hagas eso que no respondo... - Dijo Lucía.
- Hazlo tú si quieres...
Lucía empujó a Vanesa contra la cama y se quedó por unos segundos encima de ella. Vanesa ya no quería esperar.
- 'Arráncame' la ropa y hazme el amor.
Esas palabras desataron a Lucía, que se arrancó la camiseta con fuerza para después desabrochar la camisa de Vanesa, al tiempo que no dejaba de besarla por el cuello, por el pecho, por el vientre... Sus manos jugaban con sus pezones y sus labios se apresuraban en lamer cada rincón de su cuerpo. Estaban a punto de estallar. Lucía pasó su lengua por los pechos de Vanesa, primero muy suave, para terminar succionando con agresividad. Vanesa no podía esperar más...
- Por favor, házmelo 'aquí y ahora', quiero sentirte dentro.
Lucía comenzó a bajar su mano por el vientre de Vanesa hasta llegar a la cintura de su pantalón. Hizo un círculo con su dedo índice y le desabrochó los botones, liberándole de ellos después. Entonces bajó ella también y se quedó apoyada en sus piernas, que se abrieron para recibirla. Lucía introdujo su mano en las braguitas de Vanesa, mientras con la otra le acariciaba los muslos. Rápidamente se empapó de ella.
- ¿Has visto cómo estás? - Le preguntó Lucía.
- Ha sido demasiado tiempo esperándote.
Lucía comenzó a jugar con sus dedos, acariciando a Vanesa muy lentamente. Poco a poco iba aumentando el ritmo, al compás de los gemidos de Vanesa. Introdujo primero un dedo, balanceándolo con rapidez. Los gemidos cada vez eran más intensos. Introdujo otro dedo, pero esta vez el balanceo era lento y suave. No sería difícil introducir un tercer dedo... Vanesa estaba tan excitada que no supondría ningún problema. Lucía cambió el ritmo y empezó a embestir con fuerza sus dedos, mientras acercaba su boca para acariciarle con la lengua. Vanesa estaba a punto de dejarse llevar.
- Quiero tenerte cerca... - Le pidió Vanesa.
Lucía continuó acariciándola, introduciéndose dentro de ella con sus dedos afilados, pasando sus yemas suavemente por su sexo, empapado de tanta espera. Se levantó y se incorporó encima de Vanesa, apoyándose pecho contra pecho, sin dejar de mirarle a los ojos. Vanesa gemía con fuerza, mordiéndose el labio casi arrancándoselo. Lucía la miró y le pidió algo para terminar.
- Abrázame con tus piernas y da 'rienda suelta' a lo que sientes.
Lucía siguió embistiendo a Vanesa con los dedos, ayudándose de la fuerza de sus piernas. En ese momento sólo eran una persona, fundidas piel con piel, abrazadas y empapándose con su sudor. Lucía sintió que era el momento y separó sus manos del sexo de Vanesa, que guardó la respiración por un segundo, para dejarse llevar después.

Entonces se abrazaron como nunca habían abrazado a nadie. Jamás habían sentido aquello, todo era tan nuevo para ellas que no podían creérselo. Se miraron, se volvieron a besar y un susurro en forma de "te quiero" acarició la oreja de Lucía, que no tardó en responderle con un "y yo a ti"...

La noche no pudo terminar mejor. Nunca se habían sentido tan 'libres'...

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