miércoles, 31 de julio de 2013

Young innocence (VI). Entre mensajes.

Llegué a mi casa casi a la hora de cenar, después de haber pasado toda la tarde encerrada en el apartamento de Ainhoa. Conforme abría la puerta empecé a imaginarme a mi madre haciéndome un interrogatorio sobre dónde había estado y por qué había tardado tanto en llegar. Sin embargo, al abrir, no me pareció que hubiera nadie. Todas las luces estaban apagadas y no se escuchaba el ruido de la tele al ir acercándome a la sala de estar. Mi madre siempre suele tener la tele encendida cuando está en casa, aunque ella esté en la cocina o en la terraza haciendo algo. Es una manía que también yo he heredado. Deduje que no estaban... Recordé entonces que mis padres habían salido a comer. Como mi padre vive fuera, cuando viene suele aprovechar y pasar más tiempo con mi madre. Seguramente habrían ido al cine o a dar un paseo al terminar. Dejé mi bolso sobre la mesa, saqué el teléfono móvil y me senté en el sofá para esperar a que llegasen. Otra de mis malas costumbres es que siempre llevo el móvil en silencio, por lo que casi nunca suelo leer los mensajes cuando me llegan, a no ser que en ese momento tenga el teléfono entre manos. Esa vez no fue diferente. Miré el móvil y vi que tenía un mensaje de Ainhoa desde hacía casi media hora.


"¿Por qué eres tan maravillosa? Ya estoy deseando volver a verte... 
Kisses. Ainhoa."

¡Ay, Dios! Debió escribirme ese mensaje justo en el momento en que salía de su apartamento. No me la imaginaba tan tierna... Conforme lo leí, un escalofrío recorrió mi cuerpo y comencé a reír como una completa idiota. Aún no era plenamente consciente, pero esa tarde había sido la tarde más maravillosa de mi vida. Maravillosa, la misma palabra que había usado Ainhoa para definirme... Bueno, en realidad me había preguntado por qué lo eran tanto. Uff, ¿todo esto me estaba pasando a mí? Cada vez que recordaba sus ojos mirándome y recorriéndome de arriba a abajo me estremecía. Mi único deseo era que pasaran rápidas las horas y así volver a verla. No podía ser más feliz en ese momento. 

De un salto, me levanté del sofá y fui corriendo hacia mi habitación para poner algo de música. Elegí una canción bastante significativa para mí. Una canción que llevaba escuchando desde hacía semanas y que me hacía pensar en todo lo que sentía por Ainhoa. James Arthur y su "Impossible" empezó a sonar en mi reproductor. Aprovechando que estaba sola me dejé llevar por la música y comencé a cantar a voz en grito. Corrí por el pasillo hasta llegar de nuevo a la sala de estar. La música sonaba a todo volumen y, por encima de ella, mi sonora voz hacía énfasis en algunas frases de la canción.

"Tell them what I hoped would be impossible... impossible... impossible..."
Diles que lo que tanto esperé era imposible...

Ya no volvería a escucharla de la misma manera. Lo que yo creía imposible se había convertido esa tarde en la realidad más dulce. Exploté y grité de alegría.

- Laura, ¿¡estás loca o qué te pasa!?
Completamente convencida de que estaba sola, me había dejado llevar por la música y por la emoción contenida y había terminado cantando sobre el sofá. Sí, puede parecer ridículo... Bueno, era ridículo. Sobre todo cuando me vi sorprendida por mi hermano, que miraba desde la puerta del salón con cara de alucine.
- ¿¡Qué haces!? - Me volvió a preguntar gritando.
Me preguntó algo más, pero los altos decibelios de la música no me permitían escucharle del todo bien.
- Joder, Álvaro, pensé que no había nadie... - Le contesté avergonzada mientras bajaba del sofá.
Fui de nuevo hacia mi habitación pasando por delante de él. Al hacerlo, sentí cómo me miraba de arriba a abajo con una expresión que parecía preguntar cuál era el motivo para tanto desenfreno. Quité la música y volví a la sala de estar. Al llegar, me quedé mirándole y no pude evitar reírme. Mi risa sonaba tan fuerte que él terminó también riendo como un loco.
- Estabas para vídeo, Laura. ¿Se puede saber qué te has tomado? Jajaja.
- No me he tomado nada, tonto. - Le respondí entre una sonora carcajada.
- Por algo estarás así. Es la primera vez que te veo bailar encima del sofá... - Álvaro hizo una pausa y siguió hablando. - Bueno, la primera vez desde que tenías cinco años.
- Bah, tampoco es para tanto. - Contesté encogiéndome de hombros. - Sólo es que estoy feliz. 
- ¿Feliz? - Me preguntó con una sonrisa irónica. - Diría algo, pero sería muy arriesgado.
- Mejor no digas nada.
- Sea lo que sea, me alegro de que lo estés. - Esta vez sonrió más dulcemente.
Aquella sonrisa hizo que me sintiera aún mejor. Parecía que sabía entender el motivo de mi felicidad aún sin haberle dicho nada. Supongo que es verdad eso que dicen, que "los ojos son el espejo del alma" y que hablan por sí solos. Mis ojos debían parecer dos faros encendidos en mitad de la noche, y mi sonrisa, esa que siempre se mostraba con timidez, esta vez era enorme. Gigante. Mi hermano no dejó de mirarme, sonriendo y moviendo la cabeza de lado a lado.
- Estás de un tonto... - Concluyó antes de darme un pequeño abrazo. Después se fue hacia su habitación y cerró la puerta.

Me quedé inmóvil unos minutos. En ese momento me hubiera gustado decirle a Álvaro por qué estaba así de radiante. Sé que él se iba a alegrar por mí y que lo entendería. A diferencia de otras personas, era un chico muy tolerante y abierto... Recordé que cuando le confesé a mi familia que me gustaban las chicas, estuvo muy pendiente de mí los días posteriores. Nunca más volvimos a hablar de ese tema, pero procuraba ser muy prudente al interesarse por mis idas y venidas. Lo cierto es que hubiera explotado incluso con mi madre, pero sabía que no podía, que no lo iba a entender. ¿Cómo iba a estar su hija enamorada de una profesora? Bueno, el hecho de que fuera profesora sólo hacía que complicar la situación. Dejé a un lado mis pensamientos y me senté de nuevo en el sofá. Aún tenía que contestar a Ainhoa. La pobre estaría pensando que me había olvidado de ella, y no. Quería decirle tantas cosas que no sabía ni cómo empezar. Al final, opté por un mensaje breve pero conciso.


"Soy muy feliz... Nunca me había sentido tan especial para nadie.
Te quiero. Laura."

"Te quiero". ¿Yo diciendo "te quiero"? Es de lo único que estaba segura en ese momento...

Mis padres llegaron pasadas las diez de la noche. La voz suave de mi madre me despertó de mi sueño. Más de una hora esperando habían conseguido que me durmiera profundamente.
- Hija, ¿tan pronto y durmiendo? - Me preguntó.
- Hola mamá. Ha sido tumbarme y quedarme dormida. ¿Habéis cenado ya? 
- No. Voy a preparar una ensalada y unos filetes y cenamos todos. ¿Tu hermano está?
- Sí. Está en su habitación, supongo que estudiando. - Respondí mientras me incorporaba en el sofá. Me desperecé. 
- ¿A qué hueles, Laura? - Mi madré frunció el ceño.
- ¿A qué huelo? - En ese momento no logré captar el por qué de aquella pregunta. 
Entonces se inclinó hacia mí y olisqueó como un sabueso mi pelo. 
- No sé. Será cosa mía... - Dijo mostrándome un gesto de contradicción. - Voy a preparar la cena. 
Mi madre entró en la cocina y yo me dirigí hacia el baño. No entendía cómo podía haber reconocido un olor diferente en mí. "Madres policía" creo que las llaman... Me miré en el espejo, girando la cabeza y buscando alguna prueba que le hiciera sospechar que había estado con alguien. Nada. No tenía ni una simple marquita. Pasé las manos por mi cara y sonreí recordando cómo me había acariciado Ainhoa. Me quedé mirando mi reflejo, observando mis ojos... Sí que brillaban más que nunca. ¡Joder! ¿Cómo se puede ocultar algo así? Quería gritarlo a los cuatro vientos, pero tenía que callar. 

Mientras mi madre y yo terminábamos de poner la mesa, Álvaro y mi padre charlaban en la sala de estar sobre estudios y temas de actualidad. Mi padre trabaja en Madrid y pasa largas temporadas fuera de casa. Tiene su propio bufete de abogados y le dedica tanto tiempo que es imposible que lo veamos más de 3 o 4 veces al año. Si nunca nos hemos ido con él ha sido porque mi madre no ha querido. Le gusta demasiado el clima de Valencia y el carácter de la gente de aquí. Además, toda su familia vive por esta zona y prefiere estar cerca de ellos. No sé cómo soportan estar tanto tiempo separados... Supongo que acabas acostumbrándote. Siempre digo que el día en que vuelvan a convivir juntos de continuo, se separarán. Álvaro y yo procuramos estar en contacto con él, pero el teléfono muchas veces se queda corto para tanta charla y, cuando viene, nos ponemos al día de todo lo que ha ido sucediendo. Esa noche discutían sobre política y comentaban las últimas noticias aparecidas en prensa. Mi madre se asomó al pasillo y los llamó para que acudieran a la cocina. La cena ya estaba preparada. Mi padre seguía hablando y Álvaro lo observaba realmente atento. Era como si absorbiera todo lo que él decía. Como una esponja. Es un hombre muy inteligente y cultivado y conoce al dedillo toda la actualidad socio-política. Cuando viene a casa procura darnos una charla sobre el tema para que, según él, "no nos dejemos llevar por todo lo que oímos". A mí, sinceramente, no me interesa nada de lo que nos cuenta, pero procuro parecer atenta para que no se moleste. 
- Álvaro me ha contado que te está costando sacar alguna asignatura. - Me dijo mi padre.
- Bueno, te he dicho que me pide ayuda con algún tema... - Le replicó Álvaro.
- Si te pide ayuda es porque le cuesta, ¿no? - Mi padre le interrumpió para que no se justificara por mí. Después, clavó sus ojos en los míos. - ¿Qué asignatura es?
- Uff, hay varias... - Resoplé.
- ¿Varias? Pues estás en primero. En este curso sólo darás lo básico. ¿Cuáles son esas asignaturas?
Al igual que mi padre y que mi hermano, yo había comenzado a estudiar Derecho. Era mi primer año y ya estaba harta de leyes y más leyes. Si había "escogido" esa carrera fue porque me vi casi en la obligación. Desde pequeña ha habido libros y manuales de Derecho por casa y, tanto a Álvaro como a mí, nos han llevado directos por ese camino. Elegir otra carrera hubiera sido una decepción para mi familia. 
- No me gusta nada Derecho Eclesiástico ni Derecho Romano. - Mi cara dejó entrever lo mucho que me aburría hablar de aquéllo. - No sé, papá...
- Bueno, ya te gustará. Esto no es cómo empieza, sino cómo acaba. Pero tienes que ponerte las pilas y estudiar más todavía. 
- La cuestión no es estudiar o no. Memorizar algo que no me gusta es complicado...
- Mira tu hermano, a punto de licenciarse. - Dijo ilusionado. - Ha sido un chico estudioso y trabajador y pronto recogerá los frutos de tanto esfuerzo. - Mi padre seguía hablando sin escuchar mis respuestas. Él no podía asimilar que a su hija no le interesara en absoluto su profesión.
- A Álvaro le gusta. Desde pequeño le ha apasionado este mundo. Lleva la abogacía en la sangre. - Contesté malhumorada.
- Tú también la llevas en la sangre. - Dijo mi madre con firmeza.
- Es una forma de hablar, mamá. Me habéis entendido.
- Pues es lo que te da de comer. - Matizó.
- Bueno, ¿y qué? ¿Por eso ya me tiene que gustar?
- Laura, tú esfuérzate, saca buenas notas y tendrás un puesto de trabajo asegurado. - Mi padre parecía querer zanjar la conversación, como no dando demasiado importancia a lo que yo decía. - Pero en mi bufete sólo trabajan los mejores. Recuérdalo.
- Para ser el mejor, te tiene que gustar lo que haces. - Resoplé con fuerza. - Siempre que vienes tenemos la misma discusión. Estoy estudiando lo que a ti te gusta, no me pidas también ser la mejor... sabes que no puedo.
- ¿Te esfuerzas por serlo? - Mi padre seguía ignorando mis palabras. Le daba completamente igual si me gustaba o no esa carrera. Él lo único que quería era un "sí" como respuesta. Dándole la razón se solucionaba todo. 
- Sí, me esfuerzo... Y ya no quiero discutir más. - Comencé a comer sin levantar la mirada de mi plato y apenas sin hambre. Removía la ensalada y pinchaba una y otra vez antes de llevarme el tenedor a la boca. No dejaba de pensar en todas las cosas que tenía que callarme para complacer a mis padres... 
- Déjala, cariño, ella siempre va a contracorriente. Si tú quieres que sea de una manera, ella será justamente lo contrario. - Mi madre parecía buscar un poco más de polémica.
- ¿Y esto a qué viene? - Le pregunté ligeramente alterada. 
- A todo. 
- ¿A todo, qué? - Volví a preguntar.
- A todo, Laura. A los estudios, a los amigos... Todas las chicas de tu edad salen con amigas, pero tú no. Parece que disfrutes siendo el bicho raro.
- ¿Bicho raro porque no salgo con amigas? Entiendo que esto tiene mucho que ver con la conversación que estamos teniendo... - Solté de golpe el tenedor mostrando mi enfado.
- Mamá, eso da igual. Los amigos no se eligen. - Álvaro apareció justo en el momento en que más necesitaba una tregua. - No mezclemos cosas. Estábamos hablando de la carrera.
- Gracias. - Murmuré.
- Ya, pero vaya amigos. - Continuó diciendo mi madre.
- ¿Nuevas amistades, Laura? - Preguntó mi padre.
- Samuel, papá. El mismo de siempre. 
- Samuel... - Repitió mi madre. - A mí no me gusta.
- No sabía que esto también tenía que gustarte a ti. - Dije con rabia. 
- Bueno, ya está bien. A mí eso me da igual. Yo sólo quería saber cómo llevabas el curso. Lo que hagas fuera de él no tiene importancia ahora. - Sentenció mi padre.
Mi madre no dijo nada más después de que mi padre pusiera fin a nuestra extraña conversación. Ella solía esperar el momento perfecto para sacarme el tema de los amigos y de mis relaciones personales. No sé realmente qué pretendía con ello. Tras cinco minutos en silencio, me levanté y recogí mis cosas de la mesa.
- Me voy a la cama. Que paséis buena noche. - Antes de salir de la cocina, me acerqué a mis padres y les di un beso en la mejilla. Mi padre me abrazó y pasó su mano de forma cariñosa por la espalda, pero mi madre se mostró fría conmigo. 
- Que descanses. - Me dijo Álvaro dulcemente.

Llegué a mi habitación y me senté en el borde la cama. Encendí la lámpara de la mesita de noche y saqué el teléfono móvil de mi pantalón. Para no variar, tenía varios mensajes por leer y un par de llamadas perdidas. Ainhoa me había llamado y yo sin enterarme. Como era bastante tarde y en mi casa no había mucho intimidad, le escribí para pedirle disculpas por no haberme dado cuenta antes.


"Hola Ainhoa. Acabo de ver tus llamadas. Ahora no puedo llamarte...
¿Te apetece hablar por aquí?"

Mientras esperaba su respuesta, contesté a los mensajes que tenía esperando. Samuel me pedía con insistencia que le dijera qué había pasado con Ainhoa, así que me limité a decirle que quería quedar con él para contarle todo. Después de la charla con mis padres, mi rostro era serio y en él, seguramente, se podía apreciar cierto desgaste. Necesitaba desconectar de aquéllo y volver a conectar con lo único que podía hacerme feliz. Ainhoa tardaba en contestar y yo comencé a impacientarme. De repente, alguien tocó a la puerta de mi habitación. 
- Pasa. - Contesté sin saber quién era.
- ¿Se puede? - Álvaro apareció tras la puerta.
- Pasa, pasa... 
- ¿Cómo estás? - Me preguntó mientras tomaba asiento a mi lado.
- No sé. - Le contesté un tanto nerviosa. - Da igual.
- Me sabe mal que estés así. Estabas tan contenta hace unas horas...
- Pues sí. Pensé que hoy nada ni nadie conseguiría joderme el día, pero me equivoqué.
- No le hagas caso a mamá. Ya sabes cómo es. - Álvaro apoyó su brazo sobre mi hombro y acercó su cabeza a la mía. - ¿Qué es eso que te tiene tan contenta?
- No te puedo contar nada aún. - Sonreí.
- Te hace sonreír con sólo pensarle. Debe ser muy especial.
- ¿El qué? - Le pregunté curiosa.
- Esa persona. - Álvaro me conocía más de lo que yo pensaba.
- Calla... No puedo contarte nada, de verdad. - Le dije poniéndome seria.
- Cuánto secretismo...
- Te lo contaré si todo va bien. - Mi respuesta parece que dejó satisfecho a mi hermano.
- Cuando quieras. - Álvaro se levantó de la cama y se fue hacia la puerta. Antes de salir, se dio la vuelta y señaló mi teléfono móvil. - Una tal Ainhoa te reclama. Buenas noches. - Me dijo guiñándome un ojo. Después de eso, salió de la habitación.
En ese momento mi cara debía parecer una semáforo en rojo...

Dejé aparcada la anécdota con mi hermano y cogí el teléfono para contestar a Ainhoa. Mientras me desnudaba para ponerme el pijama iba charlando con ella.

De Ainhoa: 
¿Se puede saber dónde metes el móvil? :P     
23:51

De Laura: 
Lo siento, lo siento... Estaba ocupada.
23:54

No me gustaba hacer esperar a Ainhoa. Era como si no me importara que quisiera hablar conmigo o como si no le diera valor a su interés por mí. Ella contestó enseguida y eso me hizo sonreír.

De Ainhoa: 
¿Estás desocupada ya?     
23:54
Es por si me entretengo con otra cosa...jajaja     
23:54

De Laura: 
Me estoy poniendo el pijama. Me meto en la cama y seguimos :)
23:55

De Ainhoa: 
Vale. Te espero.     
23:55

Terminé de ponerme cómoda y me metí en la cama. Después, apagué la luz y me centré en nuestra conversación.

De Laura:
Ya estoy, perdona. ¿Qué tal estás?
23:57

De Ainhoa:
No sé si contestarte ya o hacerme un poco de rogar...
23:57

De Laura:
No seas mala... He tenido una noche ajetreada.
23:57
No dices nada... ¿Quieres que te lo cuente?
23:58

De Ainhoa:
¡Claro! Pensé que ibas a contármelo. Dime, ¿qué ha pasado?
23:58

De Laura: 
Tampoco te quiero aburrir con mis cosas... 
23:59

De Ainhoa:
¿Sabes qué ha significado lo de esta tarde?
23:59

Al leer esa pregunta, pensé que Ainhoa quería cambiar de tema. No entendí muy bien por qué quería hacerlo, y tampoco sabía qué debía contestar... 

De Laura:
No te entiendo... ¿A qué te refieres? 
23:59

De Ainhoa:
Me gusta que la persona que quiero que forme parte de mi vida, me cuente sus cosas...
00:00
Conocernos, saber qué nos preocupa, hablar de nuestras inquietudes.
00:00
¿Sabes por dónde voy, cariño?
00:00

De Laura:
Como una pareja, ¿no?
00:01

De Ainhoa:
Eso es :)
00:01

En ese momento me dejé hundir en la almohada, completamente relajada. Suspiré tan profundo que supuse que ese suspiro le había llegado a ella, y me quedé mirando la pantalla del móvil esperando algo más. Ainhoa seguía escribiendo.

De Ainhoa:
Supongo que te da un poco de miedo esta nueva situación, así que intentaré hacerlo lo menos complicado posible. 
00:02
Quiero que lo nuestro salga bien. Es lo que más quiero en este momento...
00:02

De Laura:
Yo también, Ainhoa. No te preocupes por mis temores. Nada tienen que ver contigo.
00:02

De Ainhoa:
¿De qué tienes miedo?
00:02

De Laura: 
De que haya quien no lo entienda... De que no nos dejen estar juntas. 
00:03

Ainhoa tardó más de lo normal en contestar. Escribía, paraba y volvía a escribir, supongo que buscando las palabras más acertadas.

De Ainhoa:
Si tú y yo queremos, estaremos juntas. Nadie nos lo puede prohibir.
00:05

De Laura: 
Lo sé... Pero de momento es mejor no decir nada, ¿no? 
00:05
No sé muy bien cómo hacer las cosas... ¿Me ayudarás?
00:06

De Ainhoa:
Poco a poco, Laura... Una relación en secreto también es divertida, jajaja.
00:06

Reí en el silencio de la noche. Un nuevo suspiro volvió a atravesar la pequeña pantalla de mi teléfono.

De Laura:
Ojalá estuviésemos ahora juntas.
00:07
Tengo ganas de volver a besarte y de que me abraces como esta tarde.
00:07

De Ainhoa:
El viernes después de clase podremos estar un rato juntas. Nos inventaremos algo...
00:07

Ainhoa y yo continuamos charlando, y la noche fue pasando entre confidencias y alguna que otra palabra cariñosa. No quise contarle la discusión con mis padres porque prefería hablarle de eso en persona. Ese miércoles había sido el día más especial de mi vida, a pesar de la mala cena que me habían dado. Hablar con Ainhoa y terminar la noche con ella sirvió para hacerme olvidar todo lo demás. En esa habitación sólo estaba yo, pero era como si Ainhoa estuviera a mi lado, hablándome bajito y cogiéndome de las manos. Sus palabras me hacían sonreír a cada momento, por muy insignificantes que parecieran para otros. Sin embargo, el sueño me iba venciendo poco a poco...

De Ainhoa:
¿Mañana qué harás?
01:21
Yo tengo que preparar una conferencia. Tengo el día bastante liado.
01:21
Tengo que hablarte de otra de mis pasiones... ¿Te gusta leer?
01:22
¿Laura? ¿Sigues ahí?
01:28
Me temo que te has quedado dormida... :)
01:33
Buenas noches, cariño... Descansa. 
01:34
Te quiero. Un beso.
01:34

A la mañana siguiente amanecí con el teléfono móvil entre mis manos. Abrí los ojos y me levanté de un salto, pensando que era miércoles. Miré el despertador y vi que eran más de las 12. Pensé que llegaría tarde a clase. Algo confusa y desorientada comencé a vestirme, hasta que me ubiqué y empecé a recordar el día anterior. Miré mi móvil y me di cuenta de que tenía varios mensajes sin leer. Cuando vi que eran de Ainhoa, sonreí avergonzada. Me había quedado durmiendo y ella, en vez de molestarse, se había despedido de mí de aquella manera tan tierna. Le dejé un único mensaje y me volví a acostar.

"Buenos días, Ainhoa. Anoche caí rendida... Sorry! 
Dormirme "contigo" fue realmente maravilloso... Quiero verte YA. 
Un beso. Laura."

lunes, 15 de julio de 2013

Te encontré.

Bajé del tren imaginando que te vería correr hacia mí. Con tus ojos clavados en los míos. Con tu sonrisa traviesa acercándose a mi rostro.

Tus brazos me rodearían, sintiéndote como nunca te he sentido.

Salí del vagón buscándote entre toda esa gente. Aguardando ese momento que tantas veces había imaginado antes de dormir; cuando apagaba la luz y, antes de que me venciera el sueño, pensaba en las palabras que me gustaría escuchar de tu boca.

Ahí estaba yo, parada junto al andén, pensando en que vendrías a por mí.


Quería decirte tantas cosas...


En mi cabeza te he desnudado muchas veces. Jugando con tu ropa y con tus manos. He podido sentirse y me he estremecido. He querido besarte, acariciarte, amarte. Te he hecho sentir mía mientras yo sentía que era sólo tuya.


Mis dedos bajando por tu espalda, acariciando cada rinconcito de tu piel.


Junto a mí has descubierto, has disfrutado, has sentido la química de dos cuerpos chocando. Has mirado dentro de mis ojos y has encontrado 'verdad'. Una verdad que se esconde tras esas cuatro paredes y toda esa oscuridad, en silencio.

Mi viaje lo pasé pensando en ti. Mi viaje en tren, claro, porque el viaje de mi vida se centra en vivir de ti últimamente.

Quise explicarme, desahogarme, y hacerte cómplice y testigo de mis sentimientos.

Quise acercarme tanto que cuando te tuve delante todo se tambaleó.


¡Ana! ¡Por fin juntas!


Por fin juntas... Por fin llegaste. Mi espera sirvió para castigar un poco más a mi cabeza. Tu llegada difuminó mis pensamientos y no pude imaginar más. En ese momento estaba en tu mano hacer y deshacer. Me dejé llevar...

Tu abrazo sonó como un crujido, de tanta fuerza impregnada en él. Tu risa me hizo bailar al escucharla tan de cerca, a dos centímetros de mí. Tu olor... No podría describir tu olor. Una conjunción perfecta de aromas florales mezclados con un toque de dulzor.


Un olor que mezclado con tu piel logró ponerme el vello de punta.


Floté entre tus brazos, como si levitara de felicidad. Tan sólo cerré los ojos y me dejé llevar a ese lugar que cada noche he buscado. Un lugar donde sólo existiéramos tú y yo.


Ajenas a todo.


Cuando te separaste de mí, desperté de ese sueño y volví a la cruda realidad. Una realidad que me alejaba de ti. Una realidad que no me permitía decirte cuánto deseaba besarte.


Estás emocionada...


¿Cómo no iba a estarlo? 

Su cara era tan perfecta como recordaba. Sus ojos grandes y almendrados, y ligeramente entornados a causa de la gran sonrisa que habitaba en su boca, me miraban sin pestañear. Diciéndome todo cuanto quería...por el momento.

No podía más. Necesitaba explotar. Hablar. Necesitaba de ella...

Sin dudarlo, la volví a atraer hacia mi cuerpo y la abracé. Esta vez mis manos la sujetaban, mis huesos crujían y mi boca fue la que se acercó a su oreja. Susurré algo. Bajé hasta su cuello y lo besé con ternura... Respirando de su aroma otra vez.


¿Qué me has dicho?


Volví a su oreja, soltándome por un momento de nuestro abrazo para poder acariciar sus mejillas, y le dije que la amaba. 


Te amo


Mis piernas comenzaron a temblar. Mi estómago me advirtió del nerviosismo que me estaba atrapando. Mis ojos se cerraron, como esperando algo que no quería recibir. Mis manos volvieron a ese abrazo y apreté de nuevo, rogando piedad en su respuesta...

Ella se despegó de mí, pero sin separarse del todo. 

Abrí los ojos poco a poco y la descubrí mirándome con gesto contradictorio... Su boca se fue transformando en sonrisa, sus ojos fueron desprendiendo un brillo que antes no vi en nadie más, y sus manos apretaron con fuerza las mías.

Me besó.

Fue un beso inexplicable. Un beso que no había logrado imaginar...tras tantos besos que rondaron por mi cabeza. Y su sabor era infinitamente mejor de lo que había soñado nunca.

Duró como una vida entera. Como todos esos meses que había estado pensando en él. Pensando en ella. Duró para siempre...

En ese viaje encontré lo que salí buscando. 

En ese viaje... 


Te encontré a ti.

sábado, 13 de julio de 2013

Tauromaquia: vergüenza nacional.

"Bienvenido al mundo. Has llegado como todos, pequeño e inocente, pero con un destino marcado a fuego en tu piel. No lo sabes aún, pero naciste en el paraíso y tu final poco se parecerá a eso... 

Embestida tras embestida, como embiste cualquier animal, jugarás tus primeros meses. En tu cabeza aún no habita esa peculiar cornamenta que más tarde te hará famoso. No aparecerá hasta los dos meses de vida. Ay, si no fuera por ella, ¡qué diferente sería todo! Tu problema, tal vez, será ese: tener dos astas sobre tu cabeza. Dos astas que te darán la apariencia de un animal salvaje, sanguinario, atacante, violento... Una cornamenta que será tu cruz. 

Crecerás entre vacas y cerdos, entre garzas y perdices, acostumbrado a ver pasar caballos a tu alrededor... Sin dudarlo, los perseguirás y jugarás con ellos, sin maldad alguna, por mucho que te quieran hacer creer que "eres una bestia nacida para morir en un ruedo"Correrás por la dehesa, te bañarás en la marisma y, cuando te rindas exhausto después de un ajetreado día, podrás dormir y descansar bajo alguna encina. Como ya te dije antes, este será tu paraíso. 

Tu mamá cuidará de ti durante algunos meses, ¡y no sabes la suerte que tienes! A otros se los llevan mucho antes del cobijo de una madre... Hay quien no disfruta de ese cariño ni siquiera unas horas. Así que ya sabes: disfruta de su compañía y no te separes de sus caricias y de sus besos, al menos hasta que cumplas un año. Con esa edad, el hombre te arrebatará de su lado. ¿Que quién es el hombre? Ya lo irás descubriendo...

Tu madurez se verá reflejada en tu gruesa piel, en tu pelo, en tu rostro... Un número marcado sobre tus costillas te hará llorar por primera vez mientras tu madre, atenta desde lejos, verá cómo su hijo se ha hecho mayor a la fuerza.

A partir de ahí, el hombre, montado a caballo, te hará correr por la dehesa. Esta vez no será un juego. Esta vez será un entrenamiento. Seguramente te asustarás y no sabrás qué hacer, y tu primer instinto será acometer contra ellos. Cosa normal. ¿Quién no se defendería? ¿Quién no sacaría el carácter si ve que está siendo perseguido? Defiéndete. Embiste. Haz lo que tengas que hacer. 

Como verás, tu paraíso se va difuminando...

Ni siquiera tendrás la oportunidad de divertirte con una hembra. En tu largo cautiverio sólo vivirás entre machos. No podrás desahogarte y cumplir con tus instintos más primarios. Unos instintos que otros animales no pueden reprimir.

Toro de lidia, entrenándote para morir. Ese es tu destino...

Con cuatro años dejarás de ser ese inocente animal que eres ahora y te convertirás en un animal temible. Harto de tu mísera existencia, tu mirada se volverá oscura, y correr delante de ti ya no será un juego. Sólo cuatro años. Eso es lo que vivirás. Muy lejos de los veinte que podrías llegar a vivir en otras condiciones. Naciste para esto; es mejor que te vayas concienciando..."



El toro de lidia se cría por y para un único fin: nuestra fiesta nacional. Una tradición que, personalmente, a mí me avergüenza como ser humano. Una tradición que toma al animal como un mero objeto sin sentimientos. Un castigo demasiado duro para alguien que debería estar pidiendo perdón desde que nace. Sin conocer su destino, el toro abandona el campo en el que ha crecido para ser arrastrado a una plaza, en el peor de los casos, o a un pueblo de nuestra geografía donde será humillado y vilipendiado hasta la extenuación. Desde el momento en el que suba en ese camión (así, como mera mercancía) sus niveles de estrés se dispararán, haciendo del viaje poco menos que una tortura anticipada. En pleno verano, cuando más abundan estas ridículas fiestas, el toro tendrá que soportar altas temperaturas dentro de ese pequeño habitáculo... Y aún hay quien dice que no sufre, que "si no lo matan no es para tanto"

Al llegar, el toro será encerrado en un corral, a oscuras, como si fuera un macabro adelanto de lo que le espera: la larga oscuridad. Cuando vuelva a ver la luz del sol será porque su hora ha llegado...

La hora de correr rodeado de gente gritando, por delante y por detrás.
La hora de ser golpeado por manos que creía 'amigas'. 
La hora de ser estirado del rabo, como si acaso no sintiera nada.
La hora de resbalarse sobre calles adoquinadas o asfaltadas.
La hora de clavar sus cuernos en las paredes; de empotrarse en ellas sin poder frenar a tiempo.
La hora de que se rían de él.
La hora de escuchar aplausos cuando el hombre, ese que le crió, lo entregue a una muerte segura. 

Los toros corren porque buscan una salida. Los toros embisten porque nacieron embistiendo; porque es su naturaleza. Los toros no conocerían el odio si no fuera porque les inculcaron tener que sentirlo desde pequeños...

Y a pesar de ello, hay días en los que demuestran hasta qué punto son nobles. Hasta hacerte llorar. Hasta hacerte ver que el único animal miserable es el ser humano. Ese que hizo del toro una especie sanguinaria, para luego ver cómo les perdona la vida. Porque cuando tienen la oportunidad de embestir y vengarse por tanto daño pasado y futuro, ellos esperan a que la multitud salga de allí sana y salva. 

A ver quién de nosotros perdonaría semejante castigo...


Esta es nuestra "fiesta nacional". Una larga agonía aplaudida por miles de personas. Una tortura que no merece nuestro perdón. 


Buenas noches,

Ana @GreenNavas

Muchas gracias a Susana; quien me ha ayudado a reunir la información necesaria para escribir esta entrada, y quien ha redactado parte de la misma.

miércoles, 10 de julio de 2013

Ropa desordenada (IV)

Lucía bajó las escaleras del hotel a toda prisa, todavía un tanto excitada tras su último encuentro con Vanesa. Eran más de las 8:30 y Carlos, su manager, la esperaba 'intranquilo' en recepción. 
- Ya estoy, perdona. - Gritó Lucía mientras corría hacia él. 
- Joder Lucía, a las 9 nos esperan. Ya verás como pillemos atasco. 
- Lo siento... - Lucía se mostró un tanto avergonzada, sin saber qué contestar.
Carlos y ella se dirigieron hacia el coche mientras él hablaba por teléfono.
- Conduzco yo. - Le dijo Lucía cogiéndole las llaves.
Lucía se subió a su todoterreno negro y, antes de que Carlos pudiera acomodarse en su asiento, arrancó y salió disparada hacia la emisora. A los segundos, él dejó su teléfono y se centró en ella.
- Bueno, cuéntame. - Le pidió con un gesto de resignación. - ¿Dónde has pasado la noche?
- Pareces mi madre cuando tenía 15 años. - Contestó Lucía entre risas.
- Ahora no soy tu manager, ahora soy tu amigo. Estoy preocupado.
- ¿Preocupado por qué? Ya soy mayorcita para saber qué hago. 
- ¿Y Mónica? - Le reprochó él.
- Lo que tenga que aclarar con ella, también es cosa mía. Ahora no quiero pensarlo.
La conversación comenzó a ponerse tensa entre ambos.
- Pero Mónica también es mi amiga...
- Te vuelvo a decir lo mismo: es cosa mía. Y en todo caso de nosotras dos. Ya veré qué hacer. - Lucía se giró hacia Carlos y le pidió que dejara el tema, haciéndole un gesto con las manos.
- Está bien, no te diré nada más. Sólo espero que seas honesta con la otra chica...
- Lo seré en cuanto tenga oportunidad de verla de nuevo. Esta noche no hemos hablado casi nada. - Contestó Lucía con semblante serio. - Por favor, centrémonos en la entrevista. No quiero llegar con esta cara.
- Sí, no te preocupes. - le dijo Carlos.

Eran las 9 en punto cuando Lucía y Carlos llegaron al parking de la emisora. Una cola de varias decenas de seguidores se agolpaba a la entrada, levantando fotos y discos de ella, además de alguna que otra pancarta. 
- ¿Cómo se enteran siempre de dónde estoy? - Preguntó divertida Lucía.
- Las redes sociales han hecho mucho daño, jajaja. 
Lucía y Carlos comenzaron a reír mientras bajaban del coche. Ella, a pesar de que sabía que llegaba tarde a su cita, perdió unos minutos de su tiempo firmando algún disco y haciéndose fotos con la gente que le estaba esperando.
- Venga Lucía, ya han esperado bastante. - Le gritó Carlos desde la puerta del edificio.
Lucía se despidió de sus seguidores y entró en la emisora. A los 10 minutos se anunció su llegada en las ondas y comenzó la entrevista.

Las preguntas de la periodista se centraron en la promoción de su gira, pero también hubo tiempo para temas más personales. Lucía estaba teniendo mucho éxito en los últimos meses y, prueba de ello, fue el lleno absoluto del día anterior en aquel teatro.
- Anoche te pudimos ver junto a Vanesa en lo que fue un concierto para recordar por mucho tiempo. ¿Qué es lo que ofrecéis al público para que tanta gente fuera a veros? - Le preguntó la periodista.
- El lleno fue una sorpresa, la verdad. Sabíamos que era un concierto esperado, porque nuestro público lo pedía con insistencia desde hacía tiempo, pero tanto como para llenar semejante teatro... Yo salí emocionada.
- Pero, ¿qué es? ¿Qué ofrecéis estando juntas para mover a tanta gente?
- Supongo que compartimos seguidores. La mayoría fue a vernos a las dos, aunque sé que también había gente que sólo quería verla a ella, o a mí. Hacemos música similar... No sé. - Contestó Lucía un tanto incómoda.
- Hay quien dice que encima del escenario, cuando actuáis las dos, se crea una magia que no se crea con ningún otro artista. ¿Eres consciente de ello? - Volvió a insistir en la pregunta.
- Somos muy buenas amigas. Nuestra relación va más allá de lo profesional y eso se nota. - Contestó Lucía con firmeza.
- ¿Se podría decir que con Vanesa es con quien mejor te sientes encima de un escenario? - La pregunta de la periodista hizo que Lucía meditara su respuesta por unos segundos.
- Con Vanesa es con quien mejor me siento, sí. - A Lucía se le dibujó una sonrisa en su boca con esta afirmación.
Las preguntas de la periodista se volvieron a centrar en su gira en solitario, hasta que llegó el momento de pasar a cuestiones más personales.
- Sabemos que estás girando desde hace varios meses. ¿Cómo se lleva tanto tiempo fuera de casa? ¿Se puede compaginar con una vida en pareja, por ejemplo?
Esa pregunta pareció molestar a Lucía, que agachó la cabeza y resopló con fuerza.
- Es la misma pregunta de siempre. - Contestó Lucía. - Cualquiera que se dedique a esto de la música sabe que lo primero es su trabajo.
- Claro, pero habrá quien lo lleve mejor. ¿Cómo está tu corazón, Lucía? ¿Qué tal andas de novios? - Le preguntó de manera impertinente.
- ¿Novios? Pues no ando, directamente. - La respuesta de Lucía disparó la atención de Carlos, que observaba la entrevista desde la cabina de control.
- Entonces, tu corazón no está ocupado... 
- ¿He dicho eso? - Lucía se inclinó sobre la mesa y volvió a resoplar, esta vez con más fuerza. La periodista se dio cuenta de que sus preguntas estaban incomodando tanto a ella como a su manager y zanjó el tema, cambiando de tema en la siguiente cuestión.
- Bueno Lucía, centrémonos de nuevo en tu gira. ¿Dónde ofrecerás tu próximo concierto?
A partir de ahí, la entrevista transcurrió con normalidad hasta llegar a su fin. Una vez concluida, Lucía y Carlos abandonaron la emisora rumbo al hotel.

- ¿Conduces tú, Carlos? Tengo que hacer una llamada. - Preguntó Lucía.
Lucía tomó asiento y comenzó a teclear el número de Vanesa bajo la atenta mirada de Carlos, que todavía no había arrancado el coche.
- Hola, ya he terminado la entrevista. Voy de vuelta hacia el hotel, ¿sigues allí? - Lucía se mostró un tanto fría. - Llegaré en 20 minutos o así. Un beso.
Cuando Lucía terminó su escueta conversación, Carlos puso en marcha el coche y, tras unos minutos en silencio, éste se giró hacia ella para preguntarle por su misteriosa llamada.
- ¿Quién te espera en el hotel? 
- No me ha gustado nada la entrevista que me han hecho. A esa radio prefiero no volver. - Lucía cambió de tema bruscamente.
- No te interesa hablar ahora, pero en la radio se te caía la baba hablando de ella... - Dijo Carlos ligeramente molesto.
- Si sabes con quién he quedado, no sé para qué sigues preguntando. Hazte el loco y deja el tema, ¿no? - El enfado de Lucía era evidente. - Estoy harta de que se me cuestione en público, pero que también se haga en privado ya es de risa.
- No quería... - Carlos se vio interrumpido por Lucía.
- No querías pero lo haces. Vanesa es diferente a todas las mujeres con las que he estado. Te pido que no te tomes esto como un simple rollo.
Carlos enmudeció tras escuchar esas palabras. Tras unos segundos en los que la tensión podía cortarse con unas tijeras, Lucía continuó hablando.
- Carlos, esta noche volveré a Madrid por mi cuenta. ¿Tenemos algo mañana?
- No, hasta el miércoles no. Puedes tomarte unos días de descanso.
- Genial. - Concluyó Lucía.
Al llegar al hotel, Lucía volvió a telefonear a Vanesa para hacerle saber que había llegado. Mientras tanto, Carlos subió a su habitación y recogió su maleta rápidamente. Tras despedirse de Lucía, emprendió la marcha hacia Madrid. 

Lucía se dirigió hacia el interior del hotel con paso firme. Jugaba con el teléfono móvil entre sus manos y en su gesto se podía percibir cierto nerviosismo. Al llegar al pasillo de los ascensores se percató de que todos estaban ocupados, así que continuó esperando. A los segundos, la puerta de uno de ellos se abrió y, dentro de él apareció Vanesa, esperando con unas flores en la mano. Llevaba la melena recogida en una coleta despeinada y le caían algunos mechones por la cara.
- Pasa. - Susurró Vanesa agarrando a Lucía por la cintura del pantalón.
Lucía no pudo reaccionar y antes de que pudiera decir nada, Vanesa la tenía aprisionada contra la pared del ascensor. Sin tiempo para nada más, Vanesa se precipitó sobre Lucía y las flores cayeron al suelo.
- ¿Estás loca? - Preguntó Lucía insinuando una sonrisa en su voz. - Si nos pillan nos van a detener.
- Que lo hagan...y que me condenen 'por estar loca...loca por ti'.
En ese momento, Vanesa palpó la pared con sus dedos, buscando el botón de parada de emergencia. Lo pulsó y el ascensor se paró de golpe.
- Vanesa, ¿no querrás...?
- Claro que sí. - Murmuró Vanesa.
- No imaginaba esto... - Lucía se mostró desconcertada. - Esto no es propio de ti.
- No lo es, pero no aguanto a llegar a la habitación. 
Vanesa hizo una pausa, contemplando las manos de Lucía sobre las suyas. Tras ese instante, se las llevó a la boca y comenzó a lamerle los dedos. Lucía sonrió con picardía.
- Prueba a pasar tu lengua por aquí. - Le dijo Lucía al tiempo que le acercaba su boca a la suya.
Vanesa soltó las manos de Lucía y colocó las suyas alrededor de su cintura. Se acercó un poco más a ella y empezó a besarle suavemente. Lucía apenas se movía, dejándose hacer, mientras los besos de Vanesa cobraban más y más intensidad. Vanesa comenzó a subir sus manos por la espalda de Lucía hasta llegar a su cuello, pasando los dedos por su nuca. Lucía, entonces, comenzó a acariciarle los pechos por encima de la camisa mientras no dejaban de besarse. Notó que estaban duros y quiso palparlos de verdad, sin tela de por medio. Con un movimiento rápido, Lucía desvistió a Vanesa y, una vez que tuvo el pecho al desnudo, comenzó a besarlo y lamerlo. Lucía se detuvo en ellos, recreándose en las caricias con su lengua, lamiendo sus pezones mientras posaba sus manos en el culo de Vanesa, apretando con fuerza. La excitación de Vanesa hizo que comenzara a gemir.
- No habrá cámaras aquí, ¿no? - Preguntó Lucía mirando hacia arriba.
Vanesa aprovechó ese instante de debilidad para volver a agarrarle de las manos y llevárselas a su entrepierna. 
- No hay cámaras... - Contestó Vanesa.
Vanesa desabrochó el pantalón vaquero de Lucía, sin dejar de mirarle a los ojos, y notó que su cuerpo se ponía tenso.
- Espera, no vayas tan deprisa. - Le pidió Lucía.
Entonces, le agarró las muñecas y se las sujetó con fuerza. Lucía aprovechó la ventaja como pudo y llevó su boca hacia el cuello de Vanesa, mordiéndolo y besándolo sin tregua. Al tiempo que hacía eso, Vanesa jugaba con su pierna, levantándola y rozando el sexo de Lucía con ella. Cada vez estaban más excitadas. A los segundos, sus lenguas se encontraron y, con ellas, sus manos comenzaron a jugar por debajo de la ropa. Lucía no quiso aguantar más y empezó a acariciar a Vanesa por encima del pantalón. Sus dedos corrían por su entrepierna, llenándose de placer... un placer que traspasaba la tela de sus pantalones. El calor inundaba sus manos. Vanesa se llevó las manos al botón de su pantalón antes de que Lucía se lo pidiera.
- 'Déjame a mí'. - Le dijo entonces Lucía.
Lucía liberó el botón del pantalón de Vanesa y lo bajó apenas unos centímetros, justo lo necesario para poder meter su mano entre ellos. Vanesa se acercó al cuerpo de Lucía para quedarse pegada a ella mientras la acariciaba. Lucía introdujo sus dedos en el pantalón, por encima de sus braguitas.
- Estás empapada. - Le dijo Lucía casi sin aliento.
Vanesa agarró la mano de Lucía y la apretó contra su sexo.
- '¿No ves que no puedo seguir así?'...
Lucía comenzó a acariciar a Vanesa por encima de la tela, completamente mojada, de sus braguitas. Vanesa se estremecía entre sus dedos, mientras Lucía la callaba posando la mano que tenía libre sobre su boca. Iba jugando despacio, haciéndola delirar, y moviendo sus dedos entre la tela y el sexo de Vanesa. Sus pantalones cayeron del todo al suelo, permitiendo que Vanesa pudiera levantar una de sus piernas, invitando a Lucía a seguir jugando con ella. Lucía introdujo su mano entre las braguitas y empezó a acariciar su sexo, humedecido de tanto placer. Mientras tanto, sus lenguas seguían entrelazándose y recorriéndose en un baile de excitación. Lucía comenzó a mover dos de sus dedos en el interior de Vanesa, empapándose por completo. Fue muy fácil meterlos y embestir con fuerza contra ella. Lucía abandonó por unos instantes la boca de Vanesa y comenzó a agacharse hasta quedar arrodillada en el suelo. Entonces, le bajó del todo las braguitas y le pidió que abriera un poco más sus piernas. Vanesa apoyó sus manos contra la pared del ascensor y acomodó su entrepierna sobre la boca de Lucía, que comenzó a lamerle suavemente. Lucía pasó su lengua por el sexo de Vanesa, apenas sin rozar sus labios. La intensidad de los gemidos de Vanesa iba en aumento, pero esta vez las manos de Lucía no podían callarla. Lucía hundía cada vez más su boca en su sexo hasta que su cara se convirtió en una segunda piel. El sexo de Vanesa ardía al sentir la lengua de Lucía deslizándose por él. La humedad comenzaba a calar la boca de Lucía, que decidió darle una tregua y empezar de nuevo a jugar con los dedos. Ahora, iba intercalando fugaces embestidas con intensos lametones. Las piernas de Vanesa empezaban a flojear...
- 'Tu pelo, tu boca...tus manos me tocan...mi pelo y mi boca se quieren morir'.
Lucía se agarró a los muslos de Vanesa mientras continuaba introduciendo su lengua en su sexo. Sentía sus contracciones sobre su cara y entendió que estaba a punto de correrse. A los segundos su boca quedó inundada y Vanesa gritó de placer. La flojedad de sus piernas fue evidente cuando no pudo aguantar más y se dejó caer sobre Lucía.
- Me vas a matar. - Dijo Vanesa entre jadeos.
- ¿Quieres que siga? - Le preguntó Lucía acercando su boca al cuello de Vanesa.
Vanesa puso una de sus manos sobre la boca de Lucía, pasando su dedo pulgar por sus labios. 
- Déjame que te limpie. - Dijo Vanesa divertida. 
El momento de complicidad se vio interrumpido cuando notaron que el ascensor estaba empezando a moverse.
- Joder, ¡vístete! - Gritó Lucía levantándose de un salto.
En un instante, Vanesa se vistió y se arregló la coleta, que había quedado completamente despeinada. Lucía se limpió rápidamente la cara y recogió las flores que había en el suelo. Se miraron en el espejo un segundo antes de que se abrieran las puertas del ascensor y comenzaron a reír al unísono. Detrás, esperaban dos empleados del hotel junto a algún cliente curioso.
- ¿Estáis bien? - Preguntó uno de los empleados con cara de preocupación. - He oído un grito.
Vanesa y Lucía continuaban riéndose ante la mirada perpleja de todos. 
- Estamos bien, no os preocupéis. Para no aburrirnos hemos empezado a cantar. - Contestó Lucía entre carcajadas. 
- Sí, sí, hemos cantado eso de "Hay una atracción oculta entre tu boca y la mía..." 
Lucía cogió a Vanesa del brazo sin dejar que siguiera cantanto y se fueron hacia la habitación. Una clienta del hotel observaba atónita la escena.
- Estas artistas qué raras son.

Ya en la habitación, Lucía y Vanesa continuaron besándose. Sus manos corrían veloces de arriba a abajo, palpándose con prisa. 
- Aquí podemos relajarnos, cariño. - Dijo Vanesa.
- Sí... - Lucía se frenó por un instante. - Antes creo que tengo que decirte algo.
El gesto con el que Lucía se dirigió a Vanesa hizo que ella también se parara.
- ¿Qué ocurre? - Preguntó Vanesa preocupada. - 'Ven, siéntate y me lo cuentas'.
Vanesa tomó a Lucía de la mano y se sentaron en la cama. 
- No he sido del todo sincera contigo. - Musitó Lucía. 
Entonces, Lucía levantó la cabeza y observó cómo Vanesa no dejaba de mirarle. Tragó saliva y continuó hablando.
- ¿Te he hablado alguna vez de Mónica? 
- Uhm... ¿tu amiga Mónica? - Preguntó Vanesa.
- En realidad tengo algo con ella. - Lucía no quiso dilatar más el asunto. - Aunque lo nuestro está roto. No quiero que pienses que...
- Ya. - Murmuró Vanesa sin dejar que Lucía se explicara. - Nunca me has contado que fuera tu novia. No tenía ni idea.
En medio del silencio, Lucía dejó caer sus brazos sobre su regazo, como desinflada, bajó la mirada y, encogida de hombros, se volvió a dirigir a Vanesa.
- Lo siento. Sé que debería habértelo contado antes.
- ¿Está roto? - Preguntó Vanesa obviando las palabras de Lucía.
- ¿Qué?
- ¿Que si está roto? - Volvió a preguntar.
- Sí. Hace tiempo que lo está. Y nunca te he contado nada porque desde que te conozco mi única obsesión ha sido estar contigo.
Vanesa tomó de nuevo las manos de Lucía y sin dejar de acariciarlas le pidió que prometiera algo.
- Prométeme que está acabado.
- Mónica 'solía ser mi cómplice fiel... Y ahora me encuentro entre la espada y la pared, arrinconada con el mundo del revés. No puedo más. Me duele hasta respirar...' - Contestó Lucía rompiendo a llorar.
- No te pido que sea ahora, cariño. - Lamentó Vanesa. - Sólo necesito saber qué sientes por mí.
- 'Sabes bien que quiero volverte a tener'. - Le contestó Lucía acercándose a su boca. 
- Sé sincera, por favor. 'Hay quien dice que no me convienes, que esto tan sólo entretiene...'
- 'Dicen por ahí' muchas tonterías. Lo mío con Mónica está muerto, pero por favor, dame un poco de tiempo. - Al ver que Vanesa negaba una y otra con la cabeza, Lucía la rodeó entre sus brazos. - Nos unen demasiadas cosas y nunca he sabido cómo poner punto y final.
- ¿Sabrás ahora?
- Sí. Quiero estar contigo. 
La respuesta firme de Lucía hizo que un escalofrío recorriera de arriba a abajo el cuerpo de Vanesa. Después, ésta se levantó lentamente y dirigió sus pasos hacia la ventana. Tras correr la pesada cortina se quedó mirando al vacío. La tensión en su rostro era más que evidente.
- Sabré esperarte. - Dijo Vanesa.
Lucía se levantó de la cama y abrazó a Vanesa por detrás, apoyando su cara sobre su pelo. Entrelazó sus dedos con los de ella y apretó para hacerle ver que estaba a su lado.
- Quiero guardar 'tu aroma para olerlo luego'. - Le dijo Lucía.
- '¿Qué más quieres de mí?' - Preguntó Vanesa sin dejar de mirar por la ventana. 
- Quiero ser tuya... 'Toda entera y tuya'.

"Ten fe", me decían...

"Fe: Creencia en algo sin necesidad de que haya sido confirmado por la experiencia o la razón, 
o demostrado por la ciencia."


Hay días en los que la fe va menguando. La fe por creer que hay "algo" o "alguien" que nos protege. "Algo" o "alguien" que imparte justicia desde allá arriba. 

Desde pequeños nos enseñan que debemos creer en Dios. Un Dios que nos aseguran sabe perdonar. Un Dios que juzgará nuestro comportamiento. Un Dios que nos estará esperando al final del camino. ¿No os resultan terroríficas estas afirmaciones? 

Yo hace tiempo que dejé de creer en eso. Hace tiempo que me di cuenta de que ese Dios (si de verdad existe) nos abandonó a nuestra suerte, cansado de soportar nuestra falta de humanidad. Ahora, además, pienso que quien imparte justicia divina se debió perder algunos capítulos de nuestra vida. No queda otra explicación... 

Las enfermedades más letales se ceban con gente que no merece irse tan pronto. La fortuna y la riqueza acompaña a unos pocos, seguramente podridos de millones y muertos en sentimientos. Y mientras unos indeseables escapan de cualquier castigo, las personas de bien se ven abocadas a una vida difícil de vivir; incluso a una temprana muerte, sin poder luchar y salir adelante... ¿A quién le van a decir ahora que su Dios les está esperando? ¿Quién querría irse con él tan pronto? La vida debería exprimirse al máximo. La vida no debería ser sólo de unos cuantos...

¿Qué clase de Dios perdona a un padre que quema a sus hijos? ¿Qué tipo de fe queda intacta en ese momento? Ese señor vivirá del país que lo acoge, salvado y perdonado, alargando su indeseable vida más allá de lo que merece.
¿Qué clase de Dios permite que una persona joven, luchadora, trabajadora, respetable y educada, no sobreviva a una enfermedad tan cruel como es un cáncer? 
Lo injusto de esta vida es seguir pensando que "si se han ido, es porque así Dios lo quiso".
En estos momentos, yo me cago en Dios y en su santa voluntad. 

Buenas tardes,

Ana @GreenNavas

jueves, 4 de julio de 2013

Homofobia disfrazada de tolerancia.

Aprovecho este espacio que yo misma creé para expresarme y hablar de lo que me diera la gana, para analizar una situación que llevo viviendo unos cuantos meses. Una situación que, al principio, me sorprendía bastante; pero que a día de hoy me resulta de lo más normal. Y es que, a través de mi cuenta de Twitter, han acudido a mí al menos 10 chicas, más o menos jóvenes, para pedirme consejo acerca de cómo afrontar su "salida del armario". En un primer momento, me sorprendía que me preguntaran a mí, ya que no soy quién para aconsejar sobre algo así. Cada persona es un mundo y cada una de esas chicas vendrá de un entorno, seguramente muy diferente al mío o, tal vez, exactamente igual. Mi experiencia personal no se puede proyectar sobre la vida de otra chica, por mucho que quiera, y esto es algo que siempre intento explicar. Nunca me he negado a ayudar a nadie (todas ellas lo saben) y daba igual si eran nuevas followers o si ya me seguían desde hacía tiempo. Nunca las ignoré, porque sé lo difícil que es a veces desahogarse con alguien "de verdad"... con alguien de tu entorno. Alguna de esas chicas ha llegado a decirme que "soy un referente" para ellas, pero nunca me he tomado en serio esta afirmación. Pienso que un referente debe ser otro tipo de persona: alguien a quien sigues y admiras, alguien que tomas como ejemplo de comportamiento, un ídolo adolescente, quizás... Y es ahí a donde quiero llegar:


¿Qué tipo de referente tiene una niña de 16 años, con mil dudas en la cabeza? 
¿Qué tipo de ídolo juvenil puede ser su ejemplo a seguir? 
¿Quién le va a ayudar a dar ese paso en la vida? 


Veamos cuáles son esos referentes: cri cri cri cri cri...

Pues no, no hay referentes homosexuales para las chicas jóvenes, y tampoco los había cuando yo era adolescente. Pocas artistas han dado el paso de declararse "lesbianas" y, casi todas ellas, lo han hecho cuando ya no había marcha atrás. No voy a nombrar a nadie, porque no soy quién para ADMITIR que una u otra lo son, por mucho que CREA que SON MÁS BOLLERAS que mi mujer y yo juntas. No voy a permitir que nadie me diga "en tu entrada has dicho que ... es lesbiana". No os lo voy a poner tan fácil. Puedo poner ejemplos, sin nombres. Pensad vosotras/os mismas/os:

1) Fotos en la playa.
Ha sido necesario que una actriz aparezca desnuda en la playa y besándose con una chica para que la sociedad acepte que es lesbiana. Seguramente, habrá quien piense que no lo es (aunque sea evidente a través de las fotos) porque la chica es preciosa y escandalosamente femenina. Habrá quien piense que es un montaje para acaparar las miradas y estirar un poco más la fama. Y habrá quien piense (por ser muy retorcida) que iba borracha y que "no sabía lo que hacía". Claro... y todo por no admitir que es lesbiana y que no se esconde por ello.

2) Fotos en el césped.
Tan sólo una estúpida foto, sacado completamente de contexto y recortando a los demás acompañantes, fue necesaria para que un rumor corriera como la pólvora por internet y Twitter. Dos cantantes, un chico y una chica, de quien existen sospechas acerca de su homosexualidad, juntos tomando una cerveza (o lo que fuera que tomaban) antes de acudir a unos premios de música. Estas fotos se tergiversaron y se comenzó a decir que "había algo más entre ellos" y que "eran más que amigos", cuando la realidad es que en las fotos no había ni una caricia de más. 

3) Fotos durante un paseo.
Una sesión de fotos que deja claro una cosa: yo no le limpio la boca a mi amiga mientras come. Unas fotos en las que se aprecian caricias, manos entrelazadas, miradas y sonrisas de complicidad... Una relación. Unas fotos que de mostrar a un chico y una chica no habrían hecho dudar a nadie, ni habrían provocado tal irascibilidad por parte de muchas/os seguidoras/es de ambas artistas. ¿Qué problema veis en las fotos? ¿Que no están desnudas en una playa mientras se besan? Ah, es verdad, que hace falta eso para dejar claro que una mujer es lesbiana... Perdonadme.

Tres ejemplos. No quiero exponer ninguno más porque sería repetirme. Sólo tres que intentan explicar cuál es la doble vara de medir en este asunto: 
Si una famosa le toca un dedo a un famoso en una foto: están liados.
Si una famosa le toca el culo, le limpia la boca y se agarra a la cintura de otra famosa: son sólo amigas.
Si una famosa se muestra desnuda junto a otra chica en una playa, besándose mientras tanto: sólo ahí se puede decir que es lesbiana (pero con dudas).

Entonces, ¿por qué os hacéis pasar por tolerantes? ¿Por qué decís que aceptaréis a vuestra gente "aunque sea homosexual"? ¿Por qué mentís constantemente respecto a este tema? La realidad es que no os gusta pensar que vuestro ídolo pueda ser gay y miráis hacia otro lado cuando descubrís que vuestra artista favorita es lesbiana... Pero antes de esto siempre decíais "cuando haya una prueba evidente, entonces lo aceptaré". Acéptalo ya. Acepta que esa joven lesbiana tenga a alguien en quien verse reflejada, porque si ven que tú no aceptas a una artista que, en el fondo, ni te va ni te viene, ¿cómo va a creer que la aceptarás a ella? 

Nuestros armarios los habéis fabricado vosotros. Vuestra intolerancia alimenta nuestro miedo. Basta ya...

Ana @GreenNavas