"¿Por qué eres tan maravillosa? Ya estoy deseando volver a verte...
Kisses. Ainhoa."
¡Ay, Dios! Debió escribirme ese mensaje justo en el momento en que salía de su apartamento. No me la imaginaba tan tierna... Conforme lo leí, un escalofrío recorrió mi cuerpo y comencé a reír como una completa idiota. Aún no era plenamente consciente, pero esa tarde había sido la tarde más maravillosa de mi vida. Maravillosa, la misma palabra que había usado Ainhoa para definirme... Bueno, en realidad me había preguntado por qué lo eran tanto. Uff, ¿todo esto me estaba pasando a mí? Cada vez que recordaba sus ojos mirándome y recorriéndome de arriba a abajo me estremecía. Mi único deseo era que pasaran rápidas las horas y así volver a verla. No podía ser más feliz en ese momento.
De un salto, me levanté del sofá y fui corriendo hacia mi habitación para poner algo de música. Elegí una canción bastante significativa para mí. Una canción que llevaba escuchando desde hacía semanas y que me hacía pensar en todo lo que sentía por Ainhoa. James Arthur y su "Impossible" empezó a sonar en mi reproductor. Aprovechando que estaba sola me dejé llevar por la música y comencé a cantar a voz en grito. Corrí por el pasillo hasta llegar de nuevo a la sala de estar. La música sonaba a todo volumen y, por encima de ella, mi sonora voz hacía énfasis en algunas frases de la canción.
De un salto, me levanté del sofá y fui corriendo hacia mi habitación para poner algo de música. Elegí una canción bastante significativa para mí. Una canción que llevaba escuchando desde hacía semanas y que me hacía pensar en todo lo que sentía por Ainhoa. James Arthur y su "Impossible" empezó a sonar en mi reproductor. Aprovechando que estaba sola me dejé llevar por la música y comencé a cantar a voz en grito. Corrí por el pasillo hasta llegar de nuevo a la sala de estar. La música sonaba a todo volumen y, por encima de ella, mi sonora voz hacía énfasis en algunas frases de la canción.
"Tell them what I hoped would be impossible... impossible... impossible..."
Diles que lo que tanto esperé era imposible...
Ya no volvería a escucharla de la misma manera. Lo que yo creía imposible se había convertido esa tarde en la realidad más dulce. Exploté y grité de alegría.
- Laura, ¿¡estás loca o qué te pasa!?
Completamente convencida de que estaba sola, me había dejado llevar por la música y por la emoción contenida y había terminado cantando sobre el sofá. Sí, puede parecer ridículo... Bueno, era ridículo. Sobre todo cuando me vi sorprendida por mi hermano, que miraba desde la puerta del salón con cara de alucine.
- ¿¡Qué haces!? - Me volvió a preguntar gritando.
Me preguntó algo más, pero los altos decibelios de la música no me permitían escucharle del todo bien.
Me preguntó algo más, pero los altos decibelios de la música no me permitían escucharle del todo bien.
- Joder, Álvaro, pensé que no había nadie... - Le contesté avergonzada mientras bajaba del sofá.
Fui de nuevo hacia mi habitación pasando por delante de él. Al hacerlo, sentí cómo me miraba de arriba a abajo con una expresión que parecía preguntar cuál era el motivo para tanto desenfreno. Quité la música y volví a la sala de estar. Al llegar, me quedé mirándole y no pude evitar reírme. Mi risa sonaba tan fuerte que él terminó también riendo como un loco.
- Estabas para vídeo, Laura. ¿Se puede saber qué te has tomado? Jajaja.
- No me he tomado nada, tonto. - Le respondí entre una sonora carcajada.
- Por algo estarás así. Es la primera vez que te veo bailar encima del sofá... - Álvaro hizo una pausa y siguió hablando. - Bueno, la primera vez desde que tenías cinco años.
- Bah, tampoco es para tanto. - Contesté encogiéndome de hombros. - Sólo es que estoy feliz.
- ¿Feliz? - Me preguntó con una sonrisa irónica. - Diría algo, pero sería muy arriesgado.
- Mejor no digas nada.
- Sea lo que sea, me alegro de que lo estés. - Esta vez sonrió más dulcemente.
Aquella sonrisa hizo que me sintiera aún mejor. Parecía que sabía entender el motivo de mi felicidad aún sin haberle dicho nada. Supongo que es verdad eso que dicen, que "los ojos son el espejo del alma" y que hablan por sí solos. Mis ojos debían parecer dos faros encendidos en mitad de la noche, y mi sonrisa, esa que siempre se mostraba con timidez, esta vez era enorme. Gigante. Mi hermano no dejó de mirarme, sonriendo y moviendo la cabeza de lado a lado.
- Estás de un tonto... - Concluyó antes de darme un pequeño abrazo. Después se fue hacia su habitación y cerró la puerta.
Me quedé inmóvil unos minutos. En ese momento me hubiera gustado decirle a Álvaro por qué estaba así de radiante. Sé que él se iba a alegrar por mí y que lo entendería. A diferencia de otras personas, era un chico muy tolerante y abierto... Recordé que cuando le confesé a mi familia que me gustaban las chicas, estuvo muy pendiente de mí los días posteriores. Nunca más volvimos a hablar de ese tema, pero procuraba ser muy prudente al interesarse por mis idas y venidas. Lo cierto es que hubiera explotado incluso con mi madre, pero sabía que no podía, que no lo iba a entender. ¿Cómo iba a estar su hija enamorada de una profesora? Bueno, el hecho de que fuera profesora sólo hacía que complicar la situación. Dejé a un lado mis pensamientos y me senté de nuevo en el sofá. Aún tenía que contestar a Ainhoa. La pobre estaría pensando que me había olvidado de ella, y no. Quería decirle tantas cosas que no sabía ni cómo empezar. Al final, opté por un mensaje breve pero conciso.
Me quedé inmóvil unos minutos. En ese momento me hubiera gustado decirle a Álvaro por qué estaba así de radiante. Sé que él se iba a alegrar por mí y que lo entendería. A diferencia de otras personas, era un chico muy tolerante y abierto... Recordé que cuando le confesé a mi familia que me gustaban las chicas, estuvo muy pendiente de mí los días posteriores. Nunca más volvimos a hablar de ese tema, pero procuraba ser muy prudente al interesarse por mis idas y venidas. Lo cierto es que hubiera explotado incluso con mi madre, pero sabía que no podía, que no lo iba a entender. ¿Cómo iba a estar su hija enamorada de una profesora? Bueno, el hecho de que fuera profesora sólo hacía que complicar la situación. Dejé a un lado mis pensamientos y me senté de nuevo en el sofá. Aún tenía que contestar a Ainhoa. La pobre estaría pensando que me había olvidado de ella, y no. Quería decirle tantas cosas que no sabía ni cómo empezar. Al final, opté por un mensaje breve pero conciso.
"Soy muy feliz... Nunca me había sentido tan especial para nadie.
Te quiero. Laura."
Te quiero. Laura."
"Te quiero". ¿Yo diciendo "te quiero"? Es de lo único que estaba segura en ese momento...
Mis padres llegaron pasadas las diez de la noche. La voz suave de mi madre me despertó de mi sueño. Más de una hora esperando habían conseguido que me durmiera profundamente.
- Hija, ¿tan pronto y durmiendo? - Me preguntó.
- Hola mamá. Ha sido tumbarme y quedarme dormida. ¿Habéis cenado ya?
- No. Voy a preparar una ensalada y unos filetes y cenamos todos. ¿Tu hermano está?
- Sí. Está en su habitación, supongo que estudiando. - Respondí mientras me incorporaba en el sofá. Me desperecé.
- ¿A qué hueles, Laura? - Mi madré frunció el ceño.
- ¿A qué huelo? - En ese momento no logré captar el por qué de aquella pregunta.
Entonces se inclinó hacia mí y olisqueó como un sabueso mi pelo.
- No sé. Será cosa mía... - Dijo mostrándome un gesto de contradicción. - Voy a preparar la cena.
Mi madre entró en la cocina y yo me dirigí hacia el baño. No entendía cómo podía haber reconocido un olor diferente en mí. "Madres policía" creo que las llaman... Me miré en el espejo, girando la cabeza y buscando alguna prueba que le hiciera sospechar que había estado con alguien. Nada. No tenía ni una simple marquita. Pasé las manos por mi cara y sonreí recordando cómo me había acariciado Ainhoa. Me quedé mirando mi reflejo, observando mis ojos... Sí que brillaban más que nunca. ¡Joder! ¿Cómo se puede ocultar algo así? Quería gritarlo a los cuatro vientos, pero tenía que callar.
Mientras mi madre y yo terminábamos de poner la mesa, Álvaro y mi padre charlaban en la sala de estar sobre estudios y temas de actualidad. Mi padre trabaja en Madrid y pasa largas temporadas fuera de casa. Tiene su propio bufete de abogados y le dedica tanto tiempo que es imposible que lo veamos más de 3 o 4 veces al año. Si nunca nos hemos ido con él ha sido porque mi madre no ha querido. Le gusta demasiado el clima de Valencia y el carácter de la gente de aquí. Además, toda su familia vive por esta zona y prefiere estar cerca de ellos. No sé cómo soportan estar tanto tiempo separados... Supongo que acabas acostumbrándote. Siempre digo que el día en que vuelvan a convivir juntos de continuo, se separarán. Álvaro y yo procuramos estar en contacto con él, pero el teléfono muchas veces se queda corto para tanta charla y, cuando viene, nos ponemos al día de todo lo que ha ido sucediendo. Esa noche discutían sobre política y comentaban las últimas noticias aparecidas en prensa. Mi madre se asomó al pasillo y los llamó para que acudieran a la cocina. La cena ya estaba preparada. Mi padre seguía hablando y Álvaro lo observaba realmente atento. Era como si absorbiera todo lo que él decía. Como una esponja. Es un hombre muy inteligente y cultivado y conoce al dedillo toda la actualidad socio-política. Cuando viene a casa procura darnos una charla sobre el tema para que, según él, "no nos dejemos llevar por todo lo que oímos". A mí, sinceramente, no me interesa nada de lo que nos cuenta, pero procuro parecer atenta para que no se moleste.
- Álvaro me ha contado que te está costando sacar alguna asignatura. - Me dijo mi padre.
- Bueno, te he dicho que me pide ayuda con algún tema... - Le replicó Álvaro.
- Si te pide ayuda es porque le cuesta, ¿no? - Mi padre le interrumpió para que no se justificara por mí. Después, clavó sus ojos en los míos. - ¿Qué asignatura es?
- Uff, hay varias... - Resoplé.
- ¿Varias? Pues estás en primero. En este curso sólo darás lo básico. ¿Cuáles son esas asignaturas?
Al igual que mi padre y que mi hermano, yo había comenzado a estudiar Derecho. Era mi primer año y ya estaba harta de leyes y más leyes. Si había "escogido" esa carrera fue porque me vi casi en la obligación. Desde pequeña ha habido libros y manuales de Derecho por casa y, tanto a Álvaro como a mí, nos han llevado directos por ese camino. Elegir otra carrera hubiera sido una decepción para mi familia.
- No me gusta nada Derecho Eclesiástico ni Derecho Romano. - Mi cara dejó entrever lo mucho que me aburría hablar de aquéllo. - No sé, papá...
- Bueno, ya te gustará. Esto no es cómo empieza, sino cómo acaba. Pero tienes que ponerte las pilas y estudiar más todavía.
- La cuestión no es estudiar o no. Memorizar algo que no me gusta es complicado...
- Mira tu hermano, a punto de licenciarse. - Dijo ilusionado. - Ha sido un chico estudioso y trabajador y pronto recogerá los frutos de tanto esfuerzo. - Mi padre seguía hablando sin escuchar mis respuestas. Él no podía asimilar que a su hija no le interesara en absoluto su profesión.
- A Álvaro le gusta. Desde pequeño le ha apasionado este mundo. Lleva la abogacía en la sangre. - Contesté malhumorada.
- Tú también la llevas en la sangre. - Dijo mi madre con firmeza.
- Es una forma de hablar, mamá. Me habéis entendido.
- Pues es lo que te da de comer. - Matizó.
- Bueno, ¿y qué? ¿Por eso ya me tiene que gustar?
- Laura, tú esfuérzate, saca buenas notas y tendrás un puesto de trabajo asegurado. - Mi padre parecía querer zanjar la conversación, como no dando demasiado importancia a lo que yo decía. - Pero en mi bufete sólo trabajan los mejores. Recuérdalo.
- Para ser el mejor, te tiene que gustar lo que haces. - Resoplé con fuerza. - Siempre que vienes tenemos la misma discusión. Estoy estudiando lo que a ti te gusta, no me pidas también ser la mejor... sabes que no puedo.
- ¿Te esfuerzas por serlo? - Mi padre seguía ignorando mis palabras. Le daba completamente igual si me gustaba o no esa carrera. Él lo único que quería era un "sí" como respuesta. Dándole la razón se solucionaba todo.
- Sí, me esfuerzo... Y ya no quiero discutir más. - Comencé a comer sin levantar la mirada de mi plato y apenas sin hambre. Removía la ensalada y pinchaba una y otra vez antes de llevarme el tenedor a la boca. No dejaba de pensar en todas las cosas que tenía que callarme para complacer a mis padres...
- Déjala, cariño, ella siempre va a contracorriente. Si tú quieres que sea de una manera, ella será justamente lo contrario. - Mi madre parecía buscar un poco más de polémica.
- ¿Y esto a qué viene? - Le pregunté ligeramente alterada.
- A todo.
- ¿A todo, qué? - Volví a preguntar.
- A todo, Laura. A los estudios, a los amigos... Todas las chicas de tu edad salen con amigas, pero tú no. Parece que disfrutes siendo el bicho raro.
- ¿Bicho raro porque no salgo con amigas? Entiendo que esto tiene mucho que ver con la conversación que estamos teniendo... - Solté de golpe el tenedor mostrando mi enfado.
- Mamá, eso da igual. Los amigos no se eligen. - Álvaro apareció justo en el momento en que más necesitaba una tregua. - No mezclemos cosas. Estábamos hablando de la carrera.
- Gracias. - Murmuré.
- Ya, pero vaya amigos. - Continuó diciendo mi madre.
- ¿Nuevas amistades, Laura? - Preguntó mi padre.
- Samuel, papá. El mismo de siempre.
- Samuel... - Repitió mi madre. - A mí no me gusta.
- No sabía que esto también tenía que gustarte a ti. - Dije con rabia.
- Bueno, ya está bien. A mí eso me da igual. Yo sólo quería saber cómo llevabas el curso. Lo que hagas fuera de él no tiene importancia ahora. - Sentenció mi padre.
Mi madre no dijo nada más después de que mi padre pusiera fin a nuestra extraña conversación. Ella solía esperar el momento perfecto para sacarme el tema de los amigos y de mis relaciones personales. No sé realmente qué pretendía con ello. Tras cinco minutos en silencio, me levanté y recogí mis cosas de la mesa.
- Me voy a la cama. Que paséis buena noche. - Antes de salir de la cocina, me acerqué a mis padres y les di un beso en la mejilla. Mi padre me abrazó y pasó su mano de forma cariñosa por la espalda, pero mi madre se mostró fría conmigo.
- Que descanses. - Me dijo Álvaro dulcemente.
Llegué a mi habitación y me senté en el borde la cama. Encendí la lámpara de la mesita de noche y saqué el teléfono móvil de mi pantalón. Para no variar, tenía varios mensajes por leer y un par de llamadas perdidas. Ainhoa me había llamado y yo sin enterarme. Como era bastante tarde y en mi casa no había mucho intimidad, le escribí para pedirle disculpas por no haberme dado cuenta antes.
- Bueno, ya está bien. A mí eso me da igual. Yo sólo quería saber cómo llevabas el curso. Lo que hagas fuera de él no tiene importancia ahora. - Sentenció mi padre.
Mi madre no dijo nada más después de que mi padre pusiera fin a nuestra extraña conversación. Ella solía esperar el momento perfecto para sacarme el tema de los amigos y de mis relaciones personales. No sé realmente qué pretendía con ello. Tras cinco minutos en silencio, me levanté y recogí mis cosas de la mesa.
- Me voy a la cama. Que paséis buena noche. - Antes de salir de la cocina, me acerqué a mis padres y les di un beso en la mejilla. Mi padre me abrazó y pasó su mano de forma cariñosa por la espalda, pero mi madre se mostró fría conmigo.
- Que descanses. - Me dijo Álvaro dulcemente.
Llegué a mi habitación y me senté en el borde la cama. Encendí la lámpara de la mesita de noche y saqué el teléfono móvil de mi pantalón. Para no variar, tenía varios mensajes por leer y un par de llamadas perdidas. Ainhoa me había llamado y yo sin enterarme. Como era bastante tarde y en mi casa no había mucho intimidad, le escribí para pedirle disculpas por no haberme dado cuenta antes.
"Hola Ainhoa. Acabo de ver tus llamadas. Ahora no puedo llamarte...
¿Te apetece hablar por aquí?"
Mientras esperaba su respuesta, contesté a los mensajes que tenía esperando. Samuel me pedía con insistencia que le dijera qué había pasado con Ainhoa, así que me limité a decirle que quería quedar con él para contarle todo. Después de la charla con mis padres, mi rostro era serio y en él, seguramente, se podía apreciar cierto desgaste. Necesitaba desconectar de aquéllo y volver a conectar con lo único que podía hacerme feliz. Ainhoa tardaba en contestar y yo comencé a impacientarme. De repente, alguien tocó a la puerta de mi habitación.
- Pasa. - Contesté sin saber quién era.
- ¿Se puede? - Álvaro apareció tras la puerta.
- Pasa, pasa...
- ¿Cómo estás? - Me preguntó mientras tomaba asiento a mi lado.
- No sé. - Le contesté un tanto nerviosa. - Da igual.
- Me sabe mal que estés así. Estabas tan contenta hace unas horas...
- Pues sí. Pensé que hoy nada ni nadie conseguiría joderme el día, pero me equivoqué.
- No le hagas caso a mamá. Ya sabes cómo es. - Álvaro apoyó su brazo sobre mi hombro y acercó su cabeza a la mía. - ¿Qué es eso que te tiene tan contenta?
- No te puedo contar nada aún. - Sonreí.
- Te hace sonreír con sólo pensarle. Debe ser muy especial.
- ¿El qué? - Le pregunté curiosa.
- Esa persona. - Álvaro me conocía más de lo que yo pensaba.
- Calla... No puedo contarte nada, de verdad. - Le dije poniéndome seria.
- Cuánto secretismo...
- Te lo contaré si todo va bien. - Mi respuesta parece que dejó satisfecho a mi hermano.
- Cuando quieras. - Álvaro se levantó de la cama y se fue hacia la puerta. Antes de salir, se dio la vuelta y señaló mi teléfono móvil. - Una tal Ainhoa te reclama. Buenas noches. - Me dijo guiñándome un ojo. Después de eso, salió de la habitación.
En ese momento mi cara debía parecer una semáforo en rojo...
Dejé aparcada la anécdota con mi hermano y cogí el teléfono para contestar a Ainhoa. Mientras me desnudaba para ponerme el pijama iba charlando con ella.
De Ainhoa:
¿Se puede saber dónde metes el móvil? :P
23:51
De Laura:
Lo siento, lo siento... Estaba ocupada.
23:54
No me gustaba hacer esperar a Ainhoa. Era como si no me importara que quisiera hablar conmigo o como si no le diera valor a su interés por mí. Ella contestó enseguida y eso me hizo sonreír.
De Ainhoa:
¿Estás desocupada ya?
23:54
Es por si me entretengo con otra cosa...jajaja
23:54
De Laura:
Me estoy poniendo el pijama. Me meto en la cama y seguimos :)
23:55
De Ainhoa:
Vale. Te espero.
23:55
Terminé de ponerme cómoda y me metí en la cama. Después, apagué la luz y me centré en nuestra conversación.
De Laura:
Ya estoy, perdona. ¿Qué tal estás?
23:57
De Ainhoa:
No sé si contestarte ya o hacerme un poco de rogar...
23:57
De Laura:
No seas mala... He tenido una noche ajetreada.
23:57
No dices nada... ¿Quieres que te lo cuente?
23:58
De Ainhoa:
¡Claro! Pensé que ibas a contármelo. Dime, ¿qué ha pasado?
23:58
De Laura:
Tampoco te quiero aburrir con mis cosas...
23:59
De Ainhoa:
¿Sabes qué ha significado lo de esta tarde?
23:59
Al leer esa pregunta, pensé que Ainhoa quería cambiar de tema. No entendí muy bien por qué quería hacerlo, y tampoco sabía qué debía contestar...
De Laura:
No te entiendo... ¿A qué te refieres?
23:59
De Ainhoa:
Me gusta que la persona que quiero que forme parte de mi vida, me cuente sus cosas...
00:00
Conocernos, saber qué nos preocupa, hablar de nuestras inquietudes.
00:00
¿Sabes por dónde voy, cariño?
00:00
De Laura:
Como una pareja, ¿no?
00:01
De Ainhoa:
Eso es :)
00:01
En ese momento me dejé hundir en la almohada, completamente relajada. Suspiré tan profundo que supuse que ese suspiro le había llegado a ella, y me quedé mirando la pantalla del móvil esperando algo más. Ainhoa seguía escribiendo.
De Ainhoa:
Supongo que te da un poco de miedo esta nueva situación, así que intentaré hacerlo lo menos complicado posible.
00:02
Quiero que lo nuestro salga bien. Es lo que más quiero en este momento...
00:02
De Laura:
Yo también, Ainhoa. No te preocupes por mis temores. Nada tienen que ver contigo.
00:02
De Ainhoa:
¿De qué tienes miedo?
00:02
De Laura:
De que haya quien no lo entienda... De que no nos dejen estar juntas.
00:03
Ainhoa tardó más de lo normal en contestar. Escribía, paraba y volvía a escribir, supongo que buscando las palabras más acertadas.
De Ainhoa:
Si tú y yo queremos, estaremos juntas. Nadie nos lo puede prohibir.
Si tú y yo queremos, estaremos juntas. Nadie nos lo puede prohibir.
00:05
De Laura:
Lo sé... Pero de momento es mejor no decir nada, ¿no?
00:05
No sé muy bien cómo hacer las cosas... ¿Me ayudarás?
00:06
De Ainhoa:
Poco a poco, Laura... Una relación en secreto también es divertida, jajaja.
Poco a poco, Laura... Una relación en secreto también es divertida, jajaja.
00:06
Reí en el silencio de la noche. Un nuevo suspiro volvió a atravesar la pequeña pantalla de mi teléfono.
De Laura:
Ojalá estuviésemos ahora juntas.
00:07
Tengo ganas de volver a besarte y de que me abraces como esta tarde.
00:07
De Ainhoa:
El viernes después de clase podremos estar un rato juntas. Nos inventaremos algo...
00:07
Ainhoa y yo continuamos charlando, y la noche fue pasando entre confidencias y alguna que otra palabra cariñosa. No quise contarle la discusión con mis padres porque prefería hablarle de eso en persona. Ese miércoles había sido el día más especial de mi vida, a pesar de la mala cena que me habían dado. Hablar con Ainhoa y terminar la noche con ella sirvió para hacerme olvidar todo lo demás. En esa habitación sólo estaba yo, pero era como si Ainhoa estuviera a mi lado, hablándome bajito y cogiéndome de las manos. Sus palabras me hacían sonreír a cada momento, por muy insignificantes que parecieran para otros. Sin embargo, el sueño me iba venciendo poco a poco...
De Ainhoa:
¿Mañana qué harás?
01:21
Yo tengo que preparar una conferencia. Tengo el día bastante liado.
01:21
Tengo que hablarte de otra de mis pasiones... ¿Te gusta leer?
01:22
¿Laura? ¿Sigues ahí?
01:28
Me temo que te has quedado dormida... :)
01:33
Buenas noches, cariño... Descansa.
01:34
Te quiero. Un beso.
01:34
A la mañana siguiente amanecí con el teléfono móvil entre mis manos. Abrí los ojos y me levanté de un salto, pensando que era miércoles. Miré el despertador y vi que eran más de las 12. Pensé que llegaría tarde a clase. Algo confusa y desorientada comencé a vestirme, hasta que me ubiqué y empecé a recordar el día anterior. Miré mi móvil y me di cuenta de que tenía varios mensajes sin leer. Cuando vi que eran de Ainhoa, sonreí avergonzada. Me había quedado durmiendo y ella, en vez de molestarse, se había despedido de mí de aquella manera tan tierna. Le dejé un único mensaje y me volví a acostar.
"Buenos días, Ainhoa. Anoche caí rendida... Sorry!
Dormirme "contigo" fue realmente maravilloso... Quiero verte YA.
Un beso. Laura."
