Tus brazos me rodearían, sintiéndote como nunca te he sentido.
Salí del vagón buscándote entre toda esa gente. Aguardando ese momento que tantas veces había imaginado antes de dormir; cuando apagaba la luz y, antes de que me venciera el sueño, pensaba en las palabras que me gustaría escuchar de tu boca.
Ahí estaba yo, parada junto al andén, pensando en que vendrías a por mí.
Quería decirte tantas cosas...
En mi cabeza te he desnudado muchas veces. Jugando con tu ropa y con tus manos. He podido sentirse y me he estremecido. He querido besarte, acariciarte, amarte. Te he hecho sentir mía mientras yo sentía que era sólo tuya.
Mis dedos bajando por tu espalda, acariciando cada rinconcito de tu piel.
Junto a mí has descubierto, has disfrutado, has sentido la química de dos cuerpos chocando. Has mirado dentro de mis ojos y has encontrado 'verdad'. Una verdad que se esconde tras esas cuatro paredes y toda esa oscuridad, en silencio.
Mi viaje lo pasé pensando en ti. Mi viaje en tren, claro, porque el viaje de mi vida se centra en vivir de ti últimamente.
Quise explicarme, desahogarme, y hacerte cómplice y testigo de mis sentimientos.
Quise acercarme tanto que cuando te tuve delante todo se tambaleó.
¡Ana! ¡Por fin juntas!
Por fin juntas... Por fin llegaste. Mi espera sirvió para castigar un poco más a mi cabeza. Tu llegada difuminó mis pensamientos y no pude imaginar más. En ese momento estaba en tu mano hacer y deshacer. Me dejé llevar...
Tu abrazo sonó como un crujido, de tanta fuerza impregnada en él. Tu risa me hizo bailar al escucharla tan de cerca, a dos centímetros de mí. Tu olor... No podría describir tu olor. Una conjunción perfecta de aromas florales mezclados con un toque de dulzor.
Un olor que mezclado con tu piel logró ponerme el vello de punta.
Floté entre tus brazos, como si levitara de felicidad. Tan sólo cerré los ojos y me dejé llevar a ese lugar que cada noche he buscado. Un lugar donde sólo existiéramos tú y yo.
Ajenas a todo.
Cuando te separaste de mí, desperté de ese sueño y volví a la cruda realidad. Una realidad que me alejaba de ti. Una realidad que no me permitía decirte cuánto deseaba besarte.
Estás emocionada...
¿Cómo no iba a estarlo?
Su cara era tan perfecta como recordaba. Sus ojos grandes y almendrados, y ligeramente entornados a causa de la gran sonrisa que habitaba en su boca, me miraban sin pestañear. Diciéndome todo cuanto quería...por el momento.
No podía más. Necesitaba explotar. Hablar. Necesitaba de ella...
Sin dudarlo, la volví a atraer hacia mi cuerpo y la abracé. Esta vez mis manos la sujetaban, mis huesos crujían y mi boca fue la que se acercó a su oreja. Susurré algo. Bajé hasta su cuello y lo besé con ternura... Respirando de su aroma otra vez.
¿Qué me has dicho?
Volví a su oreja, soltándome por un momento de nuestro abrazo para poder acariciar sus mejillas, y le dije que la amaba.
Te amo
Mis piernas comenzaron a temblar. Mi estómago me advirtió del nerviosismo que me estaba atrapando. Mis ojos se cerraron, como esperando algo que no quería recibir. Mis manos volvieron a ese abrazo y apreté de nuevo, rogando piedad en su respuesta...
Ella se despegó de mí, pero sin separarse del todo.
Abrí los ojos poco a poco y la descubrí mirándome con gesto contradictorio... Su boca se fue transformando en sonrisa, sus ojos fueron desprendiendo un brillo que antes no vi en nadie más, y sus manos apretaron con fuerza las mías.
Me besó.
Fue un beso inexplicable. Un beso que no había logrado imaginar...tras tantos besos que rondaron por mi cabeza. Y su sabor era infinitamente mejor de lo que había soñado nunca.
Duró como una vida entera. Como todos esos meses que había estado pensando en él. Pensando en ella. Duró para siempre...
En ese viaje encontré lo que salí buscando.
En ese viaje...
Te encontré a ti.
Te encontré a ti.
Ana es moñas hasta para mí juassss......pero me encanta :)
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