sábado, 2 de marzo de 2013

Ropa desordenada (III)

Los primeros rayos de sol asomaban tímidamente entre la persiana de la habitación, acariciando la espalda desnuda de Lucía. Vanesa la observaba en silencio, tumbada a su lado. Llevaba desde antes del amanecer mirándola, casi en completa oscuridad. Sin embargo, ya se sabía de memoria cada curva de su cuerpo.

Lucía se giró sobre sí misma y Vanesa se tapó rápidamente, haciéndose la dormida. A los segundos abrió de nuevo los ojos y observó que Lucía seguía durmiendo. Entonces, se acercó a su pelo y respiró de él, sin poder evitar soltar un pequeño suspiro. Eran tan incontrolables sus ganas por abrazarla que terminó acercándose a ella hasta quedarse pegada a su cuerpo, pero el sueño de Lucía era tan profundo que ni siquiera se inmutó. Vanesa comenzó a acariciarla. Pasó las yemas de sus dedos por sus hombros, bajando por su espalda y hasta llegar a sus muslos. Lucía parecía estremecerse por momentos. En una de esas caricias, esbozó una pequeña sonrisa y abrió levemente los ojos. Vanesa sonrió.
- Buenos días, preciosa.
- Buenos días. - Le contestó Vanesa junto con un beso en los ojos. 

Lucía abrazó a Vanesa, desperezándose al tiempo que la manoseaba por todas partes.
- ¡Ay, qué ganas tenía de despertarme así! - Dijo Lucía.
- ¿Así cómo? ¿Metiéndome mano? Jajaja.
- Jajaja, sí.
Vanesa agarró las manos de Lucía y se las colocó sobre su culo, apretando con fuerza al tiempo que la besaba con todas las ganas que guardaba desde la última vez. Parecía que nadie podría romper ese dulce despertar, pero el teléfono de Lucía sonó, asustándolas a las dos. 
- Joder, vaya horas de llamar... Dime. - Lucía respondió la llamada un tanto enfadada.
Al otro lado, su manager.
- ¿Por qué no coges el teléfono? Te estoy llamando a la habitación.
- Ah... es que no lo he oído, jajaja. - Respondió sofocada.
- ¿Que no lo has oído? Ya, claro... eso será, jajaja. ¿Dónde estás?
- He pasado la noche fuera. Pero bueno... ¿Qué quieres?
- Te recuerdo que tenemos que salir en una hora. A las 9 hay que estar en la radio.
- Uff, es verdad. Menos mal que me has llamado.
- Venga, te espero a las 8:20 en el hall. ¿Llegas?
- Sí, sí, no te preocupes. Hasta ahora.
- Ciao. Ya me contarás.
Lucía cortó la llamada y se quedó mirando el móvil por unos segundos.
- Tengo una entrevista en la radio. Ni me acordaba...
- Bueno, no pasa nada. - Contestó Vanesa resignada. - Dúchate aquí si quieres.
- Vale, pero voy a por algo de ropa a la habitación.

Lucía se levantó de la cama y comenzó a vestirse. Vanesa se acercó a ella y la abrazó por detrás.
- No tardes. - Le dijo mientras la besaba en el cuello.

Al volver, Vanesa había preparado el baño para que Lucía pudiera ducharse tranquilamente. Juntas entraron en él y Lucía comenzó a quitarse la ropa, mientras Vanesa la observaba con una sonrisa. 
- ¿Vas a quedarte ahí mientras me ducho? - Le preguntó Lucía con gesto de sorpresa.
- Jajaja, no sé...
Lucía se acercó a Vanesa y la besó muy dulcemente, metiéndole las manos por debajo del albornoz con el que se había vestido al despertarse. La acarició unos segundos y a continuación se dirigió hacia la ducha.
- Voy a ducharme. - Comentó Lucía, guiñándole un ojo a Vanesa al mismo tiempo.

Lucía entró en la ducha y abrió el grifo de agua caliente. Vanesa seguía mirándola desde fuera.
- 'Dejo la puerta abierta por si quieres pasar'. - Dijo Lucía.
Vanesa sonrió con picardía.
- 'Ay, no me digas que no entras...' - Volvió a decir Lucía, haciéndole un gesto con la cabeza, como animándola a entrar con ella.
Vanesa se despojó de su albornoz, lanzándolo contra el suelo, y entró junto a Lucía en la ducha.

El agua caía con una temperatura ideal. Lucía empezó a mojarse mientras Vanesa la miraba atenta. Recorría su cuerpo desnudo con la mirada, siguiendo las gotas que se deslizaban por su piel. Por unos instantes se detuvo en una gota que bajaba desde su cuello hasta su vientre, y extendió su brazo, posando su dedo índice sobre el pubis de Lucía, para detenerla. Entonces, Lucía dirigió el chorro de agua hacia ella, mojándole las manos.
- Estás muy fría, cariño. - Le dijo Lucía. - Con las manos calientes mucho mejor.
- Jajaja, tienes razón. Anda, date la vuelta. - Le dijo Vanesa muy dulcemente.
Lucía le hizo caso y se dio la vuelta, sin dejar de echarse agua por encima. Vanesa cogió un poco de gel y comenzó a enjabonarla. Las manos de Vanesa se deslizaban suavemente por su espalda, creando un dibujo en su piel. Poco a poco, se iba acercando a ella, hasta quedar pegadas. Sus manos abrazaron el cuerpo mojado de Lucía y se apoyó sobre su cuello. Lucía cerró el grifo y lo soltó de sus manos, dejándolas libres para poder tomar las de Vanesa. Se dio la vuelta y las dos se quedaron frente a frente. Lucía comenzó a besarla. Sus lenguas jugaban lentamente, con calma. Se saboreaban la una a la otra. Vanesa lamió la comisura de los labios de Lucía, para después bajar hasta su cuello, donde descansó unos segundos, respirando de su olor. Sus manos no dejaban de buscarse y palparse. La cercanía entre ella era tan total que hacía que sus pechos se rozaran y chocaran una y otra vez. Lucía agarró a Vanesa de la cintura y la empujó contra el cristal de la ducha, sujetándole las manos y levantándoselas por encima de la cabeza, al mismo tiempo que seguía besándola, cada vez más y más rápido. Vanesa escapó de las manos de Lucía y dirigió las suyas hacia su sexo. Lucía gimió de placer al sentir sus dedos. Notaba el calor en su entrepierna mientras Vanesa continuaba acariciándola y frotando su pierna contra ella. Lucía agarró del pelo a Vanesa y le tiró hacia atrás, despegándola por unos segundos de su boca.
- 'Hazme el amor una vez más'. - Susurró Lucía.
Esas palabras aceleraron a Vanesa, que tomó las riendas y empujó a Lucía contra la pared, al tiempo que la besaba salvajemente. Sus lenguas se recorrían sin pausa y en ese momento sólo eran 'dos respiraciones con un ritmo a contratiempo'. Lucía cada vez estaba más caliente, fruto esta vez del placer desatado que estaba sintiendo. Poco importaba ya si el agua corría o no en esa ducha. Vanesa se agachó para poder lamerle los pechos, sin dejar de acariciarla ni un solo instante. Bajó un poco más y besó su vientre, antes de arrodillarse por completo y quedarse a la altura de su sexo. Con los dedos separó sus labios y empezó a lamerle de una forma desenfrenada. Los lengüetazos los acompañaba con fuertes embestidas. Lucía no podía parar de gemir. 
- Oh, joder... no pares. 
Vanesa jadeaba de placer. Estar haciéndole el amor a Lucía le producía casi el mismo placer que a ella. Casi rozaban los gritos. Vanesa penetraba a Lucía con sus dedos, parando únicamente para introducir su lengua en ella. A Lucía le comenzaron a temblar las piernas, prueba de que el éxtasis estaba a punto de llegar. Vanesa se dio cuenta y comenzó a embestirla esta vez un poco más fuerte, y acompañándose de su lengua. Le lamía y la embestía con sus dedos al mismo tiempo. Lucía no podía más.
- Oh, Vanesa...
Vanesa sacó sus dedos, lamió muy fuerte el sexo de Lucía y volvió a penetrarla, hasta el límite... Lucía cayó entre sus brazos rota de placer. Vanesa la besó, haciéndole partícipe del sabor de su propio sexo. Sabía al mayor orgasmo que jamás había tenido.

Vanesa acercó su mano empapada a Lucía, que la miró incrédula sin dejar de jadear.
- Joder... ¿Cómo me voy ahora? - Dijo Lucía entre risas.
- Yo diría que muy bien... - Sonrió Vanesa.
Lucía la abrazó y la besó muy dulcemente, y Vanesa le respondió acariciándole la cara. Siguieron besándose mientras se levantaban del suelo de la ducha. Sus manos se buscaban como pidiendo un poco más... Vanesa cogió a Lucía de la cintura y la invitó a acompañarla fuera. Sin dejar de besarse y un poco mojadas aún por la ducha de antes, las dos se tiraron sobre la cama. Lucía cayó sobre Vanesa, que quedó prisionera de ella por unos momentos. Lucía empezó entonces a besarla por todas partes. Lamió su cuello, sus brazos, sus pezones... Vanesa acercó su mano al sexo de Lucía y comprobó que continuaba como hacía unos segundos. Estaba completamente mojado. Empezó a acariciarla de nuevo, pero esta vez Lucía hizo lo mismo con ella. Vanesa y Lucía se arrodillaron sobre la cama, frente a frente, mientras se acariciaban mutuamente. Comenzaron a besarse de nuevo y sus sexos se empaparon un poco más. Las dos gemían con fuerza, una en la boca de la otra. Sus labios dibujaban la misma sonrisa, producida por el placer que estaban sintiendo. Lucía, con la mano que tenía libre, agarró a Vanesa y la atrajo hacia su cuerpo. Entonces se inclinó un poco ante ella y abrió sus piernas. 
- Ven conmigo, quiero sentirte más cerca...
Vanesa se acercó y, abriendo también sus piernas, se apoyó sobre ella. Las dos comenzaron a balancearse, una sobre la otra, en un baile de excitación y gemidos compartidos. Vanesa se movía con mucha fuerza, deslizando su sexo sobre el sexo de Lucía, que se dejó caer sobre la cama, rindiéndose al placer. Una experiencia así tendría que haber durado un poco más, pero era tan fuerte lo que sentían que se dejaron llevar rápidamente, casi al mismo tiempo. Lucía llegó al orgasmo, y Vanesa, aunque quería seguir, al sentirlo no pudo más, cayendo sobre ella. Se quedaron así unos minutos, en silencio, una sobre la otra, recuperándose de esa nueva sensación. 
- No te vayas... - Le suplicó Vanesa.
Lucía la besó con ternura y la rodeó entre sus brazos. 
- En cuanto salga, me vuelvo contigo. No quiero separarme de ti ahora que te he tenido tan cerca.
Vanesa sonrió al escuchar esas palabras.
- Yo tampoco quiero separarme de ti.

Lucía se apresuró en arreglarse para acudir a la cita, saliendo de la habitación escasos minutos después. La despedida se prolongó todo lo que pudieron, entre besos, caricias y miradas de complicidad. Necesitaban estar juntas y volver a sentirse de nuevo.

Una vez que Lucía se había marchado, Vanesa se sentó en la cama y comenzó a recordar todos sus encuentros: en aquel camerino del teatro, la noche anterior en esa misma habitación, la ducha de hacía un rato, el mayor acto de amor que acababan de vivir... Vanesa estalló en un suspiro enorme, se desplomó sobre la cama con una sonrisa dibujada en su cara, y comenzó a cantar: "Soy tan tuya que ni yo... ni yo misma me lo aguanto...". Y comenzó a reír de pura felicidad.

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