jueves, 21 de marzo de 2013

Mucho más que un gato.

Fuimos al albergue con la idea de adoptar un gatito rubio, de pocos meses, para darle un 'hermanito' a Gato, nuestra pequeña pantera. Nada más entrar en la gatera empezaron a aparecer a nuestro alrededor un montón de gatos: una gatita negra, muy pequeña y simpática, que se nos subía por las piernas y no paraba de maullar; una gata adulta color crema con una mancha marrón oscuro en el lomo; una gatito travieso que no paraba de trepar por todos los sitios; y un gato silencioso, que sólo nos miraba y nos seguía. No tuvimos mucho que pensar. Daba igual los gatos que maullaran o los que se nos tiraran encima reclamando atención. A nosotras nos gustaba ese gato rubio silencioso, ese que no maulló ni una sola vez en todo el tiempo que estuvimos allí, ese que no paraba de mirarnos... Queríamos un gato de pocos meses y él no lo era. Ya era adulto y, seguramente, mayor que Gato, pero ya daba igual: el elegido era Kiwo.

Al principio le costó un poco adaptarse a su nueva compañía. Gato se volvió un poco arisco y, de vez en cuando, intentaba pelear con él. Con el tiempo los dos se hicieron muy amigos, pero poco duró esa amistad, ya que Gato se fue muy pronto. Fue entonces cuando Kiwo conoció a Mora, una gata muy pequeña que enseguida se hizo amiga suya. Ella siempre le estaba dando besos y le seguía a todas partes. Donde iba Kiwo iba Mora detrás. Puedo imaginar lo mucho que se querían.

Ese martes, antes de salir de casa, Mora se acercó al transportín para despedirse de su amigo. Ya había estado antes dándole muchos besos y abrazado a él, pero seguro que quería aprovechar hasta el último segundo. Nosotras le íbamos a echar de menos, pero sé que la que más notaría su ausencia sería ella.

Habrá quien piense que Kiwo sólo era un gato y que se puede reemplazar por otro en cualquier momento, pero no. Kiwo no era un gato más, Kiwo era mucho más que un gato, y por eso es y será imposible de reemplazar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario