viernes, 2 de agosto de 2013

Young innocence (VII). Mi novia.

- Laura, Laura... Te están llamando.
- ¿Qué?
- El teléfono. Toma, anda.
Mi madre me acercó el teléfono móvil y lo dejó a mi lado, en la almohada. Yo me levanté y me senté sobre la cama para contestar, pero justo en ese momento se cortó la llamada. 
- Ha colgado.
- Ha estado así bastante tiempo. Pensé que ya estabas despierta. - Murmuró mi madre sin apartar la vista de mi teléfono. - ¿Algo importante?
Miré y vi que tenía dos llamadas perdidas de Samuel y un par de mensajes sin leer. 
- Era Samuel. Ahora le llamaré. - Contesté entre bostezos. - ¿Cómo has sabido que me llamaban? Si lo tengo en silencio...
- He visto la pantalla parpadeando.
- Ah... Gracias. - Contesté con rostro serio.
- Bueno, ve levantándote que ya has dormido bastante. - Refunfuñó.
- Sí, mamá...
Mi madre salió de la habitación con el mismo gesto que el día anterior. Completamente seria y aparentemente enfadada conmigo... Eso me reventaba bastante. Como siempre, dejaría pasar el tiempo hasta que las aguas volvieran a su cauce. 

Pasaron 15 minutos hasta que salí de mi habitación. Mis padres me esperaban para comer.  

- Buenos días. - Les saludé nada más entrar en la cocina.
- Laura, sigues levantándote tan tarde como de costumbre. - Dijo mi padre a modo de regañina. - Ahora no tendrás hambre.
- Me levanto tarde cuando puedo. 
- ¿Y cuándo no puedes? - Preguntó mi madre. 
La miré de manera desafiante y agaché la cabeza sin contestarle nada. Dos no discuten si una no quiere, ¿no? Pues yo no tenía ningún interés en discutir con ella.
- Como rápido y me voy, que tengo clase. - Dije con frialdad.
Me serví un plato de pasta y lo engullí en apenas cinco minutos. Mis padres, mientras tanto, se dedicaban a comentar las noticias que iban apareciendo en televisión. 
- Laura, ¿te pasa algo? - Preguntó mi padre de repente.
- No.
- Estás muy seria. - Añadió.
Mi padre seguía esperando una respuesta sincera. Mientras, yo mantenía la mirada fija en el vaso de agua y apretaba los labios para evitar decir algo que no quisieran oír. Tras unos segundos en silencio, respondí.
- Todo está bien, papá. Me esforzaré más en clase para que estés orgulloso de mí.
Mentirosa de mierda...
- Claro que sí. Con esfuerzo todo se consigue. - Sonrió satisfecho.
Qué fácil era todo. Una sola mentira y conseguía deshacerme de preguntas incomodas. Él tenía lo que quería y yo... Bueno, yo tenía vía libre para largarme sin dar muchas explicaciones. 

Salí a la calle y telefoneé a Samuel. El pobre aún estaba esperando a que le devolviera la llamada.

- Samuel, ¿voy a tu casa? ... ¿Pero habéis comido? ... Vale ... No, no tengo clase hoy ... Bueno, que no me apetece ir ... Pues ya le pediré los apuntes a alguien, no seas pesado ... Salgo ahora, llego en 20 minutos ... Hasta ahora.
Entré en el coche un tanto acelerada. Tenía muchas ganas de contarle a Samuel todo lo que había pasado con Ainhoa. Casi todo... Estaba completamente segura de que él no sospechaba cuánto de sí había dado la tarde de ese miércoles maravilloso... Pensar en ello me tranquilizó y consiguió evadirme de mis problemillas familiares. 

Conforme me iba acercando a casa de Samuel, recordé la primera vez que estuve en el apartamento de Ainhoa. Pasé cerca de la parada de metro de Beniferri y pensé en el momento en el que salí de allí para ir a esa tutoría que lo cambió todo... Al final de la avenida tenía que seguir de frente, pero me apetecía pasar por la calle de Ainhoa y decidí girar a la derecha. Observé con detenimiento aquellas aceras anchas y esa pequeña arbolada que cruzaba de punta a punta la calle. Los coches aparcados en doble fila y el intenso tráfico ralentizaron mi marcha, haciendo que me parara justo delante de su portal. Miré por la ventanilla y me la imaginé apoyada en la pared, esperándome como el primer día, con esa falda tan sexy y su sonrisa infinita. El sonido de un claxon me sacó de mis pensamientos... Evidentemente, no estaba allí. En la siguiente calle giré a la izquierda y cambié de sentido. Ya estaba bien de dar tanta vuelta estúpida e ir a casa de Samuel. Llegué a su calle y aparqué frente a su edificio. Era mi día de suerte. Casi nunca lograba encontrar aparcamiento en aquella zona. 


- Cuánto tiempo sin verte, Laura. - La madre de Samuel me recibió con un efusivo abrazo.
Es una mujer muy agradable y atenta. Me conoce desde pequeña y siempre me ha visto como la novia perfecta para su hijo, a pesar de que ya tenga asumido que Samuel nunca tendrá una. Me encanta ver la complicidad que tiene con ella y cómo no hay secretos entre los dos... Es lo que siempre he deseado para mí. Estuvimos charlando apenas cinco minutos antes de que Samuel se mostrase desesperado.
- Bueno, mamá, ya habéis hablado bastante. - Me agarró del brazo y comenzó a tirar de mí. - Me la llevo a mi habitación. A ver si hoy no se hace la estrecha, jajaja. - Dijo bromeando.
- Pasadlo bien, chicos. 
Samuel y yo pasamos a su habitación y nos sentamos en el suelo, sobre una alfombra mullida que suele colocar en los meses de más frío. Siempre bromeábamos con que esa alfombra sería testigo de nuestras conversaciones más íntimas. Ahí iba la primera importante...
- Bueno, Laurita... Cuéntamelo todo. - Me dijo Samuel apoyando los codos sobre sus rodillas y sujetando su barbilla con los puños cerrados.
- ¿Todo?
- Todo... - Me miró muy fijamente. 
- Jajaja, no me mires así que me da la risa. - Al verlo en esa postura me dio por reír. Una risa que era fruto más bien de los nervios que de otra cosa.
- Perdón, perdón, es que estoy deseando saber qué te dijo ayer.
- ¿Qué crees que me dijo? - Pregunté divertida.
- Joder, Laura... Pues no sé, pero te veo contenta. - Ladeó su cabeza y siguió hablando. - ¡Venga! ¡Habla!
Me hice un poco de rogar. Ver a Samuel tan impaciente me hacía gracia, y reír era justo lo que necesitaba. Tras divagar unos minutos y ponerle un poco más nervioso, comencé a contarle lo que había pasado. 
- Después de clase fui a comer a la cafetería...
- ¿Y en clase estuvo bien contigo? - Me interrumpió.
- Sí, sí. Ella actuó de manera natural, como si no hubiera pasado nada. - Le contesté rápidamente. - Me devolvió la agenda y me dijo que me llamaría para hablar conmigo.
- Bien. - Sonrió.
- Como te iba diciendo, después de clase fui con Alejandra a comer a la cafetería y la vi allí. - Mi gesto se volvió más serio. - No dejé de observarla, de pensar en ella... Aunque me había dicho que me llamaría por la tarde, necesitaba explicarme y no quería esperar tanto.
- ¿Y qué hiciste? 
- Meterme en su coche. 
Samuel abrió de manera muy expresiva sus ojos y su boca, sin dar crédito a lo que estaba escuchando.
- Me metí en su coche y le dije que necesitaba saber que todo estaba bien. 
- ¿No te vio nadie? - Preguntó extrañado.
- Pues no lo pensé, la verdad. Supongo que no. 
- Sigue. 
- Se sorprendió al verme allí, pero se lo tomó bien. Me dijo que mirara en mi agenda...
Entonces, abrí mi bolso y saqué el sobre con la nota, mostrándosela a Samuel para que la leyera. 
- Me había dejado esto... - Le dije extendiéndosela. 
Samuel sacó la nota y la leyó con mucha atención.
- Joder, Laura, ¡qué bonito! - Gritó exultante.
- Sí. Es tan mona...
- Sí lo es.
Samuel me sonrió de una manera tan tierna que consiguió emocionarme. No sé qué me ocurrió, pero comencé a llorar.
- ¿Qué te pasa? - Me preguntó acercándose a mí.
- Nada, si es que es todo tan perfecto que no me lo creo. - Suspiré.
Samuel me abrazó y me besó muy fuerte en la mejilla. 
- ¿Y por eso lloras? - Insistió en la pregunta.
- Gracias por escucharme. Me gusta tener alguien con quien compartir todo esto... Pero me duele tener que callarlo tanto con otras personas. - De repente no veía nada. Mi mirada se nubló a causa de todas las lágrimas que pedían permiso para salir. 
- No llores. Esto es ahora. - Samuel pasó la palma de su mano por mis ojos sin ningún cuidado. 
- Qué bruto eres.
Nos reímos al unísono y lo abracé de nuevo. Esta vez apreté con más fuerza, pidiéndole que no se separara todavía. Mientras lo tenía agarrado y pegado a mí, le solté la noticia que tanto deseaba darle.
- Me acosté con ella, Samuel. 
Samuel se deshizo de mi abrazo y agarrándome de los brazos me tiró hacia atrás. 
- ¡¿Qué?! - Los ojos se le salían de las órbitas y su boca estaba mucho más abierta que en la anterior ocasión. No pude evitar reírme. - Tía, no me tomes el pelo. ¿Te estás riendo de mí?
- No, no, de verdad. Me he reído porque tu cara es muy cómica... Joder, estoy nerviosa, eh. 
- ¿De verdad os acostasteis? 
Asentí con la cabeza y sonreí de pura felicidad.
- Fue muy especial, Samuel. - Le contesté subida en aquella nube. - Fue tan dulce conmigo... No sabes cómo me sentí. - Solté un suspiro y noté cómo me sonrojaba al recordarlo.
- No sabes cuánto me alegro. - Susurró Samuel pasando sus manos por mis brazos.
Su posterior silencio me dejó algo desconcertada. No dejaba de mirarme, pero no decía nada.  
- ¿Te alegras de verdad?
- Claro que sí. - Me contestó mientras pasaba sus dedos por mis manos. En ese momento dejó de mirarme. - Pero me has dejado completamente perplejo.
- Ya veo...
- Ainhoa me parece una chica perfecta para ti. - Continuó diciéndome. - Y creo que tú también estás convencida de ello. Si no, no entendería que hayas decidido dar este paso.
- Dudo que exista alguien mejor para mí.
Mi respuesta firme y sin titubeos logró convencer del todo a Samuel. 
- Entonces no hay nada más que hablar. - Sonrió enérgicamente. - Quiero todos los detalles.
Los ojos de Samuel me miraban sin pestañear, esperando la narración de los hechos. No me sorprendió en absoluto que quisiera saberlo todo. Samuel era muy cotilla.
- No te voy a contar los detalles. Me da mucha vergüenza... 
- Pues vaya...
- Es algo muy íntimo. - Sonreí.
- Vale...pero cuéntame algo. ¿Fue como esperabas? 
- La verdad es que nunca esperé que fuera de una manera u otra. Simplemente me dejé llevar. - Conforme lo iba recordando me avergonzaba un poco más. - Le dije que era la primera chica con la que estaba. 
- ¿La primera chica? Supongo que entendería que tampoco habías estado con un chico.
- ¡Claro! Le dije que había sido la primera en todo. - Contesté - Me entendió perfectamente. - Sonreí de nuevo. 
- Bueno, ¿y cómo fue? ¿Te gustó? - Samuel se mostraba expectante. 
- Sí. Me gustó muchísimo. 
- Con lo pudorosa que decías ser... Seguro que estás deseando volver a hacerlo. 
- En realidad sigo siendo pudorosa. - Cerré de golpe los labios e hice una mueca con la boca.
- Pero en ese momento no lo fuiste, ¿no? ¿A ella le gustó?
- A ella le gustó porque vio que a mí me gustaba. 
- ¿Y ya? 
- A ver, Samuel, yo a ella no le hice nada...
Ahí me morí de la vergüenza.
- Ah... - Musitó.
De nuevo el incómodo silencio entre nosotros.
- Ella llevó la iniciativa. Yo me dejé hacer y se acabó... - Contesté mostrando lo incómodo que me resultaba aquéllo. - Después, estuvimos charlando. Dormimos un poco y tuvimos algún momento más de... ¿intimidad? - Dudé en cómo definirlo. - Quiero decir que nos besamos, hubo alguna caricia, pero no llegamos a más.
- Te entiendo. 
- ¿Me entiendes?
- Sí, y me parece genial. Eso demuestra todavía más que Ainhoa siente de verdad por ti. 
- Sí... Lo noté, Samuel. - Asentí con timidez. - Fue algo importante para mí y si lo hice con ella es porque estoy segura de lo que siente. No sabes las cosas tan bonitas que me dice... Me hace sentir especial. Estoy en una nube todo el tiempo. 
- Estás completamente colada por tu profe de inglés. - Sentenció Samuel. - ¡Y yo estoy flipando!
Los dos comenzamos a reír y en ese instante me sentí como una niña pequeña. Como cuando abría los regalos de Navidad, completamente emocionada y con las ganas intactas por jugar y divertirme. Mis 19 años se volvieron más inocentes aún.
- ¿No tienes miedo de que te vea muy niña? - Me preguntó Samuel de repente.
- No. - Contesté orgullosa. 
- Te quiero ver feliz. - Samuel me abrazó de nuevo y comenzó a besarme sin compasión.
- Mira que eres plasta...jajaja.

Eran más de las 7 de la tarde cuando salí de casa de Samuel. Su madre insistió en que me quedara a cenar, pero si lo hacía sabía que llegaría tarde a casa, y ese día quería acostarme muy pronto para que pasara más rápido el tiempo. El viernes estaba al caer y con él mi esperado reencuentro con Ainhoa. Nada más subirme al coche miré mi teléfono... ¡Joder! ¿Dónde tengo la cabeza? Debería acostumbrarme a mirarlo más a menudo. Ainhoa me había escrito.

De Ainhoa:
Hola, preciosa... ¿Estás en la facultad?
16:23
Tengo un hueco entre tutoría y tutoría. Si quieres, sube un rato a mi despacho.
16:24
¿Sabes dónde es?
16:24
¿No miras el móvil en toda la tarde?
18:40
:(
18:41
...con las ganas que tenía de verte...jajaja.
18:43
Un beso.
18:43

¡Mierda, mierda, mierda! Yo también tenía ganas de verle... Sin esperar un segundo más, le respondí.

"Ay, Ainhoa... tengo que empezar a ojear el móvil de vez en cuando. ¡Lo siento!
No he ido a clase. Hubiera sido imposible verte...
Mañana te recompensaré :) ¿Hablamos luego?
Un beso. Laura."



Esperé unos minutos dentro del coche, mirando el móvil para ver si respondía. Seguro que arrancaba y me contestaba de camino a casa, haciéndole esperar de nuevo... A los segundos, me llamó. 
- Laura, hacer pellas está muy feo. - Me regañó Ainhoa al teléfono.
- Vaya...
- Jajaja, ¿no te lo habrás tomado en serio?
- No, tonta. Me sabe mal no haber leído antes tus mensajes. - Me lamenté.
- No importa.
Pude intuir que Ainhoa sonreía al otro lado del teléfono. Su voz era serena y eso me tranquilizó. 
- He estado en casa de Samuel toda la tarde.
- ¿Y bien? Te noto rara...
- Estoy bien. Sólo que me hubiera encantado verte esta tarde... y mira.
- Mañana nos vemos. - Al ver que yo no decía nada, Ainhoa continuó hablándome. - ¿Sigues con él?
- No, estoy en el coche. 
- ¡¿Conduciendo?! - Preguntó elevando el tono.
- No, no, estoy aparcada... mamá.
- Jajaja, qué tonta eres. - Su voz burlona me hizo sonreír. - Ahora mismo te comería a besos.
Cerré los ojos recreándome en sus palabras y una sensación maravillosa se apoderó de mí. Volví al momento en que me besó por primera vez y pude sentir sus labios sobre los míos. Me estremecí.
- Uff, ¿cómo lo haces? - Le pregunté.
- ¿El qué?
- Me haces sentir tantas cosas... - Murmuré.
- Tú a mí también.
El silencio nos acompañó durante unos segundos, tiempo que fue suficiente para que yo dejara a un lado mi tranquilidad. Pensaba que no, pero hablar con Ainhoa me seguía poniendo nerviosa.
- Laura, esta noche tengo que trabajar y no podré dedicarte todo el tiempo que querría...
- ¿Trabajar en qué? - Le interrumpí. 
- Estoy preparando una conferencia sobre feminismo.
- Vaya, no sabía que estuvieras interesada en ese tema. - En ese momento me sentí tremendamente ignorante.
- Bueno, no te he hablado de ello. Pero lo haré... Si quieres, claro.
- Sí. Claro que quiero. - Sonreí. 
- Vale. 
Otra vez el silencio...
- No me gusta nada hablar por teléfono. Lo notas, ¿no? - Le dije avergonzada.
- Ya veo, jajaja. - Si no sonreía, tenía que reír. Pero pocas veces se mantenía seria. - Voy a seguir preparando la conferencia. Te escribiré antes de acostarme.
- Genial. 
- Mañana te veo, cariño.
Su manera de llamarme "cariño" conseguía desarmarme. 
- Sí. Un beso.
- Ciao. 
- Ciao.
Colgué con la sensación de haberme dejado algo en el tintero... Esto de tener a alguien pendiente de mí era demasiado nuevo. Tendría que acostumbrarme.


A la mañana siguiente amanecí con un fuerte dolor de cabeza, seguramente debido a todas las horas que había pasado durmiendo. Ainhoa y yo apenas hablamos esa noche. No quería entretenerla demasiado y preferí que se centrara en la conferencia que debía preparar, así que nuestra charla se redujo a unos breves mensajes de buenas noches. Ya habría tiempo para hablar largo y tendido.

Todavía no eran las 11, así que podía tomarme la mañana con calma antes de salir hacia la universidad. Fui al baño y me quedé mirándome en el espejo. No tenía muy buena cara... algo tenía que hacer. Decidí maquillarme un poco y así estar guapa para Ainhoa. Abrí los cajones del mueble de baño y saqué un par de brochas, colorete, sombra de ojos, maquillaje en polvo y unos pinceles. Me quedé mirando todo aquello y una pregunta se me vino a la cabeza: "¿Alguien sabe cómo se utiliza?". Mi madre apareció oportuna justo cuando intentaba poner un poco de orden entre tanto producto.
- ¿Te vas a maquillar? - Me preguntó sorprendida.
- Un poco... Me he despertado con mala cara, ¿no crees?
Mi madre me agarró de la barbilla y me la levantó con cuidado.
- ¿Has dormido bien?
- Demasiado, quizás...
- Eso sí. - Asintió con la cabeza. - ¿Y desde cuándo te preocupas por tu aspecto? - Mi madre soltó una pequeña carcajada. Era la primera que le escuchaba en días.
- ¿Me ayudas?
Mi madre apartó el maquillaje, una de las brochas y sacó de otro cajón un tubo pequeño. Después, guardó todo lo demás.
- Ponte un poco de base y aplícate esto en las ojeras. - Me dijo señalando el tubito. - Muy poco. No hace falta nada más. Estarás más guapa si no abusas. - Me contestó muy dulcemente.
Tras decirme aquéllo, mi madre se dio la vuelta y salió del baño. Lo cierto es que fue una sorpresa que no siguiera preguntándome, pero supuse que se había despertado de buen humor o que, simplemente, quería enterrar el hacha de guerra.

Llegué a la universidad con el tiempo justo. Con la tontería del maquillaje me entretuve demasiado. Mientras aparcaba, vi a Alejandra dirigiéndose a la puerta de nuestra facultad. Hice sonar el claxon a modo de saludo. Al escucharlo, se giró y me buscó con la mirada. Me saludó enérgicamente con la mano y una sonrisa apareció en su rostro.
- Hola, peque. - Alejandra vino hacia mí y esperó a que saliera del coche.
- Hola, ¿todo bien?
Al salir, sentí que Alejandra no dejaba de observarme.
- Estás muy guapa, Laura. - Ladeó su cabeza. - Radiante.
- ¿Sí? - Me ruboricé.
- Guapísima. Te han sentado bien las tardes libres. - Y rió como una loca.
- Necesitaba descansar.
- Te encuentras mejor, ¿no? El otro día me dejaste preocupada. - Alejandra me cogió del brazo y me abrazó a ella mientras caminábamos hacia clase. - Este fin de semana podrás seguir descansando.
- Estoy bien. - Mi sonrisa consiguió convencerla.
- Me alegro.

Pasaban unos minutos de las 12 cuando Alejandra y yo llegamos a clase. Como siempre, nos tocó sentarnos en la última fila, pero por primera vez en mucho tiempo no me importaba. Desde allí podría observar a Ainhoa con más disimulo. Esperaba que nadie notara nada... ¡Qué difícil!
- ¿Hacemos apuestas? - Preguntó Ricard, un compañero.
- Dispara. - Le contestó Alejandra.
- Hoy llegará tarde porque...
- Se trata de adivinar la razón, ¿no? Está claro que llegará tarde, como siempre.
Alejandra y Ricard comenzaron a reír a voz en grito. Yo los observaba en silencio.
- No la soporto. - Dijo de repente Alejandra.
- ¿Por qué? - Pregunté.
No pude evitar hacerle esa pregunta. Fue escuchar aquella afirmación y no poder callarme.
- No sé. Va a su bola. No veo yo que aprendamos mucho con ella. - Contestó con cierto desagrado.
- Tú tampoco es que vengas a todas sus clases. Así que...
- ¿Te pones de su parte? Lo que faltaba. - Alejandra comenzó a reír de nuevo.
- No, sólo digo que no tienes razón. A mí me parece muy agradable.
- ¿De qué hablamos? ¿De ella como profesora o de ella como persona?
Sin saber qué responder, me encogí de hombros. Mejor sería que me callara. Muy objetiva tampoco podía ser.
- Está muy buena. - Ricard elevó sus manos y comenzó a bajarlas, contoneándolas en el aire. Luego sacó la lengua y...  ahí tuve que dejar de mirar. Mi cara de asco fue antológica.
- Tu opinión no cuenta. - Concluyó Alejandra.
Tras ese "agradable" episodio preferí no seguir escuchándoles. Saqué mi teléfono móvil y comencé a ojear los mensajes de Ainhoa. Leerlos me puso de nuevo de buen humor.

Ainhoa entró en clase a los pocos minutos. Lo hizo tranquila y saludando en un perfecto inglés. Cuando llegó a su mesa, elevó la cabeza y me buscó con la mirada. Sus ojos se encontraron con los míos fugazmente, lo que hizo que sonriéramos a la par. Después de eso, comenzó con su clase de la manera más natural. Durante la misma, se acercó un par de veces a nuestras mesas para ayudarnos con alguna traducción. Cada vez que lo hacía mi corazón se disparaba y comenzaba a latir con más fuerza a causa de los nervios. Me pregunté si a ella le estaría pasando lo mismo... Las casi dos horas de clase se me hicieron interminables. Estar tan cerca de ella y no poder siquiera hablarle no lo llevé muy bien.
- Bueno, chicos, ya está bien por hoy. Recordaros que el próximo miércoles veremos la película escogida en versión original. No faltéis. - Ainhoa se despidió de nosotros y comenzó a recoger sus cosas. - Disfrutad del fin de semana.
Me levanté para salir junto a Alejandra y, al pasar por su mesa, Ainhoa me paró haciéndome un gesto con la mano.
- ¿Puedes esperar un momento? - Me pidió con rostro serio.
- Sí. - Le contesté extrañada.
Alejandra se había parado también y observé cómo me miraba con el ceño fruncido.
- Espérame fuera. - Le pedí rápidamente. Supuse que lo que tenía que decirme Ainhoa no le interesaba a ella.

Una vez que nos quedamos solas, Ainhoa cambió el gesto y volvió a sonreír.
- Me estabas asustando. - Le dije.
- Jajaja, necesitaba parecer enfadada.
- ¿Enfadada por qué?
Esta mujer conseguía desconcertarme.
- Cuando salgas, dile a Alejandra que te he llamado la atención.
- Pues vaya... - Contesté resignada.
- Es para que no sospechen, tonta. - Me contestó mientras me cogía de las manos.
- ¿Qué va a sospechar? Sería lo último que pensara.
Observé cómo Ainhoa pasaba sus dedos pulgares por mis nudillos, acariciándolos dulcemente. Después, me giré y miré hacia la puerta, con temor de que alguien nos viese.
- ¿Tienes clase esta tarde? - Me preguntó.
- Sólo una hora. Teoría del derecho. - Cerré los ojos y negué con la cabeza.
- ¿No te gusta? - Preguntó divertida.
- Odio Derecho.
- Ah, muy bien. Estudiar Derecho odiándolo es maravilloso. Yo se lo recomendaría a todo el mundo. - Ainhoa parecía dominar el bello arte de la ironía.
- Bueno... ¿Por qué lo preguntas? ¿Podemos quedar luego? - Le pregunté cambiando de tema.
- Sí, a las cinco termino.
- Yo tengo clase hasta las seis. ¿Me esperas?
Ainhoa levantó su mano y me acaricio las mejillas. Después, se inclinó hacia mí y me dio un pequeño beso en la comisura de los labios.
- Te espero a las seis en la puerta principal. Intenta salir sola...
¡Joder! A Ainhoa le gustaba el riesgo.
- Nos vemos luego. - Ainhoa cogió su bolso y un par de carpetas y salió disparada. - Y quita esa cara de felicidad cuando salgas. Recuerda que te he echado la bronca. - Me dijo desde la puerta, sacándome la lengua a modo de burla.
¿Y ahora qué? Esa manera de comportarse y de dejarme a medias no podía ser buena... Intenté ponerme seria y salí de clase.

Teoría del Derecho aun no había finalizado cuando todos comenzamos a recoger nuestros apuntes. El profesor se dio cuenta y dio por concluida la clase. Alejandra y yo fuimos las últimas en salir.
- ¿Qué vas a hacer ahora? - Me preguntó.
- Uhm... Voy a casa de unas amigas. - Tuve que mentir para que no me pidiera quedarme con ella. 
- Oh, qué pena. - Se lamentó. - En fin, pásalo bien. Nos vemos. 
Alejandra se despidió de mí y salió con los demás compañeros. Yo esperé unos minutos dentro del edifico hasta que vi que toda mi clase se había marchado. Después, me dirigí a la puerta principal. Al salir, miré a ambos lados buscando a Ainhoa. Como no la veía me dispuse a enviarle un mensaje. Mientras lo escribía, alguien me cogió por la cintura. 
- ¿Estás lista? - Me preguntó riendo. 
Ainhoa apareció detrás de mí, tan sonriente como de costumbre.
- ¿No te da miedo que alguien nos vea? - Le pregunté en voz baja.
- ¿Hablando? Anda, vámonos. - Y comenzó a caminar. 
- He traído mi coche. ¿Damos una vuelta? - Le pregunté.
Ainhoa, esta vez, miró a su alrededor y, tras unos segundos, asintió con la cabeza. 

Sin saber a dónde ir, estuvimos dando una pequeña vuelta alrededor del campus. Ainhoa iba recostada sobre su asiento, intentando pasar desapercibida. Yo la miraba de reojo, riéndome hacia dentro. 
- Si alguien nos viera ahora, ¿qué? - Pregunté divertida. 
- Pues... les diré que me has recogido haciendo autoestop.
Las dos comenzamos a reír.
- No suena muy convincente. Tendrás que inventarte otra excusa. 
- Vamos a algún sitio donde podamos estar tranquilas y solas. - Me dijo dedicándome una mirada traviesa. 

Estaba empezando a anochecer. Eso ayudó a Ainhoa, que ya no tuvo que esconderse tanto para pasar desapercibida. 
- ¿Te parece bien si paro frente a ese parque? - Le pregunté.
Estábamos en un barrio cercano a la universidad y no parecía que pasara mucha gente por allí, así que me pareció buen sitio para estar tranquilas. 
- Está bien.
Me desabroché el cinturón y fui a abrir la puerta del coche cuando Ainhoa me cogió de la cintura y me frenó.
- ¿Dónde vas? - Me preguntó.
- ¿No salimos?
- Hace frío y es mejor no pasearnos a la vista de nadie. Lo mejor es que nos quedemos dentro. ¿Vamos detrás? 
Inocente de mí había pensado que iríamos a tomar algo a una cafetería. Sin duda, quedarme a solas con ella era mejor plan.

Pasamos a los asientos traseros de mi pequeño Citroën C3. Creo que era la primera vez que me sentaba en ellos... Tenía el coche muy poco tiempo y siempre había sido yo quien lo había conducido. Lo cierto es que eran muy confortables, aunque un tanto estrechos. Ainhoa debió pensar lo mismo, porque no sabía cómo sentarse para estar cómoda. 
- Me gusta tu coche. - Bromeó.
- Jajaja, se nota. 
Ainhoa seguía dando vueltas sobre sí misma, hasta que por fin pareció encontrar la postura perfecta. 
- ¿Bien? - Le pregunté. 
- Muy bien. - Me contestó con una sonrisa en los labios.
Ainhoa me acercó a ella y pasó sus manos alrededor de mi cuello, acariciándome la nuca. 
- Tenía ganas de estar contigo. - Susurró.
- Yo también. 
- ¿Estás bien? 
- Sí. Pero aún se me hace raro estar contigo... - Le dije agachando la cabeza.
Cuando volví a levantarla, tenía a Ainhoa a un palmo de mí. Acercó su cara a la mía y me acarició con su nariz. 
- Ya te acostumbrarás.
- Pensarás que soy tonta...
- Me encanta que lo vivas así. Que todo esto sea tan nuevo para ti hace que yo lo viva de la misma manera. 
- Pero para ti no lo es. - En ese momento me di cuenta de que Ainhoa, seguramente, habría estado con muchísimas mujeres... y eso me dolió.
- Sí lo es. Todo lo que siento por ti es nuevo.
Ainhoa me besó con mucha dulzura. Fue un beso largo y limpio.
- Créeme. 
- Sí... - Murmuré. 
- ¿Hay algo que te preocupe, Laura? Ya te dije que intentaré que todo esto sea fácil para ti. - Su manera de hablarme me iba calmando poco a poco. 
- Estos días he discutido con mis padres.
- ¿Les has contado algo? - Un gesto de preocupación asomó en sus ojos.
- ¡No! No estoy tan loca. - Contesté con una sonrisa nerviosa. - Ha sido por culpa de los estudios... Pff, es complicado. 
Le expliqué a Ainhoa la discusión que tuve con ellos y los motivos que hacían que se lo tomaran tan en serio. Ella pareció comprenderme. 
- Entiendo que tu padre quiera que estudies Derecho, porque para él es su vida. Pero él debería entenderte a ti, o al menos escucharte. Al parecer no lo hace, ¿verdad? - Reflexionó Ainhoa.
- ¿En este tema? Nunca lo ha hecho.
- Y tu madre vive sometida a él. Seguramente sea una mujer machista y arcaica. 
Al escucharla, mis ojos se abrieron de una manera muy expresiva.
- Perdona, tal vez me haya excedido en el comentario... - Dijo Ainhoa al ver mi reacción.
- No, no, está bien. La has definido a la perfección.
Ainhoa se apoyó sobre mi hombro y me rodeó, pasando sus brazos por debajo de los míos. Después, movió ligeramente los codos de abajo a arriba, invitándome a que la abrazara también.
- Los padres pueden ser muy puñeteros. - La voz de Ainhoa pareció romperse con aquella afirmación.
- Sí...
- Desde mi humilde opinión, te aconsejo que no dejes que manejen tu vida. Te pueden aconsejar, te pueden ayudar a tomar decisiones, pero no pueden decidir por ti. - Continuó diciéndome. - Si les dejas ahora, querrán hacerlo siempre.
- ¿Y cómo lo hago? 
- Diles que si no estudias lo que quieres, no estudiarás nada. - Dijo con decisión.
- No es tan fácil...
- ¿Qué quieres estudiar?
- Me gustaría trabajar en algún medio de comunicación. Periodista quizás... Comunicación audiovisual... No sé. 
Ainhoa dejó de abrazarme y se apartó por un instante.
- ¿Lo ves? Lo tienes clarísimo. No has dudado en tu respuesta. Ni siquiera has dicho "me gustaría estudiar...". ¡Te gustaría trabajar! - Dijo emocionada.
- Es verdad... 
- ¿Y vas a hacer lo que te digan?
- Jajaja, ¿no? - No pude evitar reírme.
- ¿Te ríes? Estoy hablando en serio... - Ainhoa parecía molesta.
- Es que se me ha venido una imagen a la cabeza...
Ainhoa elevó sus cejas, mirándome fijamente. 
- Imagina... "Papá, mamá, esta es Ainhoa. Ha sido quien me ha convencido para que abandone la carrera de Derecho... ¡Ah! Y es mi novia".
De repente, Ainhoa se acercó de nuevo hacia mí, me rodeó la cara con sus manos y me atrajo hacia ella, besándome con fuerza. Su lengua no esperó a la mía y su beso, húmedo y cálido, llenó mi boca por completo. No sabría cómo definir lo que sentí... Cuando nos separamos, mis ojos aún permanecían cerrados.
- Laura, cariño... - Murmuró.
- ¿A qué se ha debido esto? - Le pregunté sonrojada.
- "Mi novia". No te imaginas lo que he sentido al escucharlo.
- ¿En serio?
Ainhoa asintió con la cabeza y mi respuesta no se hizo esperar. Le agarré de las manos y me las llevé a mi cintura mientras continuaba el beso que ella había empezado. Nuestras lenguas se entrelazaron y nos dejamos llevar... En ese momento, liberé todas las ganas que tenía acumuladas desde el miércoles: ganas por besarla, ganas por acariciarla, ganas por sentir que era mía y yo suya... Mis manos bajaron por su espalda tapada hasta llegar a la cintura. Ainhoa entendió que quería acariciarla un poco más y se quitó la chaqueta sin abandonar el beso que compartíamos. Después, le fui levantando el jersey hasta introducir mis manos en su interior... Seguíamos besándonos, desbocando nuestros impulsos. Un beso largo y apasionado que nos dejó sin aliento. Nuestras respiraciones comenzaron a empañar los cristales de mi coche. Qué más daba si alguien miraba desde fuera, en ese momento no quisimos pensar en ello. No había nada que pudiera separarnos...

Mi excitación iba en aumento... nuestra excitación. Ainhoa no pudo reprimir sus gemidos y yo entendí que quería ir más allá.
- Ainhoa, se nos va de las manos. - Le susurré al oído.
- Sólo... quiero... besarte. - Me dijo sin separarse de mí.
- Sí...
Ainhoa continuó besándome, completamente acelerada. Yo, simplemente, me dejaba hacer, dejando a un lado las caricias por su espalda... El calor era sofocante. Ainhoa se dio cuenta de que estábamos sobrepasando la línea y comenzó a relajarse. 
- Joder, Laura... Relax. - Suspiró.
- Sí, mejor...
- No me gusta quedarme a medias. - Comentó divertida.
- ¿Vamos a tu casa? - Le pregunté sin titubeos.
Ainhoa agachó la mirada y negó con la cabeza, como si estuviera decepcionada.
- A las nueve vienen unos amigos a cenar. Me da tiempo a cancelarlo...
- No hace falta. No. - Le interrumpí.
Ainhoa ya estaba sacando su teléfono móvil del bolso cuando le pedí que no lo hiciera.
- ¿No? - Me preguntó.
- No. - Puse mi mano sobre su teléfono y me acerqué a ella para besarla de nuevo. - No me gusta que cambies tus planes por mí. Mañana o el domingo, si puedes, podemos vernos.
Ainhoa me sonrió y me abrazó con cariño.
- El domingo podemos comer juntas. ¿Te parece?
- El domingo soy toda tuya.
En realidad, ya lo era...

14 comentarios:

  1. Ya me he viciado a esta historia. Me encanta, de verdad ..
    Gracias por escribir tan bien y por tener ese blog, ayuda con algunas cosas ...
    Un beso! :)

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    1. :) Me alegro mucho de que sirva para algo, además de para entreteneros... ¡Muchas gracias! (:

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  2. Me tienes enganchadisima a tus dos historias, escribes fenomenal.
    ¿Por cierto Ropa Desordenada continua? Me encanta!
    Y esta historia me tiene enamoradisima es tan tierna.
    Besos

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    1. ¡Muchas gracias! Ropa desordenada continuará...creo que un relato más, ya veré. Un beso, y gracias de nuevo! :)

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  3. De twitter en twitter llegué a este blog, y la verdad que ha sido uno de mis mejores descubrimientos. Enhorabuena por la historia, me ha encantado y enganchado. Espero tu próxima entrada con ganas. Escribes muy, muy bonito. Estaré atenta :)

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  4. Me he leido tu blog entero de golpe 2 veces y Young innocence esta genial, pero, Ropa Desordenada me encanta. Sigue escribiendo asi, y continua con ambas historias que estoy enganchadisima. Con ganas de mas relatos de Ropa Desordenada y de Young innocence. Me declaro fan de tu blog. Sigue asi.
    Saludos. =)

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  5. :O Muchas graciaaas! Me alegro de que te haya enganchado tanto... :) Lo próximo de Young innocence tardará poquito ;) Un saludo...y gracias de nuevo!

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  6. Estoy enganchadisima a Young Innocence, para cuando el proximo?
    Es una historia muy bonita.
    :)

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    1. Estoy escribiendo el siguiente capítulo. Pronto podréis leerlo. Muchas gracias! :)

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  7. ¿Nos queda mucho para poder disfrutar del próximo capitulo?
    Un beso

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  8. Tengo que reconocer que me encanta todo lo que sale de tu "puño y letra", tienes algo que me cautiva por dentro y hace que me enganche a tus historias. No sé si alguna vez te lo habrán dicho, pero tu forma de escribir me recuerda mucho a Francisco de Paula (Blue Jeans), aunque evidentemente, con tu toque personal.
    Muchas gracias por compartir con todos tu arte, espero la siguiente entrada muy pronto!!
    Un beso :)

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    1. Muchas gracias por tus palabras! :D Acabo de descubrir quién es el escritor que has mencionado...y sólo espero, si algún día escribo un libro, vender lo mismo que él! Jajaja :) Espero que te sigan gustando los siguientes capítulos. Estoy con ellos...Un saludo!

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  9. Yo creo que con el éxito que está teniendo esta historia deberías hacer alguna especie de 'quiz' con algún premio así sencillo, estaría divertido! :-)

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