martes, 18 de febrero de 2014

Feliz aniVEGsario

Hace un año decidí dar un paso importante en mi vida. Un paso que, hasta hacía relativamente poco, no me había planteado dar. Tal vez por desconocimiento o quizás por no querer ver la realidad, pero nunca se me pasó por la cabeza dejar de comer animales... 

Yo era de esas que se acercaba una vez por semana a McDonald's o a Burger King y, cuando no tenía la oportunidad, ya me preparaba en casa una hamburguesa bien grande, a poder ser de cerdo o de ternera, con mucho bacon y una loncha de lomo adobado o de jamón york, por si acaso todo lo anterior me parecía poco. No pasaba ni un solo día de la semana sin comer carne y las verduras apenas entraban en mi "dieta". Pero por casualidades de la vida me encontré con la persona, la imagen y el vídeo adecuado, unido todo ello a mi interés por el tema y a ciertas inquietudes que guardaba muy dentro de mí... Tantas dudas, tanto "querer saber"... ¿Por qué tanta pregunta, si mi alimentación era puramente carnívora?



Recuerdo haber coincidido con alguna persona vegetariana en el pasado, casualmente en una barbacoa con una de ellas. Yo veía cómo preparaba sus verduritas mientras los demás asábamos la carne. Mi pregunta hacia ella fue muy sencilla... "¿Por qué eres vegetariana?". La chica me contestó que no le gustaba la carne ni lo que suponía comerla. Yo, desde mi completa ignorancia, pensé que se refería al sabor o a la textura, pero no pensé en ellos: en los animales. Solo acerté a contestarle "no sabes cuánto te admiro, yo no podría", y esto fue justo lo que también le dije a Susana cuando me explicó que ella era vegana... ¡Vegana! La primera vez que leí/escuché ese término fue el año pasado, apenas un mes antes de mi cambio. Susana no solo no comía carne, sino que tampoco consumía productos de origen animal... Mi admiración iba en aumento, ¿pero por qué? Admiraba un estilo de vida que rechazaba, pero que al mismo tiempo me creaba inquietud. 

Yo: "En realidad, ¿una cucaracha qué nos puede hacer? Si la aplastamos de un pisotón..."
Susana: "Como dato, los langostinos son las cucarachas del mar. Artrópodos todos"
Yo: "Siempre lo pienso, pero... ¿Y lo buenos que están?"
Susana: "A mí nunca me ha gustado el marisco, aparte, a día de hoy tampoco. Soy vegan"
Yo: "Tú tan vegetariana y yo tan carnívora... No me discrimines, jajaja"
Susana: "Los vegetas siempre hemos sido abiertos de mente... ¡Ven a nuestra secta! Tienes que ver Earthlings"

Así fue cómo empecé a preguntar, a "investigar" y a ver la realidad... Imágenes, vídeos y breves lecturas, devoraba todo lo que llegaba a mis manos. Comencé a mirar mis bocadillos de jamón de otra manera y la carne picada con la que cocinaba mis macarrones ya no me resultaba tan apetecible... Pensadlo bien: carne picada... Horrible. Las hamburguesas, el marisco, el pescado, todo lo que comía... ¿Cómo hacerlo? Quise saber más y Susana continuó ayudándome, pasándome recetas y explicándome otras maneras de cocinar, pero yo aún no estaba convencida... hasta que dimos con el vídeo adecuado: "El mejor discurso que jamás escucharás", una conferencia ofrecida por Gary Yourofsky, vegano, activista y defensor de los derechos de los animales, en la universidad de Georgia Tech. En ese vídeo, Gary explicaba de manera elocuente por qué había renunciado a comer animales y a consumir productos de origen animal. Era un discurso duro y mordaz. Me sentí avergonzada. Ese vídeo fue definitivo y a partir de ahí no he vuelto a probar la carne... De esto hace ya un año, un año siendo vegetariana.



A lo largo de este año me he encontrado con muchas situaciones divertidas y otras un tanto comprometidas. He discutido con personas de mi entorno y he tenido que "defenderme" por dejar de comer animales, como si lo que hiciera supusiera un problema para alguien. Al principio me sorprendían bastante estas situaciones y me indignaba de tal manera que llegaba a cabrearme, pero últimamente ya me lo tomo a risa... Estas son algunas de las cosas que tuve que escuchar cuando les dije a mis amigos y familiares que me había hecho vegetariana, además de lo que me dijeron otras personas que me fui encontrando por el camino:

"Si quieres salvar vidas, ¿por qué no te vas a África a ayudar a los niños que se mueren de hambre?"

"¿Vegetariana tú? Con lo que te gusta la carne... ¡No vas a durar ni una semana!"

"¿Pescado puedes comer, no? Pues la reina Sofía es vegetariana y ella dice que sí lo come"

"Qué bueno está el pollo, Ana... ¡No sabes lo que te pierdes!"

"Si tuvieras una vaca en casa y se muriera de vieja, ¿te la comerías? Porque es lo normal... Cuando una vaca se muere, ¿algo habrá que hacer con ella?"

"Si no comiéramos animales habría mucho paro... Muchísimas familias viven de eso"

"¿Y las plantas? ¿Ellas no sufren? Porque también son seres vivos..."

"O nos comemos a los animales o nos comen ellos a nosotros"

"La torta de hojaldre no lleva nada de carne. Atún sí, pero muy poco, y además es de lata..." 

Al principio me costaba un poco rebatir estos argumentos, no porque no supiera qué decir, sino porque no sabía que tenía que dar tantas explicaciones. La única razón por la que yo me hice vegetariana fue porque no quería seguir comiendo animales... No fue ni por mi propia salud ni porque no me gustara la carne, simplemente fue un acto de empatía y de respeto hacia los animales no humanos.



De repente empecé a encontrarme con personas que amaban la naturaleza y se preocupaban de las plantas, de los niños de África, de las familias en paro... ¡Qué ironía! A muchos de mis conocidos se les olvidó que yo había estado comiendo carne hasta hacía unos días, recordándome a cada momento lo bueno que estaba el jamón, por ejemplo, y lo mucho que me gustaba el "arroz a banda", mi comida favorita hasta ese momento. Me sentía un poco idiota, la verdad... Claro que conocía el sabor de todo eso, y también sabía que no me perdía nada por dejar de comerlo. 

En este año no he sentido la necesidad ni las ganas de comer nada de lo que comía antes, si acaso he preparado alguna vez comidas vegetarianas o veganas que "imitan" alguno de esos sabores, pero llega un punto en que prefieres que nada de lo que comas se parezca a la cruda realidad. No echo de menos la carne, porque a diferencia de antes, ahora sé cómo llegan esos alimentos a nuestra mesa... Lo sé, lo he visto y lo he sentido... Y lo que más siento es no poder ser vegana 100%. Me cuesta, pero sigo caminando y viendo la realidad...

Espero celebrar mi segundo aniVEGsario habiendo dado un paso más, y ojalá que esta entrada sirva para que alguien dé el primero hacia una vida vegetariana

¡Hasta la próxima! #GoVeg 

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