Vanesa se desperezó y abrió los ojos entre un bostezo.
- Lucía, es tarde. Tenemos que dejar la habitación antes de las cuatro... - Dijo en voz baja. Lucía ni se inmutó. - Vamos dormilona... - Vanesa comenzó a besar la espalda desnuda de Lucía.
- ¿Qué pasa?
Lucía levantó ligeramente la cabeza y se giró hacia Vanesa. Su gesto daba a entender que estaba completamente desubicada.
- Que tenemos que irnos. - Rió Vanesa.
- Necesito dormir, jajaja.
- Duerme de camino a Madrid. - Vanesa besó con dulzura el pelo de Lucía.
Lucía y Vanesa se levantaron de la cama y comenzaron a vestirse, recogiendo las prendas de ropa repartidas por toda la habitación.
- No encuentro mis bragas. - Señaló Lucía riéndose.
- Muy lejos no se habrán ido, jajaja.
- Da igual, sin bragas.
Vanesa se acercó a Lucía y comenzó a besarle mientras bajaba su mano hacia su sexo.
- No... que mira qué hora es.
Lucía se deshizo de Vanesa entre risas y se encerró en el baño para terminar de vestirse.
- ¡Pues no vayas provocando! ¡Vístete del todo!
Las dos chicas comenzaron a reír de manera escandalosa.
Faltaban diez minutos para las cuatro de la tarde cuando Lucía y Vanesa salieron del hotel. La recepcionista les había entretenido pidiéndoles una foto junto a ellas.
- Esa foto estará dentro de cinco minutos en Twitter, ¿lo sabes, no?
- Joder, es verdad... No había caído en eso.
- Yo sí, ¿pero qué íbamos a decirle?, ¿que no?
- Ya... - Contestó Lucía un tanto preocupada.
- Bueno, vamos a pensar que la chica se la guardará de recuerdo... solo para ella.
Lucía agachó la mirada y comenzó a negar con la cabeza.
- No te preocupes... Tampoco es nada extraño que hayamos pasado el día juntas, ¿no?
- No... Da igual, no pasa nada. - Sonrió finalmente.
Las chicas se montaron en el coche de Vanesa. Todavía tenían un largo camino por delante.
- Y ahora casi cinco horas de viaje. Qué pocas ganas...
- ¿Qué tienes pensado hacer esta noche? - Preguntó Lucía.
- Nada en especial. Supongo que estar en casa tranquila... O tal vez salga a cenar, aún no lo sé.
- ¿Quieres que cenemos juntas?
- Entonces mejor en casa... ¿No te parece?
- Sí. - Le contestó Lucía dulcemente.
Vanesa se acercó a Lucía y la besó. Después pusieron rumbo a Madrid.
- Duerme un rato si quieres. - Comentó Vanesa mientras conectaba su iPhone al reproductor de música de su coche. - Si te molesta la música, dímelo.
- No te preocupes.
La música sonaba como un susurro y Vanesa comenzó a tararear la canción en voz baja.
"...de amor se puede parar el tiempo, no quiero salir de aquí...
Porque vuelvo a verte otra vez, vuelvo a respirar profundo y que se entere el mundo
que no importa nada más..."
Lucía la miró, extendió su mano para acariciar su brazo y después se recostó sobre el asiento. En menos de cinco minutos cayó rendida...
El teléfono de Lucía sonó en el interior de su bolso, despertándola de su sueño. Lucía, sobresaltada, se levantó y miró hacia Vanesa.
- Está en el asiento de detrás.
Lucía se giró sobre su asiento, cogió el bolso y sacó el teléfono. Era Mónica. Silenció la llamada y volvió a guardarlo. Vanesa la miró de reojo sin apartar la mirada de la carretera.
- ¿Todo bien? - Le preguntó.
- Es Mónica... No me apetece contestarle ahora.
El teléfono volvió a sonar.
- Cógelo y responde con naturalidad. A lo mejor está preocupada...
Lucía torció el gesto e hizo un ademán de volver a silenciarlo. Finalmente contestó a la llamada.
- Dime, Mónica.
- ¿Dónde estás? ¿Has llegado ya a Madrid? - Preguntó con tono preocupado.
- Estoy de camino. Voy en el coche.
- Había pensando en pasar unos días contigo, ¿qué te parece? ¿Cuándo llegas? Me da tiempo a llegar hoy si salgo ya...
- Estos días tengo un poco de lío. - Mintió Lucía.
- ¿Qué tienes?
- Pruebas de voz... Tengo que mirarme algunos temas para el nuevo disco.
- Vaya... - Mónica hizo una pausa y Lucía siguió esperando sin decir nada. - ¿Te pasa algo? Estás como apagada.
- Estoy cansada y acabo de despertarme. Solo eso...
- Bueno, llámame cuando llegues a Madrid. Un beso.
- Ciao.
Lucía colgó y volvió a guardar el teléfono.
- Lo siento, Vanesa. - Murmuró.
- No te preocupes.
Vanesa pasó su mano por la pierna de Lucía y extendió sus dedos para entrelazarse con los suyos. Agarró su mano con fuerza y apretó.
- Queda todavía un ratito... Sigue descansando.
Lucía y Vanesa llegaron a Madrid pasadas las diez de la noche.
- Por fin en casa. - Resopló Vanesa mirando a Lucía.
- Estás cansada, ¿verdad?
- Tengo la espalda hecha un bloque.
Vanesa alzó el cuello y se echó contra el respaldo de su asiento. Lucía puso su mano sobre su nuca y la acarició.
- No me has dejado conducir... - Murmuró Lucía.
- Da igual.
- ¿No serás de esas que no le dejan el coche a nadie?
- Ya sabes algo más de mí. - Sonrió Vanesa.
Lucía se quedó mirándola, sin dejar de acariciarle el cuello. Vanesa ladeó su cabeza y apretó su cara contra las manos de Lucía. Después se giró y le besó los dedos. Lucía sonrió con dulzura.
- Ya llegamos. - Señaló Vanesa justo cuando entraban en su calle.
- Hace tiempo que no vengo por aquí...
Mientras Vanesa preparaba algo para cenar, Lucía estuvo ojeando sus correos y sus mensajes. Su rostro era serio... Mónica le había escrito, preocupada por no haber recibido aún noticias suyas. Se levantó del sofá y se fue hacia una de las balconeras, abrió la puerta y salió a la pequeña terraza.
- ¡Vanesa! ¡Salgo a hacer una llamada!
- Sí, no te preocupes. - Contestó asomándose por el pasillo.
Lucía marcó el número de Mónica y la llamó. Ni siquiera sabía qué iba a decirle...
- Lucía, ¿estás ya en casa?
- No... Acabo de llegar a Madrid.
- Qué tarde... ¿Y dónde estás exactamente?
- Ceno fuera, estoy por el centro. - Contestó con desgana.
- ¿Con quién?
- Joder... Pues con amigos. Qué marcaje...
- ¿Marcaje? Mira, Lucía, no quiero que me tomes por gilipollas...
- Perdona, pero no voy a discutir ahora, y menos por teléfono. Ya te he dicho que estoy acompañada.
- Muy bien acompañada, ¿no? - Dijo Mónica elevando la voz.
- Te dejo... Mañana con más calma hablamos.
- ¿Hablamos por teléfono? ¿Mañana sí podremos discutir? Tú y tus reglas... Mira, Lucía...
- Buenas noches, Mónica.
Lucía colgó y se quedó mirando el móvil por unos segundos. Al momento, Mónica volvió a llamarla. Lucía apretó el teléfono con rabia y resopló. Sabía que ella no lo estaba haciendo bien, pero tampoco quería estropear la velada con Vanesa. Ignoró la llamada y apagó el móvil.
Lucía entró de nuevo en la sala de estar y dejó el teléfono en el sofá. Levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de Vanesa.
- ¿Todo bien?
- Perfectamente. - Sonrió Lucía. - ¿Qué has preparado para cenar? No te creas que tengo mucha hambre...
- ¿Vino? - Vanesa le extendió una copa.
- Bebámonoslo todo...
Lucía se acercó a Vanesa y la agarró por la cintura, atrayéndola hacia ella. Se besaron.
- Brindemos. - Murmuró Vanesa.
- ¿Por qué brindamos?
- Por nosotras, por la clandestinidad, por el riesgo...
Vanesa sonrió, entreabriendo la boca, pasó la lengua lentamente por sus labios y después bebió un sorbo. Lucía se acercó un poco más y la besó, saboreando la calidez del vino que aún reposaba en su boca.
- La cena puede esperar, vamos a mi cuarto.
Vanesa dejó la botella de vino y juntas entraron en esa habitación donde Lucía nunca había estado.
Vanesa comenzó a desvestirse lentamente, sin prisa, y mirando fijamente a Lucía, que la esperaba sentada en la cama. Sus ojos no dejaron de buscarse en ningún momento. Las dos sonreían divertidas.
- "Tranquilamente vienes por detrás, abrazándome con fuerza..." - Vanesa no podía dejar de reír mientras cantaba para Lucía. - "No sé qué hacer, no te pido más que no me rompas mucho la cabeza..."
Vanesa se acercó de manera traviesa a Lucía, contoneándose frente a ella, y cuando estaba a apenas unos centímetros de distancia se giró, dándole la espalda para que pudiera observarla por detrás. Seguía cantando...
- "Aquí me tienes, nadie me va a parar... Mírame y tócame, estoy dispuesta..."
Se despojó de su sujetador y lo lanzó hacia atrás. De nuevo, comenzaron a reír.
- Venga, deja de hacer la tonta y ven aquí. - Le pidió Lucía.
- ¿No querrás que también te desnude a ti? Conmigo he tenido suficiente, jajaja.
Lucía se levantó y se acercó al borde de la cama sin dejar de observar a Vanesa, que se arrodilló ante ella para que la abrazara. Lucía le agarró del culo, posando sus pulgares sobre sus caderas.
- Ya te tengo. - Le dijo.
Lucía se acercó al pecho de Vanesa y su boca se fue abriendo hasta pellizcar uno de sus pezones. Se lo mordió suavemente... Después pasó toda su lengua alrededor de él. Vanesa ahogó un gemido. Le acarició el pelo, sosteniendo su cabeza para que no se separase de ella. Lucía continuó lamiendo y mordisqueando sus senos... Sus manos comenzaron a deslizarse por 'la piel' de Vanesa... por sus caderas, por sus muslos... Vanesa abrió un poco las piernas para dejar paso libre a los dedos juguetones de Lucía, que prefirió esperar...
- Espera, cielo, quiero acariciarte un poco más... - Susurró Lucía sin separarse de ella.
Vanesa posó su mano en la barbilla de Lucía y la levantó suavemente.
- Deja que te bese...
Lucía y Vanesa se fundieron en un beso largo y apasionado... Sus lenguas chocaban sin tregua, entrelazándose, salpicando sus bocas del placer que sentían con solo besarse. Sus gemidos iban dejando claras sus intenciones... Las manos de Lucía se apresuraron a adentrarse entre las piernas de Vanesa, que seguían abiertas y expectantes... Sus dedos resbalaron por su sexo...
- Joder, Lucía...
Lucía apretaba sus dedos contra Vanesa, le acariciaba, sintiendo su calor y su humedad... No tuvo dificultad en introducirse en ella... Primero uno, deleitándose en el movimiento... Después dos, embistiendo con más fuerza... Vanesa comenzó entonces a balancearse sobre la mano de Lucía, haciéndole ver que quería un poco más... Y tres... Vanesa se rompió por dentro.
Las embestidas comenzaron a sucederse. Ni ella ni Lucía podían controlar ya sus gemidos.
- Oh, Lucía... sigue...
Lucía movía sus dedos... suave, lento, rápido, fuerte... sacándolos y metiéndolos a un ritmo frenético. Le frotaba el clítoris con la base de su mano, retorciendo sus dedos en su interior, chocando con las paredes de su sexo... Vanesa gemía a gritos y su respiración entrecortada parecía advertir que no aguantaría mucho más.
- Lucía... No puedo...
Vanesa se dejó ir, agarrando su mano para que no se separase de ella.
- ¿Ya? - Preguntó Lucía.
- Ya... pero sigue.
Lucía la miró con cara de asombro. Vanesa la sorprendió de momento besándola con pasión.
- Me pasaría la vida 'comiéndote la cara...' - Susurró Vanesa mientras se dejaba caer en la cama. - Anda, desnúdate y sigue follándome.
Lucía enloqueció al escuchar esas palabras y tardó apenas unos segundos en desvestirse y tumbarse junto a ella. Vanesa acarició el cuello de Lucía con la yema de sus dedos, pasando el dedo pulgar por su boca. Lucía lo lamió con dulzura. Vanesa se acercó a ella, la besó y se abrazaron. Un segundo mirándose a los ojos, unos ojos que ardían buscándose, que esperaban ansiosos, que no parpadeaban para no perderse nada, que hablaban por ellas... Que querían más, como sus cuerpos, tensos y temblando, respirando y transpirando placer... Vanesa abrió la boca de Lucía con sus dedos y se adentró en ella de nuevo, besándola y mojando sus labios, pasando su lengua por toda su lengua, comiéndosela, ahogándose y agitando su respiración. Vanesa se separó después para comenzar a bajar por su barbilla, agarrando con sus dientes su cuello. Le besó las clavículas, donde se detuvo por unos segundos, observándolas y respirando de su olor. Después las lamió, hasta llegar a uno de sus hombros. Lo besó y volvió hacia atrás, lamiendo de extremo a extremo hasta llegar al otro. Lo mordió y continuó bajando por sus brazos, sus codos, sus manos... llevándose los dedos de Lucía a su boca.
- Qué bien sabes...
- "Tengo las manos saladas de bañarme en la playa... de bailarte desnuda..." - Susurró cantando Lucía.
Vanesa y Lucía se arrodillaron sobre la cama para seguir entrelazándose la una con la otra. Sus manos se buscaban sin pausa y la humedad les calaba la piel, llegando casi hasta los huesos. La boca de Vanesa se apresuró hacia el sexo de Lucía, que le esperaba completamente empapado... Lucía se quedó de rodillas y abrió levemente sus piernas mientras Vanesa se recostó debajo de ella, acomodándose y sosteniendo sus muslos con las manos. Vanesa esperaba ansiosa a Lucía, que se levantaba y se volvía a apoyar sobre su boca, sintiendo la respiración de Vanesa bajo su sexo. Entonces, Lucía se tumbó del todo sobre Vanesa, dejando caer todo su peso sobre su vientre. Le separó un poco la piernas con las manos y, agarrando su sexo con la boca, lo lamió con intensidad. Vanesa, al sentirla así, pasó también su lengua por el sexo de Lucía...
Lucía deslizaba su lengua por el sexo de Vanesa, apretando suavemente su clítoris con los dientes, metiéndoselo en la boca...
- Oh, no me hagas eso... - Susurró Vanesa.
- ¿No te gusta? - Lucía se separó por un instante.
- Mucho...
Tan contradictorio como placentero, Vanesa posó su mano sobre la cabeza de Lucía y la empujó contra ella.
- Sigue...
Lucía introdujo su lengua en el sexo de Vanesa, que se convulsionaba bajo su cuerpo. Vanesa debajo de Lucía... Lucía sobre Vanesa, encontrándose con sus extremos, extendidas la una sobre la otra... Besándose el sexo, lamiéndolo con pasión, saciando su sed... Abriendo sus bocas para llenarse de ellas. Sus respiraciones se entrecortaban y se ahogaban al mismo tiempo. No existía un momento de silencio, pero tampoco ocasión para poder hablar...
Vanesa arañó las sábanas de su cama, retorciéndose y elevando el sonido de sus gemidos. Lucía seguía lamiéndola, mordiéndola y succionando su sexo.
- No puedo... - Murmuró Vanesa mientras separaba su boca del sexo de Lucía.
Vanesa dejó caer su cabeza sobre la cama y se dejó arrastrar por los movimientos desenfrenados de Lucía, que se levantó levemente hasta quedar sentada sobre su vientre. Sin apartar la mirada de su sexo comenzó a embestirla con los dedos, sin pausa, introduciendo de nuevo su mano en ella... Lucía jugaba en su interior, se balanceaba al ritmo de sus gemidos. Después se inclinó de nuevo para seguir acariciándola con la lengua... Lucía no conocía barreras. Los gemidos de Vanesa se convirtieron en gritos de placer... Lucía no quiso frenar y terminó deslizándose por lo más íntimo de Vanesa... Todo, absolutamente todo, bajo su lengua descontrolada...
Vanesa se estremeció y estalló de placer como nunca antes, aprisionando a Lucía entre sus piernas, que aún albergaban sus dedos en el interior. Lucía los deslizó hasta sacarlos y pasó su mano mojada por los muslos de Vanesa.
- Mira cómo termino... - Rió Lucía.
Tras eso, se giró y se quedó mirándola. Vanesa seguía tumbada, con la cabeza completamente apoyada sobre la cama, y aún con la respiración entrecortada.
- 'Háblame... háblame en voz baja'. - Le susurró Lucía sin dejar de sonreír.
Vanesa levantó su cabeza y la agarró por la cintura, tirando de ella.
- 'Háblame y dime qué has hecho conmigo...' - Lucía insistió de nuevo.
- Anda, ven...
Lucía se levantó y se acercó a Vanesa, recostándose a su lado. Vanesa la acarició y la abrazó hasta quedarse pegada a ella. Sus miradas hablaban por sí solas. Entrelazaron sus manos, uniendo sus dedos sin dejar de acariciarse...
- 'Te amo con locura, te quiero y te deseo'. - Le susurró Lucía al oído.
Vanesa sonrió al escucharla y le respondió con un beso interminable, perdiéndose en ella. Lucía acarició su nuca, sujetándola, atrayéndola para no dejar que se separara. La lengua de Vanesa se agitaba dentro de la boca de Lucía.
- Ahora deja que te sienta yo a ti... - Susurró Vanesa.
Y así, amándose la una a la otra, sin tregua y sin un instante de descanso, se adentraron en la madrugada dejándose llevar hasta el amanecer...
- Vanesa, será mejor que me vaya...
- ¿Tan pronto?
- Sí. Tengo que pasar por casa. Mi madre estará preocupada... Me ha llamado un par de veces, pero tenía el teléfono desconectado.
- ¿Pero está en tu casa?
- Sí, se queda con mis "bichos" cuando tengo viaje... Se me pasó avisarle anoche.
- Vale, no te preocupes. - Sonrió Vanesa. - Hablamos más tarde. Yo voy a seguir durmiendo un ratito más.
- Luego te llamo...
Lucía acarició el pelo de Vanesa y la cubrió con la colcha. Después la besó, recogió sus cosas y se marchó.
- Señorita, ¿es aquí? - Preguntó el taxista.
Lucía levantó la mirada de su teléfono móvil y miró por la ventanilla.
- Gire a la izquierda en la siguiente calle y ya le indico.
Cuando Lucía llegó a la altura de su casa se percató de que el coche de Mónica estaba aparcado en la calle. Sorprendida y algo nerviosa bajó del taxi y se dirigió hacia la puerta. No entendía qué hacía allí.
Lucía entró en casa y sus tres perras salieron a recibirla, alborotadas y muy contentas. Danza, la más grande de las tres, por poco la tira al suelo. Eran demasiados días sin verla. Envuelta en el cariño de sus "niñas" llegó hasta el salón.
- Hola, Lucía.
- Mónica, ¿qué haces aquí?
Mónica se levantó del sofá y se acercó a Lucía. Se quedó delante de ella, con los brazos cruzados, y dirigió su mirada hacia la maleta.
- 'Llegas tarde y sin alma...' ¿De dónde vienes?
- ¿Y mi madre?
- Te estoy preguntando que de dónde vienes. - Insistió Mónica.
- Y yo quiero saber por qué no está aquí mi madre.
- Supongo que te habrá llamado, igual que yo. Pero tener el teléfono apagado conlleva estas cosas...
Lucía seguía acariciando a sus perritas, sin hacerle mucho caso.
- Tenemos que hablar. - Sentenció Mónica.
- Un segundo...
Lucía besuqueó a Danza y a sus pequeñas Yorkshire y se las llevó a la cocina.
- Quedaos aquí un rato. Ahora vuelvo con vosotras. - Les advirtió Lucía alzando el dedo índice. Después les lanzó un último beso y volvió al salón.
- 'Vuelves pero escondes la mirada'.
- No me escondo... Quería hablar contigo, pero no entiendo que estés aquí. Te dije que no vinieras...
- ¿Y qué quieras que haga? ¿Que me quede en Valencia viendo cómo me engañas?
Lucía se tapó la cara con las manos y sacudió la cabeza mientras tomaba asiento en el sofá.
- No niegues lo evidente... - Le reprochó Mónica. - Ayer vi una foto vuestra... saliendo del hotel. Escuché tu entrevista... Escuché cómo hablas de ella... Dime la verdad.
- Es lo que quería hacer... Es lo que he hecho. No quiero mentirte...
- Ya lo has hecho.
- Siéntate... - Lucía posó su mano derecha sobre el sofá. - ...por favor.
Mónica apartó la mirada y se quedó callada durante unos segundos. Lucía la miraba sin pestañear, con el rostro serio, quizás avergonzada pero firme en su decisión.
- Es mejor acabar con esto cuanto antes... - Continuó Lucía.
- Ya te has encargado tú sola de acabar con esto.
La voz de Mónica se quebró al pronunciar esas palabras y una lágrima asomó en sus ojos. Ni siquiera podía mirar a Lucía a la cara.
- 'Me duele...' - Murmuró Mónica. - 'Me duele ignorar nuestra historia y dejar todo atrás... Me duele enfrentarme a un futuro en el que ya no estás'.
- Mónica, las dos sabemos que lo nuestro no funciona desde hace tiempo...
Mónica negó con la cabeza.
- Siento que no puedo más... Solo nos unen recuerdos, no podemos vivir del pasado.
- Nos queremos... - Le reprochó Mónica.
- No es suficiente.
Las palabras de Lucía atravesaron de punta a punta el corazón de Mónica, que no pudo reprimir más el llanto... Un llanto que se debatía entre la desilusión y la rabia.
- Quiero ser sincera. - Murmuró Lucía.
- Ayer no lo fuiste...
- Ahora... 'Ya no recuerdo qué me hizo un día quedarme a tu lado... Por más que quiera no recuerdo qué pude encontrar en ti'.
- Pensaba que podíamos arreglarlo, que era algo pasajero... Ya veo que no. - Mónica miró entonces a Lucía. - Es ella, ¿no? Te ha embaucado...
Lucía se levantó del sofá y fue hacia Mónica, que se alejó de ella, volviendo sus pasos hacia atrás.
- Mónica, lo siento, 'he malgastado el tiempo intentando dar sentido a todo esto', pero me es imposible. Ya no estoy enamorada de ti.
Mónica se dio la vuelta y fue hacia la habitación de Lucía. Ya había escuchado bastante.
- Ha sido tu decisión, Lucía.
Mónica comenzó a recoger sus cosas... Iba sacando la ropa de los armarios, un par de libros que Lucía le había regalado, una foto que tenía sobre la mesita de noche.
- Dime cómo voy a explicárselo... - Mónica seguía llorando mientras acariciaba esa foto.
- No quiero que esto le afecte.
- Le afectará... No te verá ya por casa, no podremos venir por aquí... ¿Qué le voy a decir?
Lucía apoyó su mano sobre el hombro de Mónica y se acercó a ella.
- Mónica...
- Déjame, haz el favor.
Mónica cogió la maleta y se fue hacia la puerta. Evitaba mirar a Lucía. Ni siquiera quería seguir escuchándola.
- Ya hablaremos, Lucía.
- Lo siento otra vez... - La voz de Lucía parecía apagarse.
Mónica volvió la mirada hacia ella, la miró de manera desafiante y se despidió.
- Eso es... Ahora 'sé valiente y muestra compasión, yo que he vivido siempre a tu manera... Ni siquiera te doy pena'.
Y sin dejar que Lucía dijera nada más, pegó un portazo y desapareció de su vista.
Lucía, cabizbaja, fue hacia la cocina y dejó salir a sus perras, que la acompañaron al salón para tumbarse junto a ella en el sofá. Pensativa y con la mirada perdida, Lucía fue perdiéndose en sus recuerdos y en su decisión... Su nueva vida acababa de comenzar.
- Es mejor acabar con esto cuanto antes... - Continuó Lucía.
- Ya te has encargado tú sola de acabar con esto.
La voz de Mónica se quebró al pronunciar esas palabras y una lágrima asomó en sus ojos. Ni siquiera podía mirar a Lucía a la cara.
- 'Me duele...' - Murmuró Mónica. - 'Me duele ignorar nuestra historia y dejar todo atrás... Me duele enfrentarme a un futuro en el que ya no estás'.
- Mónica, las dos sabemos que lo nuestro no funciona desde hace tiempo...
Mónica negó con la cabeza.
- Siento que no puedo más... Solo nos unen recuerdos, no podemos vivir del pasado.
- Nos queremos... - Le reprochó Mónica.
- No es suficiente.
Las palabras de Lucía atravesaron de punta a punta el corazón de Mónica, que no pudo reprimir más el llanto... Un llanto que se debatía entre la desilusión y la rabia.
- Quiero ser sincera. - Murmuró Lucía.
- Ayer no lo fuiste...
- Ahora... 'Ya no recuerdo qué me hizo un día quedarme a tu lado... Por más que quiera no recuerdo qué pude encontrar en ti'.
- Pensaba que podíamos arreglarlo, que era algo pasajero... Ya veo que no. - Mónica miró entonces a Lucía. - Es ella, ¿no? Te ha embaucado...
Lucía se levantó del sofá y fue hacia Mónica, que se alejó de ella, volviendo sus pasos hacia atrás.
- Mónica, lo siento, 'he malgastado el tiempo intentando dar sentido a todo esto', pero me es imposible. Ya no estoy enamorada de ti.
Mónica se dio la vuelta y fue hacia la habitación de Lucía. Ya había escuchado bastante.
- Ha sido tu decisión, Lucía.
Mónica comenzó a recoger sus cosas... Iba sacando la ropa de los armarios, un par de libros que Lucía le había regalado, una foto que tenía sobre la mesita de noche.
- Dime cómo voy a explicárselo... - Mónica seguía llorando mientras acariciaba esa foto.
- No quiero que esto le afecte.
- Le afectará... No te verá ya por casa, no podremos venir por aquí... ¿Qué le voy a decir?
Lucía apoyó su mano sobre el hombro de Mónica y se acercó a ella.
- Mónica...
- Déjame, haz el favor.
Mónica cogió la maleta y se fue hacia la puerta. Evitaba mirar a Lucía. Ni siquiera quería seguir escuchándola.
- Ya hablaremos, Lucía.
- Lo siento otra vez... - La voz de Lucía parecía apagarse.
Mónica volvió la mirada hacia ella, la miró de manera desafiante y se despidió.
- Eso es... Ahora 'sé valiente y muestra compasión, yo que he vivido siempre a tu manera... Ni siquiera te doy pena'.
Y sin dejar que Lucía dijera nada más, pegó un portazo y desapareció de su vista.
Lucía, cabizbaja, fue hacia la cocina y dejó salir a sus perras, que la acompañaron al salón para tumbarse junto a ella en el sofá. Pensativa y con la mirada perdida, Lucía fue perdiéndose en sus recuerdos y en su decisión... Su nueva vida acababa de comenzar.
Quién es Mónica en la vida real de Malú?
ResponderEliminarEstoy enganchada a esta historia :)
Estos relatos narran la historia de Lucía y Vanesa... Mónica no es nadie en la vida de Malú, porque no hablo de ella, jajaja. Ceñidse a mi historia! Un saludo ;)
EliminarSerá su amiga Vero? xD jajaj
ResponderEliminarLa historia: EXPECTACULAR!!! Aplausos y más aplausos :)
Gracias por leerme ;) (Vero no me suena que salga en estos relatos, lo siento) Un saludo!!
EliminarL.a perra más grande que tiene Malú se llama 'Danka' no 'Danza' jaja
ResponderEliminar¿Y quién ha hablado de Malú en mi relato? La perra de Malú se llama Danka, pero la perra de Lucía se llama Danza. Gracias por leerme! ;)
EliminarAna que no se enteran! Jajajajaj Vivan Vanesa Lucia y Danza!!
ResponderEliminarJajajaja, vivan!!!
EliminarOjala no nos hagas esperar mucho para el próximo capitulo...eres muy buena escribiendo..muchas gracias¡¡¡
ResponderEliminarNo nos hagas esperar tanto Ana...escribes muy bien..pero no abandones a Ropa Desordenada...saludos...
ResponderEliminarHola Ana no te olvides de Ropa Desordenada..estas reorganizando tu blog...felicitaciones...pero que ya salga un capitulo mas¡¡¡¡ Por favor¡¡¡
ResponderEliminarYa pasaron varios meses Ana....la espera desespera...saludos¡¡¡ y sorprendenos como siempre
ResponderEliminar¡¡¡
Ana...escriben muy bien....tus relatos enganchan..pero no nos hagas esperar tanto¡¡
ResponderEliminarNo vas a seguir con este relato???? ME ENCANTA
ResponderEliminar