Embestida tras embestida, como embiste cualquier animal, jugarás tus primeros meses. En tu cabeza aún no habita esa peculiar cornamenta que más tarde te hará famoso. No aparecerá hasta los dos meses de vida. Ay, si no fuera por ella, ¡qué diferente sería todo! Tu problema, tal vez, será ese: tener dos astas sobre tu cabeza. Dos astas que te darán la apariencia de un animal salvaje, sanguinario, atacante, violento... Una cornamenta que será tu cruz.
Crecerás entre vacas y cerdos, entre garzas y perdices, acostumbrado a ver pasar caballos a tu alrededor... Sin dudarlo, los perseguirás y jugarás con ellos, sin maldad alguna, por mucho que te quieran hacer creer que "eres una bestia nacida para morir en un ruedo". Correrás por la dehesa, te bañarás en la marisma y, cuando te rindas exhausto después de un ajetreado día, podrás dormir y descansar bajo alguna encina. Como ya te dije antes, este será tu paraíso.
Tu mamá cuidará de ti durante algunos meses, ¡y no sabes la suerte que tienes! A otros se los llevan mucho antes del cobijo de una madre... Hay quien no disfruta de ese cariño ni siquiera unas horas. Así que ya sabes: disfruta de su compañía y no te separes de sus caricias y de sus besos, al menos hasta que cumplas un año. Con esa edad, el hombre te arrebatará de su lado. ¿Que quién es el hombre? Ya lo irás descubriendo...
Tu madurez se verá reflejada en tu gruesa piel, en tu pelo, en tu rostro... Un número marcado sobre tus costillas te hará llorar por primera vez mientras tu madre, atenta desde lejos, verá cómo su hijo se ha hecho mayor a la fuerza.
A partir de ahí, el hombre, montado a caballo, te hará correr por la dehesa. Esta vez no será un juego. Esta vez será un entrenamiento. Seguramente te asustarás y no sabrás qué hacer, y tu primer instinto será acometer contra ellos. Cosa normal. ¿Quién no se defendería? ¿Quién no sacaría el carácter si ve que está siendo perseguido? Defiéndete. Embiste. Haz lo que tengas que hacer.
Como verás, tu paraíso se va difuminando...
Ni siquiera tendrás la oportunidad de divertirte con una hembra. En tu largo cautiverio sólo vivirás entre machos. No podrás desahogarte y cumplir con tus instintos más primarios. Unos instintos que otros animales no pueden reprimir.
Toro de lidia, entrenándote para morir. Ese es tu destino...
Con cuatro años dejarás de ser ese inocente animal que eres ahora y te convertirás en un animal temible. Harto de tu mísera existencia, tu mirada se volverá oscura, y correr delante de ti ya no será un juego. Sólo cuatro años. Eso es lo que vivirás. Muy lejos de los veinte que podrías llegar a vivir en otras condiciones. Naciste para esto; es mejor que te vayas concienciando..."
El toro de lidia se cría por y para un único fin: nuestra fiesta nacional. Una tradición que, personalmente, a mí me avergüenza como ser humano. Una tradición que toma al animal como un mero objeto sin sentimientos. Un castigo demasiado duro para alguien que debería estar pidiendo perdón desde que nace. Sin conocer su destino, el toro abandona el campo en el que ha crecido para ser arrastrado a una plaza, en el peor de los casos, o a un pueblo de nuestra geografía donde será humillado y vilipendiado hasta la extenuación. Desde el momento en el que suba en ese camión (así, como mera mercancía) sus niveles de estrés se dispararán, haciendo del viaje poco menos que una tortura anticipada. En pleno verano, cuando más abundan estas ridículas fiestas, el toro tendrá que soportar altas temperaturas dentro de ese pequeño habitáculo... Y aún hay quien dice que no sufre, que "si no lo matan no es para tanto".
Al llegar, el toro será encerrado en un corral, a oscuras, como si fuera un macabro adelanto de lo que le espera: la larga oscuridad. Cuando vuelva a ver la luz del sol será porque su hora ha llegado...
La hora de correr rodeado de gente gritando, por delante y por detrás.
La hora de ser golpeado por manos que creía 'amigas'.
La hora de ser estirado del rabo, como si acaso no sintiera nada.
La hora de resbalarse sobre calles adoquinadas o asfaltadas.
La hora de clavar sus cuernos en las paredes; de empotrarse en ellas sin poder frenar a tiempo.
La hora de que se rían de él.
La hora de escuchar aplausos cuando el hombre, ese que le crió, lo entregue a una muerte segura.
Los toros corren porque buscan una salida. Los toros embisten porque nacieron embistiendo; porque es su naturaleza. Los toros no conocerían el odio si no fuera porque les inculcaron tener que sentirlo desde pequeños...
Y a pesar de ello, hay días en los que demuestran hasta qué punto son nobles. Hasta hacerte llorar. Hasta hacerte ver que el único animal miserable es el ser humano. Ese que hizo del toro una especie sanguinaria, para luego ver cómo les perdona la vida. Porque cuando tienen la oportunidad de embestir y vengarse por tanto daño pasado y futuro, ellos esperan a que la multitud salga de allí sana y salva.
A ver quién de nosotros perdonaría semejante castigo...
![]() |
Esta es nuestra "fiesta nacional". Una larga agonía aplaudida por miles de personas. Una tortura que no merece nuestro perdón.
Buenas noches,
Ana @GreenNavas
Muchas gracias a Susana; quien me ha ayudado a reunir la información necesaria para escribir esta entrada, y quien ha redactado parte de la misma.

No he podido llorar más con esta entrada... cuanta verdad. Ojalá llegué el día en que toda esta barbarie deje de hacerse y España deje de ser un país sanguinario y vergonzoso.
ResponderEliminarGracias por tus palabras... :( Espero poder vivir el fin de esta fiesta vergonzosa, aunque aún nos queda mucho camino. Un saludo.
EliminarGracias...
ResponderEliminarSoy amante de los animales, lloro porque podemos ver su tristeza, su desgracia! No es justo que mientras unos pobres animales sufren de una manera tan cruel, para unas personas sea una fiesta. Cuando a un torero le hieren , al toro lo matan ¿por que no pasa lo mismo cuando hieren a un toro? ESTO TIENE QUE ACABAR
ResponderEliminarMe ha encantado este articulo, porque me hace ver que aun hay esperanza para estos pobres animales :') GRACIAS
Normalmente, cuando no sabes de algo lo mejor es callarse. Gracias a Dios tú no lo has hecho y así nos podemos reír abiertamente de tu ignorancia.
ResponderEliminar