miércoles, 13 de marzo de 2013

Young innocence (II). Descubriéndome.

Me desperté de un salto y miré el despertador con la respiración entrecortada.
- ¡Mierda, me he dormido! Joder, joder...
Eran las 11:48 y aún tenía que arreglarme y conducir hasta la universidad. No me daba tiempo, seguro. Las clases de inglés comenzaban a las 12, así que ya podía darme prisa. Comencé a vestirme rápidamente, mientras le escribía un mensaje a Alejandra.

"Alex, llegaré tarde. Cógeme un sitio a tu lado. Besos."

Mientras me terminaba de arreglar mi imaginación comenzó a volar, pensando en cómo vendría hoy Ainhoa a clase. Seguramente iría tan guapa como el miércoles, con su media melena oscura suelta y vistiendo de manera informal. Realmente estaba nerviosa, tendría que entrar al aula con la clase ya empezada. ¡Qué vergüenza!

De camino a la universidad Alejandra me contestó al mensaje.

"La guiri cabrona ha preguntado por ti. 
Le he dicho que tú y la puntualidad no sois buenos amigos, jaja. Es broma, ¡hasta ahora!

Vale, había sido una broma, pero Ainhoa iba a pensar que sus clases no me interesaban lo más mínimo, y eso es lo último que me gustaría que pensara.

Al llegar al pasillo donde estaba el aula de inglés, observé que la puerta seguía abierta y no se intuía que dentro estuvieran dando clase. Todos hablaban entre ellos y se escuchaba un rumor bastante alto. Miré mi reloj: las 12:13. Increíble que hubiera tardado tan poco en llegar. Cuando llegué a la puerta del aula me asomé, como pidiendo permiso para entrar, pero no vi a Ainhoa por ningún sitio. Alejandra me saludó desde el fondo de la clase.
- Laura, ¡aquí! - Me gritó alzando su brazo.
¿En la última fila? No me gustaba estar tan lejos.
- ¿Entras? - Noté que alguien me agarraba por detrás, empujándome suavemente hacia dentro del aula. - Veo que hoy hemos llegado tarde las dos, jaja.
- Oh, perdona. - Le contesté.
- Don't worry! - Me contestó esbozando una sonrisa.
Sí, era ella. Ainhoa volvió a llegar tarde ese día. Poco importaba ya si me había cazado llegando tarde a mí también. Nuestros ojos se encontraron por primera vez en ese momento y su sonrisa había sido sólo para mí. 

Tras pasar unos segundos algo bloqueada, me dirigí hacia la mesa y tomé asiento junto a Alejandra.
- Al final te ha pillado llegando tarde. Te engañé con el mensaje. 
- No importa. - Le contesté tímidamente.
- ¿Te ha pasado algo? Estás blanca...
- No, no, es que acabo de levantarme y aún estoy medio dormida.
- Bueno, pues despierta, que la tía esta no da tregua.

Las siguientes dos horas fueron un auténtico despropósito para mí. No conseguía concentrarme en las clases ni en lo que explicaba Ainhoa. Mi cuerpo seguía allí, pero mi cabeza había volado hacia otro lugar. Intentaba prestar atención, pero era imposible. La forma que tenía de sonreír podía conmigo. Se le marcaban unos hoyuelos muy graciosos en las mejillas cada vez que hablaba y sus ojos desprendían mucha dulzura. En un momento dado, se me escapó una risa tímida.
- Venga ya, Laura, a ti te pasa algo. Estás en otro planeta. - Me dijo Alejandra.
- Joder, que no, es que me he acordado de un vídeo que vi anoche en internet.
- ¿Un vídeo de qué? Jajaja, siempre estás igual.
- Una caída en un plató. A uno del público se le cayó una cámara encima y... pues eso, jajaja. - A improvisación no hay quien me gane.
- Pues ya me lo pasarás. Pero ahora céntrate en esto, tonta. 
Ainhoa nos miró y nos hizo un gesto, llevándose su dedo índice a los labios, sin perder la sonrisa en ningún momento.
- Qué maja es, ¿no? - Le dije a Alejandra.
- Sí, mucho. - Me contestó con un gesto de resignación.
- Vale, ya me callo... 
Alejandra no entendía nada. Normal. Ella ni sabía que me gustaban las chicas ni creo que lo sospechara. Lo cierto es que casi nadie lo sabía.

Hace unos dos años me decidí a hablar con mi familia para contarles que me gustaban las chicas, pero no me fue muy bien. Estábamos todos en casa ese día, cosa poco habitual ya que mi padre trabaja fuera y casi nunca está con nosotros. Mi madre es la que siempre está con mi hermano y conmigo, y la que mejor nos conoce, pero creí conveniente hablar con los tres. Estaba completamente decidida a dar ese paso, así que después de cenar les pedí un momento para hablar con ellos. Nos sentamos en el salón y les dije que quería explicarles algo muy importante. Entonces, mi madre se levantó del sofá.
- ¿Algo muy importante? ¿Sobre qué? - Preguntó mi madre ligeramente alterada.
- Mamá, eso es lo que quiero contaros. Siéntate, anda.
- No, mejor me quedo de pie, no vaya a ser que me tenga que ir rápidamente.
- Joder, así no sé cómo quieres que os cuente nada.
Justo en ese momento comencé a llorar y me volví un manojo de nervios. Toda la valentía demostrada para dar ese paso se esfumó de golpe al ver a mi madre delante de mí, completamente indignada por algo que todavía no había dicho. Mi hermano no sabía hacia dónde mirar y mi padre hacía gestos con la cabeza como de no entender nada.
- Amalia, ¿a qué viene ponerse así? Si la niña no ha dicho nada aún. - Le dijo mi padre a mi madre.
- No, no ha dicho nada, pero es que ya sé por dónde va la cosa.
Mi padre se volvió hacia mí y me pidió que siguiera.
- Ya no sé qué decir... - Y rompí a llorar de nuevo. En ese momento no había nada ni nadie que me consolara.
- Hija, ¿es algo malo? - Me preguntó mi padre agarrándome de la mano.
- Yo creo que no, pero no lo vais a entender. - Le contesté.
- ¿No será que piensas que te gustan las mujeres? Porque estás hecha un lío, Laura... estás hecha un lío. - Me dijo mi madre cada vez más alterada. 
Mi madre debía tener una leve sospecha de que se trataba de eso debido a que yo nunca había tenido novio y a que jamás le había hablado de ningún chico. Siempre se dice que una madre lo sabe todo, pero esto es lo último que ella querría saber de su hija pequeña.
- ¡Sí! ¡Ya lo sabes! ¡Pero mírate, es imposible hablar contigo! - Le contesté gritando.
- Eso son tonterías. Estarás confundida... - Seguía diciendo sin dejar de moverse de un lado para otro.
- A ver si la confundida vas a ser tú. 
En ese momento me levanté del sofá y me fui hacia mi cuarto, de donde no salí en toda la noche. Mi padre y mi hermano vinieron a preguntarme cómo estaba, pero no quise hablar con nadie. Después escuché cómo discutían entre ellos, pero no quería saber nada más y comencé a escuchar música para distraerme. Tras ese incidente, en mi casa no se volvió a hablar de ese tema. Realmente yo ya había salido del armario ante mi familia. Otra cosa es que ellos me tomaran en serio. 

A los días de aquéllo hablé con mi amigo Samuel, un chico con el que tengo una relación estupenda desde hace años, para explicarle lo que me había pasado con mi familia. Creía que, después de haber intentado dar ese paso ante ellos, ahora le tocaba a él conocer mi pequeño secreto. A Samuel lo conocí en el colegio, así que se puede decir que llevo toda la vida con él. Es muy divertido, sarcástico y siempre estamos riéndonos. Nos llevamos realmente bien, pero nunca habíamos hablado de sentimientos... hasta ese momento.
- Samuel, el otro día me pasó algo con mis padres. No sé cómo decírtelo...
- ¿Les dijiste que te he preñado? Jajaja.
- No, es en serio. Les conté una cosa mía y mi madre... Uff, no sabes cómo se puso.
- ¿El qué? ¿Que te van las tías?
- Joder, ¿tanto se me nota? 
- Tanto como se me nota a mí, supongo...

Samuel ha sido desde entonces la única persona con la que he hablado abiertamente de todo, pero lo que tenía que contarle esta vez nunca antes se lo había contado. Estaba deseando quedar con él para hablarle de Ainhoa.

La clase finalizó y Ainhoa se despidió hasta el miércoles. Yo me quedé sentada, mirándola, mientras ella recogía su mesa y guardaba sus objetos personales en su bolso. De repente Ainhoa levantó la cabeza y miró hacia la clase, dándose cuenta de que yo aún seguía sentada. Me dedicó una sonrisa y continuó recogiendo sus cosas.
- Laura, ¿vamos? - Me preguntó Alejandra.
- Sí, claro. Qué ganas de fin de semana.
La realidad es que de lo único que tenía ganas era de seguir allí, mirando a Ainhoa y disfrutando de sus sonrisas. Necesitaba conocer más de ella, saber qué le gustaba, averiguar de dónde era... Y hablar de ello con Samuel. El fin de semana lo tendría que dedicar a conocerla un poco más, ¿pero cómo?

2 comentarios:

  1. NO HAY UNA TERCERA PARTE? LAHSKANSJFKSJSK

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    1. Sí que hay! Hay 7 capítulos y todos están publicados en mi blog ;)

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